No era Pito Pérez

“Tuve amigos que me buscaron en sus días de hambre, y me desconocieron sus horas de abundancia”. Pito Pérez

En el cuarto donde pasó los últimos meses hay un par de fotografías de su juventud, en una de ellas aparece con sus amigos de toda la vida, de la infancia a la tumba: Miguel Santana y Jorge, La Pepsicola. La otra es un retrato en el que su rostro aguileño muestra a un hombre en sus veintes, el cabello renegrido que nunca vistió canas, se adivina la convicción en su mirada, hay cierta terquedad que raya en la ingenuidad de ese hombre, pero en él siempre pudo más la nobleza, cercano al poder y contrario a sus formas de operar. A diferencia de muchos, el Lic. Romero sí sabía dar paso sin huarache.

En vida compartió el nombre con ese otro José Rubén Romero, aquel que escribiera Memorias de un lugareño y el famoso Pito Pérez. Estoy seguro que al igual que el personaje, mi Lic. Romero paseaba las ideas, era un peripatético, pues. Animal de costumbres, por las tardes solía aventarse “la olímpica”, como él la llamaba, a recorrer los caminos vecinales en cualquier dirección, El Alpuyeque, Cardona, Aguazarca, Madrid, Buenavista, así, sin orden. Esa forma de operar, el caminar las ideas debió ser por su formación, abogado especialista en derecho agrario, y no cualquier especialista de academia, especialista en los hechos y la práctica.

Los meses postreros conversamos de su vida, su trayectoria profesional, la política que hizo desde la sombra, no era un hombre de reflectores, porque eso exige ser mendicante y a él ser pedigüeño no le acomodaba. Su primer trabajo profesional fue en las arcas del Gobierno estatal, por allá de finales de los 60, cuando don Pablo Silva ejerció la Gubernatura. Ocupó entonces el cargo de Agente del Ministerio Público, fungió también como Juez Ejecutor en un Juzgado de lo Civil, siendo después Actuario en un Juzgado de Distrito, finalmente se desempeñaría como Subdelegado Agrario.

En estos puestos no duraría más de un par de años, porque al buen licenciado le apasionaba el litigio, derrotero por el cual encaminó su trayectoria. No obstante, estuvo al pie de las instituciones, siempre dando consejos, asesorando a los mandamases. Ya que al licenciado Romero se le estima como el mejor litigante en la rama del derecho agrario dentro del estado de Colima. Quién se atrevería a dudarlo.

Su formación más que profesional, de vida, lo llevó al despacho del licenciado José Francisco Yáñez Centeno, otro hombre que es institución para aquellos versados en derecho en este “remanso de paz” llamado Colima. Al igual que la presencia y el consejo constante del licenciado Chuy Magallón, siempre fiel al buen Rubito, porque Romeroero, tuvo varios apodos.

De esa lista de motes hay uno muy particular El Burro Romero, burrito, con el cual en más de una ocasión comentó la idea de escribir un libro: El rebuznar del burro, en el que plasmaría sus memorias, travesuras de infancia y juventud, así como su amplio conocimiento en temas variados e historia de la política del estado. No lo hizo. Pero de esa memoria muchos se supieron beneficiar, porque aún postrado daba consejos a los grupos de quienes fue pilar porque, a pesar de sus circunstancias, mi licenciado conservó lucidez. De ahí pienso que en esas madrugadas en que no podía dormir, sostenía diálogos con ese otro Rubén Romero, el que lo miraba desde el retrato. Sin duda, cierto tono de burla debe haber en esas miradas que se daban, porque hacia el final lo recuerdo con una mueca en los labios.

Socio fundador de la Barra de abogados y catedrático titular de la materia de Derecho Agrario en la Universidad de Colima por casi 30 años, asimismo en el estado no había otro litigante en agrario a quien acudieran gobernadores y gente poderosa para tratar asuntos de esas lides. Por sus clases desfilaron muchos dirigentes políticos, quienes en cuestiones de ética no supieron apreciar su nobleza y, por el contrario, vieron en ella un defecto.

Quienes fuimos cercanos a él sabemos de su desdén por la pompa, también del empeño que desde niño puso para alcanzar sus objetivos. Hubo en él cierta imagen de otro hombre: Atanasio Angulo, padre de su esposa Hazel Angulo García; recto y austero, de él siempre recordó algunas palabras duras sobre la condición humana y sus dobleces.

Al maestro, al litigante, las instituciones no han sabido dar el lugar que corresponde, el hombre lo tiene en nuestra memoria. El silencio institucional siempre hace mella en aquellos que son institucionalistas a su manera, es decir, sin bajar la cabeza. Errático sí, pero firme. Por eso hago hincapié en esa mueca postrera.

De ahí que cualquier homenaje resulte vano a estas alturas, más que las palabras lo que resta es memoria, Rubén Romero se arrulló en el palmar como reza la canción que mucho le gustaba pedir a trovadores. Amante de la pesca y de la caza, buen bebedor de cerveza, malo para comer, bueno para dormir, tenía una capacidad mecanográfica que le envidiarían muchas secretarias.

Como todos los hombres fue contradictorio, necio, pero de esa necedad que tiene más que ver con la convicción que con la tontería, de vieja escuela, de lealtades afianzadas, aunque esto no siempre fuera correspondido, le hubiera gustado que esas virtudes no fueran tomadas como debilidades, porque era un hombre que confiaba en la buena fe de la gente, aunque más de una ocasión le mostraran lo contrario.

José Rubén Romero Cortés murió el pasado 15 de septiembre a las 10:45 de la mañana, le sobreviven su esposa, la señora María Hazel Angulo García, sus hijos: Ricardo Romero Angulo, José Rubén Romero Angulo y Edgar Milton Romero Angulo. En todos ellos hay algo del licenciado, un mucho de su generosidad y otro tanto de su terquedad. Quien escribe parte de estas líneas ha tenido la oportunidad de conocer a la familia Romero Angulo por cerca de 20 años, en gran medida forman parte de esas “itacas” personales, por eso el que ahora nos ocupa se merece un lugar en mi memoria, y con justeza me atrevo a mencionar en la de muchos más. Extiendo un abrazo a esa familia y un gracias y hasta siempre, mi querido licenciado.

 

Imagen de www.mexicoescultura.com

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