Alien, el escenario del miedo

Imaginemos por un momento y tratemos de visualizar un largo corredor sin entradas de luz ni ventanas. Las paredes recubiertas de mangueras goteantes y unos cuantos agujeros que dejan salir vapor caliente. Las gotas de aceite caen del techo y pese a que se puede ver, el color predominante es negro. ¿Cómo te sientes? ¿Incómodo? Agreguemos a dicho entorno una criatura, un animal semejante a un insecto de dos metros, garras largas, afiladas, creando un sonido desgarrador al chocar con el metal de la tubería mientras se acerca mostrando los colmillos en forma amenazante…

Es inverosímil, pero Alien: El octavo pasajero cumple este 2017 la edad de 38 años. Fue en 1979 cuando Ridley Scott, director de otros clásicos fílmicos como Blade Runner o Gladiador,mostró al mundo por primera vez a su extraterrestre más aterrador, el xenomorfo. Esta semana se estrena la sexta película (octava si contamos las dos entregas de Alien vs Depredador) que toma lugar dentro de este mundo ficticio, por lo que brinda el contexto perfecto para hablar acerca de qué hizo tan célebre la primera cinta, y en mi opinión, podemos reducir su éxito a un factor principal: sus escenarios.

Pasillos sombríos, con iluminación natural en un set tamaño real de la nave Nostromo, donde los actores tropezaban y la producción batallaba por colocar al xenomorfo en las posiciones deseadas, en los que la cámara se sentía atrapada y la imagen era eclipsada por las paredes llenas de tubos y mangueras que no te permitían identificar el Alien. Ridley Scott ha hablado mucho acerca de su insistencia para crear dicho set, que era revolucionario en la época (al igual que hoy) y creó visuales imperdibles e inmortales en la historia del cine.

En cualquier película, uno de los retos más grandes para un director es el escenario en que va a desenvolver la historia, debido a que cada persona relaciona un entorno con un sentimiento particular que se basa en la experiencia de la misma. Por ejemplo, si yo hablo de la Feria de Todos los Santos, algunos pensarán en tumultos, otros en diversiones mecánicas, y otros en comida y tradición, dependiendo de que les atraiga (o no) en el lugar. Lo mismo ocurre en el cine. Lo que vemos detrás del personaje central determinará cómo nos sintamos acerca del mismo; es por ello que en las películas románticas el color predominante suele ser el rojo (pasión, romance) o el rosa (ternura, debilidad); en las históricas, el gris o el blanco (tonos solemnes), y en las de terror, como Alien, el negro (la siempre temible noche).

Sin embargo, no es suficiente con pintar las paredes del set; hay que hacerlo sentir real. La clave en este filme es la atención al detalle del equipo de producción. Como mencioné antes, toda la luz es natural, proveída por los escenarios y no por iluminación externa como suele filmarse. También el equipo de cámaras caminaba junto a los actores en los pasillos, pese a la dificultad que esto representaba para crear una sensación de claustrofobia.

Hay más detalles relevantes que incluyen el diseño gótico, así como las influencias que el terror clásico tiene en el filme, pero necesitaríamos de un libro para redactarlas todas a detalle. Lo principal es que El octavo pasajero nos muestra cómo el entorno modifica nuestros sentimientos respecto a una situación particular. De ahí viene el terror, de ahí nace el miedo y ahí reside el rotundo éxito del xenomorfo.

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