No bajar el monitoreo del Volcán de Colima, llama la UNAM

Infoecos/Colima

El centro de Geociencias de la UNAM alertó a no bajar o disminuir el monitoreo y estudio del Volcán de Fuego de Colima, que en apariencia ha disminuido en los últimos días su intensa actividad eruptiva y explosiva, iniciada el 30 de septiembre pasado

A finales de septiembre de este año, el Volcán de Colima, uno de los más activos en México, intensificó su actividad; ante este fenómeno, la vulcanóloga Lucía Capra Pedol, del Centro de Geociencias de la UNAM, explicó los posibles escenarios que pudiera tener el coloso de granito, entre ellos un escenario pliniano como el de 1913, “entonces sí sería una erupción muy grande”.

En entrevista con el periódico El Economista, la investigadora universitaria dijo que en julio del 2015 hubo una actividad muy importante con emplazamiento de corrientes piroclásticas, que son nubes con una temperatura promedio de 4500 grados que transportan gas y material sólido, éstas se dirigieron hacia el sur dejando un cráter abierto más abajo.

Dijo que la actividad típica de este volcán es que en su cima crecen domos y crecen tanto que la lava se desborda y empieza a colapsar, al hacerlo genera flujos piroclásticos: “las corrientes alcanzaron una distancia de 12 kilómetros, lo que la convirtió en actividad anómala que no se había observado en tiempos recientes. La última erupción de este volcán que afectó a la población fue en 1913”.

La especialista describió que después de este suceso, el volcán mantuvo un periodo de baja actividad, hasta el 26 de septiembre de este año que comenzó el crecimiento de un nuevo domo que el viernes 29 rebasó el borde, “eso provocó derrumbes y pequeños flujos piroclásticos asociados a una gran emisión de ceniza y vapor de agua”.

También dijo que por varias horas hubo columnas que alcanzaron hasta los 5 kilómetros de altura, así, los derrumbes (el material sólido) bajaron por la misma barranca hacia el sur, pero los vientos dispersaron la ceniza hacia el oeste, aunada a una lluvia muy ácida que provocó grandes daños en los cultivos, pues los quemó.

Explicó que cuando un volcán se encuentra en una etapa magmática de más volumen, aparte de la ceniza, hay muchos gases, generalmente de CO2, pero en el caso del volcán de Colima “hay más dióxido de azufre, que al hidratarse cuando llueve puede dar origen a lluvias ácidas que provocan daños sobre todo a los cultivos, además de irritación en los ojos y problemas de respiración”.

Con el antecedente del año pasado, muchos de los poblados cercanos al volcán decidieron desalojar, incluso antes de que Protección Civil anunciara las acciones, “a ellos les espantaba porque cuando hay mucha ceniza el cielo se oscurece y en pocos minutos pasas del día a la noche y ya no se puede manejar, ni salir del pueblo”.

La especialista explicó que la mayoría se fueron a más tardar el 30 de septiembre. Protección Civil junto con el ejército mandó camiones para desalojar por completo y llevarlos a un albergue cerca de Comala. Días después, las poblaciones regresaron a sus casas y la actividad ha bajado “aunque aún están en máxima alerta”.

ESCENARIOS

Capra añadió que en los días subsecuentes estará creciendo un derrame de lava con mucha incandescencia, “hay actividad efusiva con un emplazamiento de derrames de lava, derrumbes y pequeños flujos piroplásticos de menor intensidad respecto al del año pasado”.

Sobre una probabilidad de erupción mayor, la especialista dijo que existen tres escenarios: que siga bajando la actividad, que sea similar a lo del año pasado y el tercero es un escenario pliniano como el de 1913, “entonces sí sería una erupción muy grande”.

“Sí ocurriera algo así, se generarían aproximadamente 15 centímetros de ceniza dirigidos hacia la ciudad de Colima por los vientos y en un radio de 12 a 15 kilómetros tendríamos un emplazamiento de flujos piroclásticos más diluidos que pueden pasar barreras topográficas y que afectaría a alrededor de 10 mil personas”, pero esto es sólo una hipótesis.

La doctora informó que este equipo de trabajo se apoya en analizar las trayectorias de las cenizas de un volcán e identificar un incremento de actividad; con esta información se puede decir cuándo es más probable que haya una erupción pero con las reservas que conlleva el estudio de fenómenos naturales.

“Lo que hacemos de manera diaria son diagnósticos de dispersión de ceniza del volcán Popocatépetl y Colima (…) Esos pronósticos se hacen gracias a la medición de los vientos y los datos llegan en tiempo real a través del Servicio Meteorológico Nacional, después, de manera automática con supercómputo se procesa a través del código Fall 3D, que es universalmente aceptado para la medición de cenizas”.

“Así se hacen escenarios disruptivos, se pueden analizar las trayectorias de la ceniza y las cantidades. Esto es importante sobre todo por el tráfico aéreo. En el caso del volcán de Colima, el aeropuerto de Manzanillo constantemente nos habla para conocer la situación”, concluyó la doctora Capra.

Comentarios

Notas Relacionadas