Crisis social de México y las fallas de origen

La actual crisis social que enfrenta nuestro país expresado en el clima de violencia, de inseguridad, con elevados índices de delincuencia, insensibilidad y de continuo vandalismo por parte de grupos sociales, especialmente jóvenes, que escondidos tras una capucha no sólo alteran el orden, sino que causan graves daños patrimoniales al estado, a la sociedad y a los particulares, tiene su origen en muchas fallas del sistema educativo nacional y del modelo de desarrollo social que se ha olvida de la niñez, sobre todo en la llamada primera infancia.

Estudios realizados por la asociación Mexicanos Primero, complementados con datos del INEGI, revelan que un altísimo porcentaje de niños de cero a seis años no reciben la atención elemental para cimentar con solidez su pleno desarrollo en lo físico, mental e intelectual, al grado de que incluso haya un 18 por ciento de menores de seis años que no tengan registro en la mayoría de los estados del país, problema que se agrava más en entidades como Veracruz, Oaxaca y Chiapas, donde se eleva hasta un 44 por ciento.

En nuestro país es muy lamentable que ni el gobierno ni la sociedad en su conjunto, incluyendo padres de familia, no hayan tomado conciencia de la importancia que tiene la educación en la primera infancia, de ahí que México sea calificado por los organismos internacionales con cinco en cuanto a cumplir con los derechos de los niños, ello sin tomar en cuenta que más de la mitad de esa población de menores vive en condiciones de pobreza.

Como consecuencia de esto, uno de cada siete niños está desnutrido y de ellos uno de cada tres son niños indígenas, lo que muestra el grado de injusticia y desigualdad que priva en nuestro país, y se tiene entonces que el 38 por ciento de los niños de cero a dos años padecen anemia, a lo que se agrega el hecho de que sólo el 14 por ciento de los niños son alimentados con leche materna, lo que indica el desapego de los propios padres de familia para atender a los hijos esta etapa de la niñez.

Ahora con la nueva Ley de Protección de los Niños, Niñas y Adolescentes, es de esperar que se atiendan de manera más efectiva las necesidades de la infancia, pues lo que es inaudito, es que cada dos días muera un niño menor de cuatro años por homicidio y hasta ahora no haya una instancia oficial que regule de manera efectiva los derechos de este sector de la población, como tampoco existan instancias adecuadas para realizar, de manera sistematizada, el cuidado de los infantes.

El estudio realizado por Mexicanos Primero indica que si bien ocho de cada diez mamás cuidan a sus hijos, la mayoría de ellas no cuentan con los recursos suficientes para atender adecuadamente a los recién nacidos, comenzando por el hecho de que el 50 por ciento de esas madres, no tienen la educación secundaria terminada y para colmo, el 75 por ciento de esas mujeres, no tienen seguridad social garantizada, en consecuencia, no tienen la capacidad, los apoyos y ni el conocimiento básico para atender a los niños con un enfoque educativo y de formación, desaprovechándose, o lo que es peor, desorientando la capacidad natural de desarrollo y aprendizaje que se tiene a esa edad.

Es muy lamentable que el gobierno mexicano no canalice recursos suficientes para el tema de la educación inicial, y más grave aún que ni los padres de familia ni la sociedad civil organizada, tomen conciencia de esta situación para involucrarse más en el tema de la educación temprana con programas y acciones adecuadamente orientadas al desarrollo integral de esos individuos, lo que da como consecuencia todas las fallas que luego dan origen a la deficiencia educativa en los niveles de educación básica.

Bajo esta perspectiva, no es de extrañar que nuestro México viva hoy una grave crisis social, complicada por intereses políticos y la influencia de grupos de poder que aprovechan las debilidades de esta gran masa para manipularla a su antojo, y que la propia delincuencia encuentre un campo fértil para operar, pues para colmo, esta debilidad social se refleja en las propias instituciones del estado incapaces de hacer valer el estado de derecho para frenar la corrupción y que siga imperando la impunidad. La pregunta es: ¿Habremos de esperar a tocar fondo para actuar como se debe?

Guillermo Montelón Nava

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