Sociedad del conocimiento: Y ahora, ¿quién podrá defenderme?

El continuar una política nacional en temas de seguridad sin retomar el contexto, conlleva graves implicaciones para un estado como Colima; podrían repercutir, como sucede con algunos ciudadanos colimenses. Las corporaciones policiacas, en los eventos en los que han participado en hechos de violencia, desde el pueblo reciben la calificación de reprobadas.

El Gobierno federal la única mecánica que ha encontrado para combatir la violencia es a través de más violencia. Recordemos, la violencia la ejercen quienes tienen poder, es una estrategia para dominar, someter y controlar, aplicándose solo a grupos vulnerables. Si el crimen organizado la ejecuta, es que alguien desde el poder se la da.

La estrategia de la administración federal solo ha generado resistencia y agresión, que es peor que el propio combate. Eso ha sucedido en el país desde el 2006, el lidiar con el crimen organizado ha provocado solo su incremento, Colima no escapa a esa realidad. Esto no quiere decir que la lucha contra la delincuencia se ejecute con pláticas o con pistolas con agua. Las autoridades están obligadas por los datos a buscar un proyecto, “la crisis no está en la mente”, las ejecuciones son reales, lo realizado es insuficiente.

Colima, pese a los hechos, es pacífica, el gobernador José Ignacio Peralta y su secretario de gobierno, Arnoldo Ochoa, trabajan y coordinan periódicamente los temas de seguridad, mas es necesario prestar atención sobre protocolos que en los hechos no se aplican.

Desde la sociedad se mira que el Secretario de Seguridad no tiene en claro cuáles son los objetivos o fines que todo policía debe tener, señala la vox populi que los policías están para salvaguardar la integridad y derecho de las personas como principal fin, pero también su objetivo es preservar las libertades, el orden y la paz pública, así como investigar la comisión de delitos bajo la conducción del Ministerio Público.

Los hechos ocurridos el jueves 23 de marzo del presente año que iniciaron en la ciudad conurbada de Villa de Álvarez para finalizar en avenidas y calles de Colima en horas concurridas, estuvieron lejos de todo protocolo, dejaron en evidencia que la policía no tiene organización hacia su interior, mucho menos articulación con las otras instituciones de seguridad, de no ser por la frecuencia de radio, esto ha sido repetitivo hasta la fecha.

Ya son varios hechos en que las corporaciones policiacas participan, que son calificados por la sociedad como circunstanciales, iniciando persecuciones sin una clara estrategia, sin reparar el daño a terceros. Lo anterior, manifiestan colimenses molestos: “Cada vez que la policía pretende hacer una detención, los ciudadanos quedan expuestos a un accidente por bala perdida de un arma detonada”.

Las corporaciones policiacas debieran valorar que primero está la integridad física de los ciudadanos que enfrentarse a balazos por las calles con los delincuentes. Los hechos publicados desde hace meses son evidencias de que no aplican los protocolos de actuación, la meta: solo seguir a los delincuentes e impedir su fuga. La sociedad comienza a señalar que es una irresponsabilidad.

Lamentable, en algunos de estos hechos han muerto y resultado heridos ciudadanos y policías. El pueblo espera que la Secretaría de Seguridad se autoevalúe; ante los ojos de la ciudadanía dejan mucho que desear. En círculos sociales es un secreto a voces que precisan que policías y jefes saben quiénes son los delincuentes y dónde viven, mas cuestionan: ¿por qué no actúan?

Para despedirme. Hace un mes la Secretaría de Movilidad denunció que desaparecieron 10 juegos de placas de circulación. 20 trabajadores de la dependencia declararon ante el Ministerio Público, de cinco en cinco fueron llevados, ¿qué sucedió? No hay detenidos ni culpables, solo silencio.

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