Homilía: “Enderecen sus senderos”

Antonio Flores Galicia

Hoy se nos pide que tengamos metas precisas, que andemos correctamente por sendas que nos conduzcan al progreso y felicidad. Muchos hemos elegido el catolicismo. Lástima que frecuentemente se escucha: “Yo soy católico, pero no me gusta ir a misa, menos confesarme y comulgar”. Cuántas personas enumeran las cosas que no les gustan, a templos y sacerdotes. Ciertamente hay defectos, pero nada se arregla con delaciones o separaciones.

Muchas expresiones proceden de gente mal intencionada, a la que le conviene desprestigiar a los católicos. Existen falsos intereses políticos y económicos, se tiene ignorancia y venganza. Otras críticas y desviaciones, proceden de personas que se llaman “católicas” porque saben que un día las bautizaron, pero desde niños han tenido una vida de no creyentes, no han practicado su religión católica, por descuido de sus padres o porque no se prepararon para recibir los sacramentos de la Iglesia. Han tenido vida de “no creyentes”, no conocen ni han practicado las normas del católico.

También, se tienen personas que medio saben y medio practican su religión y no han entendido qué es ser realmente católico, ni se dan cuenta de gravísimas contradicciones en que incurren cuando se llaman católicos y niegan verdades por su poca preparación o porque los han comprometido en otras sectas religiosas.

Ser católico, implica aceptar de corazón las verdades reveladas por Dios, que se contienen en la Biblia aprobada por la iglesia católica. Es reconocer y aceptar la Iglesia que tenemos conforme a la doctrina de Cristo, quien vino al mundo para señalarnos desviaciones que debíamos quitar y cómo practicar las verdades religiosas. Ser católico, es aceptar y recibir los medios de salvación que nos dio Jesucristo, para purificarnos y fortalecernos espiritualmente con los siete Sacramentos de la Iglesia y las siete Desviaciones que se llaman pecados; se tienen los medios de oración e instrucción. Ser católico es tener y demostrar verdades, señalar instrumentos de salvación, pensando en la materia que se acaba para cada uno, y lo espiritual que nos llevamos.

No digo que cerremos los ojos a nuestras desviaciones, debido a nuestra debilidad humana. Quitemos lo malo y pongamos el mayor bien posible. Quitemos esa gran preocupación que exista de estar juzgando a los demás, sin ver los propios errores. Eso de: “Ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga que tenemos en nuestros ojos”.

Todos los bautizados somos la Iglesia del Señor, el pueblo elegido de Dios, la nación consagrada. Por eso somos responsables de nuestra actuación y debemos actuar dando ayuda a los más que podamos. Digamos: “¿Qué le daré al Señor, por todo el bien que me ha hecho?”.

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