Somos culpables de tantas desviaciones

Antonio Flores Galicia

Cuánto hablamos, culpamos y nos disculpamos, de tanta desorientación social a la que hemos llegado. Se necesita que actuemos como dicen los campesinos, “agarrando al toro por los cuernos”. Con la actitud que se tiene, seguiremos como les sucedió a todos los reinos e imperios del pasado; cada día estaremos peores, los humanos somos los responsables: “Yo fui el arquitecto de mi propio destino”. En asuntos sociales lo difícil es controlar a la masa, formada por personas libres.

Aunque no crean muchos en Cristo, vamos tomando en cuenta su actuación y sus palabras. Cuando leemos documentos, nos damos cuenta de errores y desviaciones, la diferencia entre lo que nos quiso decir y lo que interpretamos. Cristo invirtió la lógica de la violencia. La derrotó. Pero sigue dominando en las relaciones humanas, los poderosos contra los débiles, padres e hijos, esposo y esposa. Se necesita comprender a las personas y a las instituciones que luchan contra la violencia, hacer desistir al hombre de sus hostilidades.

La violencia es un residuo arcaico, una reacción de estadios primitivos, de un retroceso culpable y escandaloso en la toma de conciencia. En casi todo se culpa grandemente con mitos antiguos: a la víctima, nunca a la causa; preocupan el vencido y el verdugo. Cristo demostró que la victoria está, no en hacer víctimas, sino en hacerse víctima. El valor moderno es la defensa de las víctimas, de los débiles, de la vida amenazada, del acusado. Esto termina exaltando al fuerte y poderoso. Veamos lo que se tiene cuando terminan las guerras, cuando se aclaran acusaciones: los que lucharon tomaron el poder, ya no sufren, pero continúa la pobreza, el sufrimiento y desequilibrio social. Vencieron y ganaron muchos, pero la sociedad continúa muchas veces peor, esperando otro movimiento, para ver cuánto mejoran. Muchas víctimas ya no lo son, pero son otros.

La cultura actual condena la violencia bajo un aspecto, pero por otro la favorece y exalta. Se rasgan las vestiduras frente a ciertos actos de sangre, pero no se dan cuenta de que se prepara el terreno con lo que se anuncia en los periódicos y televisión. Cuántas veces el combate a la violencia trae ingresos fuertes económicos a los jueces. ¿Por qué hace 15 años se inició el combate y castigo de la pederastia, siendo que existen mayores culpas en los que dicen combatir esa maldad? Todo inició en Estados Unidos, cuando se dieron cuenta los jueces y licenciados que podían quitar mucho dinero al Vaticano, a los obispos y sacerdotes. Los licenciados preparan juicios y acusaciones a jueces, compran víctimas, padres de familia y familias, “buscando el bien”; acusan y obtienen dinero, descuidan otras maldades demasiado graves, pero esas no les darían. No se combate el caso de hasta miles de embarazos y abortos de jóvenes entre 13 y 17 años en sólo un municipio. Qué mal está el aspecto de la vida matrimonial, la formación en católicos y otras religiones. Abundan la mentira y ambición, el orgullo y la avaricia, la maldad, el desequilibrio. Allí está lo que digo, que el control social está mal.

Es fuerte la violencia contra la mujer; los divorcios cuánto mal traen, los abortos son matar, los centros de salud cuánto buscan economía, etc. Hoy ocupamos pedir perdón por tanto mal que se tiene en la sociedad. Casi una mitad de la humanidad necesita pedir perdón. Pidan perdón los hombres a las mujeres, el gobierno a los ciudadanos, los maestros y educadores. Cuánta muerte y maldad nos dan diariamente los periódicos y la televisión. Urge reconocer de qué somos culpables, cada uno y qué actuación se ocupa en nuestro entrono. Comentarios y acusaciones a nada bueno conducen.

Todos nos equivocamos. Pero cuánto bueno vendrá si reconocemos nuestros propios errores. Ejemplo, cuánto bien social se tendría si se terminara tanta desviación social que traen los divorcios: actualmente, en vez de quitarlos, se promueven y aconsejan, con tal de pagar lo que se pide; qué trato se da a la mujer después del adulterio, ¿y el hombre? Qué apegados vivimos a nuestros gustos; nuestras interpretaciones sociales son convenencieras. Criticamos la desviación de la juventud y no aceptamos que todo nació con la destrucción de los hogares con los divorcios. ¿Mejorarán las cosas con matrimonios de hombre con hombre y mujer con mujer, con no controlar el bullying, poner de gobernantes a los que no estudiaron y ni a su familia pueden gobernar, con descuidar la realidad y preocuparse por la conveniencia? Eso de darles puestos a los que defienden y ocultan maldades de sus superiores.

Somos protagonistas de la sociedad. La iglesia no es para hacer ricos a los dirigentes, los gobernantes no son para que aumente su capital, son para equilibrar actuaciones sociales. Tenemos mucho que quitar en el campo del crimen, secuestros, maldades al prójimo. La hipocresía social alimenta la prepotencia. Cuánto nos preocupa la maldad del otro y olvidamos la propia. Cuando la mujer adúltera, Cristo le dijo: “¿Nadie te ha condenado? Tampoco yo”, y aquello: “El que esté sin pecado, que arroje la primera piedra”. Cuánta maldad podemos publicar cada día y qué pocas personas buscan el bien de todos. Los delatores viven buscando maldades para publicarlas y no corrigen sus peores errores.

Acabemos con tantas violaciones y delaciones, malos tratos y humillaciones, violencia y sufrimiento, desequilibrio de la conducta. Cuánta ambición y orgullo. Qué actitudes tan groseras se tienen para aumentar el capital, obtener mejores puestos, cubrir las propias maldades. Somos responsables, y si no cambiamos de conducta cada día aumentará el desequilibrio social.

Comentarios

Notas Relacionadas