Algo de la Ciencia Antigua I

Antonio Flores Galicia

En los años 3200 antes de Cristo, en Sumer, tenían lo que citaré. En lo que hoy llamamos vieja Mesopotamia. Los hombres no descendían del mono, eran diferentes hombre y mujer, pero se ocupaba la unión de ambos y eran responsables de sus engendros hasta hacerlos grandes como ellos. Eran cosa distinta materia y espíritu; había poderes espirituales, buscaban ayuda del dios en que creían; buscaban poder, grandeza, dominio. Algunos dirán: “Es cosa del pasado, hemos avanzado”. Dilo, demuéstralo.

Dios era una fuerza espiritual, superior a la de la materia y del hombre; esto se creía desde milenios atrás. Descubrieron la necesidad de dominar con lo espiritual la materia; vieron la fuerza del espíritu y se dieron cuenta de la fuerza que les daban sus dioses: les pedían ayuda, buscaban estar bien con ellos, los tenían por seres superiores y necesarios. Materia y espíritu, actuación de los dioses y el hombre.

Mucho se ha descubierto al traducir, investigar y tratar de entender lo que se dice en el poema Gilgamesh. Veamos la diferencia científica de cientos de religiones que actualmente están apareciendo: dan dinero, evaden impuestos en algunos países, se hacen grupos, llegan a grandes los fundadores; hasta sacerdotes se hacen ellos mismos pontífices, obispos y santos milagrosos. Aprovechan que en la sociedad se han descuidado la verdad y la ciencia, ha crecido la egolatría. Culpables son los seguidores.

Abundan los inteligentes que dominan la ignorancia y el descuido del pueblo, como abundan los que no han estudiado y el descuido de los responsables de enseñar, pensando en el dinero y la fama. Acaba de enviar el Papa Francisco una comunicación (terrible) a los obispos y sacerdotes actuales, totalmente desviados de lo que deben ser. Me alegré al escuchar, porque me ha ido mal cuando eso digo. Cómo me fue cuando en una reunión de 160 sacerdotes y un obispo, en la que se podía hablar y opinar, grité micrófono en mano: “Hicimos una Iglesia de la Edad Media”. Nadie negó ni aplaudió.

Hay trastornos. En diferentes lugares y tiempo, ancianitas me han dicho de su actuación en reuniones de miles de personas, en las que les gritan: “¡¡¡Cristo!!! ¡¡¡Ven Espíritu Santo!!!”. Les pagaron y prepararon para que gritaran, en la gradería: “Estoy curada. El Espíritu Santo me curó”. Miles de personas afirmaban la verdad del milagro y la verdad que se estaba predicando. Por supuesto, para gloria de Dios entra dinerito. Cuidado. La verdad está detrás de mucho.

Cristo vino a decirnos cómo viviéramos en el campo espiritual, qué quitáramos y qué hiciéramos. Eso es lo que importa. No vino a fundar religiones. Desde que existe la vida se tiene lo que conviene y lo que no, inteligencia y libertad de la persona. Dios nos dice: “Soy Cristo, soy Dios; al humano, dominen, sometan”. Dios es eterno y poderoso, principio, fin, fuerza.

Todo eso creían en los años 3500 ante de la hechura de la Biblia Cristiana. Gilgamesh, fue el único hombre que penetró el NAGBA, eran las fuentes del APSÚ, abismo del agua subterránea, morada de EA. Muchos han traducido la palabra NAGBA como anuncio de que UTANAPISHTIM, es el lugar donde NOÉ, el babilonio, allí realizó lo que se dice actualmente del Diluvio; según el Gilgamesh, es la angustia por la muerte, sin la obtención de la planta de la juventud.

El poema nos pone que Gilgamesh penetro al APSÚ, buscando a los pecadores para burlarse de ellos, en sus fuentes del NAGBA, donde moraba EA, el dios de la sabiduría y del abismo, señor del APSÚ y la totalidad era NAGBÚ. En las fuentes del NAGBA, estaba el lugar de UTNAPISHTIM, donde NOÉ, el babilonio, forma parte de la historia del Diluvio. Bien, no me importa que me entiendas, lo urgente es tener presente que tengamos cuidado al actuar, opinar o enseñar. Urge dominar, y para los que se preocupan por la Biblia y la utilizan deben saber que ante un escrito se debe tener en cuenta: qué me quieren decir las palabras, qué quiso entregar el autor, en qué idioma, tiempo y lugar en que fue escrito, qué significaban en ese lugar y tiempo las expresiones que se me dan, etc. Cuánta tontera se da.

Por eso me río de mucho que leo y escucho, verdaderas mentiras, y me apena que tantos les crean.

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