Editorial

Sabemos ahora, que desde los primeros años del siglo XX, nuestro planeta estaba siendo observado muy atentamente por inteligencias superiores a las del hombre, aunque también tan mortales como las nuestras. Sabemos ahora que mientras los hombres se dedicaban afanosamente a sus múltiples ocupaciones y negocios, estaban siendo examinados y estudiados, tan minuciosamente, como el hombre mismo hace con un microscopio cuando examina los microbios que se concentran y multiplican dentro de una gota de agua.

La gente se movía alegremente de un lado a otro por toda la faz de la Tierra, dedicada a sus particulares quehaceres. Individuos plenamente convencidos de su dominio sobre este pequeño planeta del Sistema Solar, que, por casualidad, o mejor dicho, por designio divino, el hombre ha heredado, escapando, así, de la misteriosa oscuridad del tiempo y del espacio.

Sin embargo, a través del inmenso universo, mentes que son a nuestras mentes como las nuestras lo son a las de las bestias de la jungla, inteligencias poderosas, frías y carentes de sentimientos, contemplaban con envidia nuestro planeta Tierra. Seres que lentamente, pero con mucha seguridad, preparaban un plan contra nosotros.

Recientemente el profesor Farrell del Observatorio de Mount Jennings de Chicago, Illinois, comunicó que se han observado en el planeta Marte algunas explosiones de gas incandescente, que se suceden a intervalos regulares. El espectroscopio reveló que se trata de hidrógeno y que, este gas, se dirige en dirección a la Tierra con enorme rapidez. El profesor Pierson del Observatorio de Princeton, confirmó las observaciones del profesor Farrell, y describió este fenómeno como si se tratara de llamaradas de color azul disparadas por un arma de fuego.

Señoras y señores, tengo el deber de comunicarles algo sumamente importante. De las observaciones de tipo científico, así como de nuestros propios datos recabados, no hay duda alguna, aunque esto pueda parecer inverosímil, que unos extraños seres habrán de ocupar la tierra esta noche, los campos y poblaciones de La Joya, San Luis Potosí, son la vanguardia de un ejército invasor alienígena procedente del planeta Marte.

Ciudadanos de Colima, no trataré de ocultar la gravedad de la situación por la que atraviesa el mundo; sin embargo, deseo inculcar en vosotros, ciudadanos de a pie y funcionarios públicos, a todos en general, la urgente necesidad de conservar la calma y de contribuir a ella con vuestros recursos. Afortunadamente, este peligroso enemigo se encuentra todavía dentro de un área relativamente reducida y podemos tener la firme confianza de que nuestras fuerzas militares tendrán la potencia suficiente para contenerlo allí. Entretanto, puesta nuestra fe en Dios, debemos proseguir todos y cada uno de nosotros en el cumplimiento de nuestros deberes, de modo que podamos ofrecer a este adversario destructor, el frente sólido de una humanidad unida, valiente, y dedicada a la preservación de la supremacía humana sobre la Tierra… Gracias, inocente palomita que te dejaste engañar.

 

*El presente texto es una adaptación del Ecos de la Costa de la famosa broma radiofónica La Guerra de los Mundos de Orson Wells de 1938.

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