Diciembre, mes de informes

Mitos y Mitotes

Florencio Llamas Acosta

La democracia representativa que distingue a nuestro sistema político exige, en estos tiempos, que la relación entre representante y representado sea más estrecha y continua, por lo que requiere un esquema que permita el intercambio de información y comunicación entre ambos, de forma cercana, fluida y eficaz.

No perdamos de vista que el ciudadano colimense ha dejado de ser un ente pasivo e indiferente a la vida pública, hoy es más activo y reclama no sólo sentirse parte sino ser parte y formar parte de las decisiones de los asuntos públicos y de la acción de gobierno, por el otro lado, ante un sistema político-electoral más competitivo, el representante popular requiere aceptación y reconocimiento de su gestión legislativa o de gobierno por parte de los electores para continuar con la carrera política ascendente, y ello puede ser posible si sabe comunicar los beneficios de su función.

Sin embargo, el grado de información que tiene la población de la entidad respecto al desempeño de los representantes populares es escasa y difusa, pues la información es poca y los canales insuficientes, por ello la gente poco sabe de lo que hacen en su beneficio con el uso del ejercicio público y, de igual forma, los representantes no conocen las necesidades y demandas de los distintos sectores de la población, por falta de una estrategia de consulta ciudadana y un esquema de comunicación política que capte las inquietudes de los ciudadanos e informe de forma clara y puntual lo que hacen los representantes populares. Este es uno de los factores que provocan que un número importante de ciudadanos no se sientan ni atendidos ni bien representados.

Ante el distanciamiento y la escasa presencia de los actores políticos en la población, y ante la cercanía de las próximas elecciones, motivados por el interés de alcanzar otro cargo público, utilizan el pretexto de informar a los ciudadanos sobre su desempeño legislativo o gubernamental para resarcir esta deficiencia, presentando ostentosos informes y buscando atraer la atención de la opinión pública.

En el caso de los ayuntamientos, la Ley del Municipio Libre establece en el artículo 47 que es obligación de los alcaldes en el inciso “j) Rendir al ayuntamiento, en sesión solemne, un informe por escrito de su gestión administrativa, el cual se verificará en la segunda quincena del mes de diciembre de cada año”; por lo tanto, apegados a la ley, el alcalde sólo debe presentar un documento por escrito ante el síndico y regidores en sesión solemne, sin necesidad de desplegar una estrategia de marketing ni gastar tanto dinero en publicidad y propaganda.

En política siempre se ha dicho: ‘lo que parece es…’ y pues los informes no son una rendición de cuentas ni un ejercicio de transparencia, pues la rendición de cuentas y la transparencia debe ser una característica permanente del ejercicio del poder público y de la representación popular, por lo tanto la difusión de los informes parecen más campañas de promoción personal con fines electorales de los representantes populares, léase senadoras, diputados federales y locales y presidentes y presidentas municipales, no es casualidad que el estado se encuentre tapizado de propaganda que anuncia los segundos informes, tanto legislativos o de gobierno.

Por lo tanto, los informes más que ser un ejercicio democrático de rendición de cuentas hacia la población que gobiernan y representan son una estrategia de marketing para promocionar las aspiraciones y un buen pretexto para que su imagen pueda hacer visible en el espacio público. ¿O usted como lo piensa?

*Maestro en Ciencia Política y Administración Pública. Catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Colima.

Correo electrónico: sociopolitologo@gmail.com

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