Muertos vivos o vivos muertos

Lecturas

Noé Guerra

Muy de acuerdo con estos días de feria, de este festejo profano-religioso que honra a los difuntos y nos reúne a la mayoría de los colimenses, se obliga a hablar en plena víspera electoral de lo que un día sí y otro también, por rumbos de La Estancia, principalmente en la zona de comederos, habremos de ver, encontrar y hasta “casualmente” ser saludados con sonrisa, abrazo (al fin que valdrá la pena, dirán los aludidos) por las y los presuntos vivos, de todos colores y filiaciones incluidos los “neo-ciudadanos”, que le tiran desde al huesito municipal hasta al mero grande y los otros apetecibles huesos de próxima repartición.

De mesa en mesa, derrochando gusto y otros brindando con sonrisa de oreja a oreja, despacharán abrazos y hasta besos sin distingo ni aversión, todos los votos cuentan y más de alguno se atreverá, si sus finanzas lo permiten o con el empeño de su alma al diablo, a invitar coleros jala-aplausos, líderes habilitados o periodistas de temporada, para el caso es lo mismo, quienes, estos últimos, a cambio de su futura benevolencia estarán más que dispuestos a hacerles el caldo gordo aplaudiéndoles las “simpáticas ocurrencias” y, de paso, si es necesario, les presentarán ante el “honorable ciudadano”, ese que en su vida ni hacen y que pronto borrarán. Así andarán hasta que a “los muertos vivos” su pasado los alcance y a los otros, a “los vivos muertos”, su presente los detenga.

De los primeros, de “los muertos vivos”, cabe apuntar que el ser humano es impredecible y es que no sé a qué se atienen pero no se entiende, al menos yo no lo entiendo, cómo algunos de los enlistados sabiendo que ni elegibles son ahí siguen ahí andan como si nada buscando la foto, la nota y repartiendo promesas; y no es ocurrencia, en este momento legalmente no pueden ser ni aspirantes, pues ante la eventualidad de su candidatura no podrían ser electos, no en apego a la norma electoral, no ajustados a la Constitución, no por sus prácticas; es más, por lo menos hay dos de entre todos ellos y de al menos dos partidos políticos diferentes que, a estas alturas, literalmente resultan impresentables dada su condición y perfil público y, por supuesto, ante las circunstancias contextuales de Colima para esta elección que se avecina.

Respecto a “los vivos muertos”, primero tendrían que preguntarse, en un ejercicio honesto de verdadero autoanálisis (si no es mucho pedir), sopesando sus acciones, asumiendo sus lealtades, valorando sus capacidades y palpando su nivel de aceptación y rentabilidad reales no lo aparente, no lo que circunstancialmente les puso donde están, no lo que se creen y con lo que engañan sorprendiendo y hasta asustando a más de uno para despacharse con la cuchara grande como lo han hecho, exigiendo y obteniendo posiciones, demandando y gozando de privilegios y reclamando inmerecidas canonjías, si realmente pudiera haber alguien que a estas alturas, luego del fútil triunfo o arreglo oscurísimo que les puso donde están, les daría su respaldo en las urnas.

Capítulo aparte merecen los otros muertos, los insepultos, esos de todos los partidos, esos que cayeron en la desgracia política, esos mismos que renuncian a sus oportunistas filiaciones y hoy se asumen “ciudadanos”, esos del pasado que al perder elecciones, al malgastar la confianza de sus benefactores o haber tirado el supuesto prestigio personal que les sostenía quedaron ahí, víctimas de su circunstancia con la punzada latente, con la frustración golpeándoles, comiéndose su soberbia y paradójicamente caminando sólo para eso, la venganza, para sacarse la espina sintiéndose como se sienten, indispensables, únicos, insustituibles, los mejores donde vayan y donde se pongan.

Así es que en estos días si van a los comederos, que no restaurantes de la feria, es mejor que se preparen, que se dispongan a recibir el apapacho casual, la lisonja gratuita con los típicos “¿Cómo has estado?” “¡Qué gusto me da verte!” “¿Dónde te has metido?” “¡Háblame!”, y el “A ver cuándo nos reunimos”, sin faltar el “¡Luego te busco!”, sólo por si se ofreciera, al cabo estamos de feria y es la de Todos los Santos, incluidos los inocentes.

 

RECADITO

A nombre de todos los encandilados por las patrullas policiacas que sin motivo aparente transitan en la noche con “torretas” encendidas, muchas gracias por haber empezado a aplicar su sentido común evitando hacerlo sin necesidad.

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