Tinta Social: ¿Un Emmanuel Macron mexicano?

En días pasados, el ex anciller e intelectual mexicano Jorge G. Castañeda decidió dar un paso al costado en sus aspiraciones a convertirse en candidato independiente a la Presidencia de México. Lo anterior, como un ejercicio de autocrítica al aceptar que no contaba con posibilidades reales de lograr dicha candidatura.

Siempre he considerado que Jorge Castañeda es uno de los intelectuales con las propuestas más serias en un intento para mejorar al país, afirmando lo anterior con base en la lectura de varios de sus libros, como por ejemplo Un futuro para México, que escribe en coautoría con Héctor Aguilar Camín; o su último trabajo Solo así: Por una agenda ciudadana independiente. Si usted, amable lector, se toma la molestia de checar estos libros, encontrará una agenda de propuestas pragmáticas para quien ejerza el cargo de presidente, lo cual hace la diferencia con la demagogia y populismo de los candidatos partidistas actuales.

Precisamente por esta concepción que tengo de Castañeda, confieso mi sorpresa al leer que se pronunció por apoyar al senador experredista Armando Ríos Piter, autodenominado El Jaguar, para que éste llegue a ser presidente. Más allá de que este político, ahora denominado independiente, pueda tener o no credenciales para competir por el cargo político de mayor importancia en el país, resulta inverosímil que esta declinación se dé en el contexto de una suerte de parangón con el recién elegido presidente de Francia, al denominar a Ríos Piter como el Emmanuel Macron mexicano, ¡hágame usted el favor!

¿Por qué difiero ante tal comparación? Bueno, realmente considero que en México no hay un solo político que pueda asimilarse al ahora presidente electo de Francia. Emmanuel Macron es un joven especialista financiero francés que fungió como asesor económico del presidente François Hollande, para después convertirse en su ministro de Economía. En agosto de 2016 deja su cargo para dedicarse a su movimiento político En Marche!, lo que, finalmente, lo catapultó a ganar sorpresivamente la elección de la Presidencia de Francia. Fue sorpresivo su triunfo debido a que venció al poder partidista.

Precisamente por este último hecho, algunos ingenuos comparen su caso con el denominado Jaguar mexicano. Sin embargo, lo que caracterizó a Macron en su campaña, y que precisamente contribuye a catalogar su triunfo como sorpresivo, es que en su discurso de campaña, él decía lo que nadie quería oír, las cosas como son. Por ejemplo, el sistema productivo francés cada vez está siendo menos eficiente, y su sistema de bienestar social es insostenible. Pues bien, Macron hizo una autocrítica en campaña, indicó que el francés debía trabajar más y tener menos vacaciones, esto para lograr ser la Francia de antes. ¡Lo sorpresivo fue que funcionó!

¿Se imagina usted, amable lector, que un candidato a la Presidencia de la República en México diga, por ejemplo, en plena campaña que la corrupción comienza por nosotros al dar una mordida o buscar una “palanca” para agilizar un trámite? ¡Pero qué insensatez! Si los corruptos son los millonarios de los políticos, no nosotros. Imagínese ahora a un candidato que nos diga que no apoya subir el salario mínimo sino la productividad laboral, ¡cómo se atreve!, ¡si nos matamos trabajando varias horas al día y no nos alcanza el sueldo! ¿Verdad que no tendría éxito un candidato así?

Al político mexicano le gusta la demagogia y el populismo porque es lo que vende. Corrupción, inseguridad, crisis, etc., son culpa del gobierno actual (si el candidato es de oposición) o es culpa del actuar personal del que representa la autoridad (si el candidato es del partido en el poder). Políticos que se autodenominan “antisistema” y han vivido toda su vida del mismo; aborrecen en su discurso a la corrupción, pero se apoyan de sus contactos para buscar acomodo en la escuela al hijo de un amigo que no “quedó” en listas o para acelerar algún trámite.

Bueno, ¿y qué hay de los periodistas y opinólogos?, ellos sí son críticos, ¿no? Lamentablemente no todos. Algunos tienen preferencia hacia un partido, ya sea por pertenecer a alguno de ellos o estar buscando un socorrido “hueso” en la próxima elección. La crítica al político la miden en función de la publicidad contraída por parte de éste con su medio de comunicación.

Bueno, ¿y los académicos? Tampoco nos escapamos. Desgraciadamente en Latinoamérica sigue permeando la enseñanza de que si nuestros países no han despuntado como los asiáticos, por ejemplo, es debido al endemoniado sistema neoliberal, la oligarquía en el poder, los yanquis y/o los ricos. No nos enseñan a ser autocríticos o emprendedores, sino a culpar de nuestros fracasos a terceros, a ser buscadores de empleo y no generadores.

¿Existe un político en México que nos diga las cosas como son? Hasta la próxima.

 

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