Entre la Escuadra y el Compás: El silencio

Por: Roberto Godínez Soto

“En el principio existía el Verbo…”

Juan 1:1

Antes del Verbo existía el silencio, y una cualidad de un hombre virtuoso es el silencio, ya que para conocernos nosotros mismos debemos de practicar la virtud del silencio.

El silencio es fundamental para llevar a cabo el ejercicio de meditación y análisis de nuestro Ser y Hacer.

El estar en silencio nos permite escuchar realmente a otras personas, el ruido de los pájaros, el correr del agua, a la pareja, a los hijos, a los amigos, en fin, saber escuchar es lo que nos permite el silencio, y debemos retornar constantemente para ahondar en la significación de los misterios de la vida. En el silencio solitario de nuestros corazones que es donde descubrimos las grandes experiencias de la vida y del amor.

“Cuando el corazón está en silencio la inspiración aparece y la visión se aclara. En el desvelo silencioso de la noche, en la calma del desierto, en las cumbres solitarias de las montañas, en el sosiego de los bosques y bajo el plateado dosel de las estrellas las pasiones se debilitan, la iluminación emana de la mente, el corazón se hincha y el espíritu adquiere alas para remontarse al cielo”[1]

El silencio es más elocuente que el lenguaje, ya que la mayoría de las veces hablamos solo por hablar, sin sustento y muchas de las veces para criticar o difundir algún chisme, por lo cual debemos aplicar el triple filtro que decía el sabio Sócrates:

“Cuentan que un día un conocido se encontró con el filósofo y le dijo:

—Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír acerca de un amigo tuyo?

—Espera un momento —replicó Sócrates—. Antes de continuar me gustaría que pasaras un pequeño test a lo que vas a decir. Lo llamo el triple filtro.

— ¿El triple filtro?

—Eso es. Antes de que digas nada sobre mi amigo puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que me vas a decir. El primer filtro es el de la verdad. ¿Estás completamente seguro de que lo que me vas a decir es verdad?

—No —respondió el otro—. Solamente acabo de escucharlo…

—Está bien —dijo Sócrates—. Entonces no sabes si es cierto o no. Ahora el segundo filtro, el de la bondad. ¿Es acaso bueno lo que vas a decir sobre mi amigo?

—No, más bien todo lo contrario.

—Así que lo que me vas a decir es malo, y realmente no sabes si es cierto. Bien, todavía queda el filtro de la utilidad. Lo que me vas a contar sobre mi amigo, ¿es útil para mí?

—No, probablemente no.

—Bien —continuó Sócrates—. Desconoces la veracidad de lo que me quieres decir. Además es malo e inútil. ¿Entonces para qué quieres contármelo?”[2]

 

Según una ley oculta, la charla innecesaria y excesiva representa un gran derroche de energía.

Para encontrar nuestro Yo interno, hagamos parte de nuestra vida el Silencio, solo así comprenderemos a nuestro prójimo y a nosotros mismos.

[1] Arthur Powell. Trazado. Pág. 47.

[2] Circula por ahí una historia sobre Sócrates, el antiguo sabio griego. Al margen de que esta historia sea cierta o no.

 

Imagen de www.huffingtonpost.es

Comentarios

Notas Relacionadas