Arte Total: Ausencias inolvidables, un recuerdo agridulce

Una canción despierta el recuerdo de un amor del pasado; el olor de un guiso transporta a la infancia porque recuerda a los que preparaba la abuela o la mamá; un grupo de personajes sonrientes con las maletas hechas que se subieron a un tren evoca la alegría de la juventud… La nostalgia es una felicidad triste.

No se trata de hacer una apología de la nostalgia, pero la transición o partida de cinco personajes de nuestra historia en la semana pasada, tiene que ver con el imaginario colectivo. El 5 de agosto, Marcelino Perelló Valls (Ciudad de México, 1944-Ib., 5 de agosto de 2017), matemático, académico y activista estudiantil mexicano, falleció de 73 años. Ligado a los jóvenes que vivimos el movimiento estudiantil del 68 en la Ciudad de México.

El 6 de agosto cruzó el umbral en su natal Colima Víctor Manuel Cárdenas Morales (5 de julio de 1952-6 de agosto de 2017), a sus 65 años, el escritor y poeta mexicano. Del año 2000 al 2007 fue director de la Revista Tierra Adentro.

El 8 de agosto dos personajes relacionados con este ejercicio, muy queridos en el medio periodístico y cultural, un periodista, Jaime Avilés Iturbide (1954-2017), considerado como uno de los más importantes cronistas en el periodismo mexicano, falleció este martes a los 63 años de edad, en la Ciudad de México.

El gran maestro de muchas generaciones, sin pretenderlo, Eduardo Humberto del Río García (Zamora, Michoacán, 20 de junio de 1934-Tepoztlán, Morelos, 8 de agosto de 2017), fue un popular caricaturista, historietista y escritor mexicano que publicó con el pseudónimo de Rius, falleció a los 83 años, y el jueves pasado, 10 de agosto, Mercedes Llerenas González, conocida en Colima y Villa de Álvarez por su sazón y cocina típica de Colima, de la que datos sobre ella no existen.

Marcelino Perelló, miembro del Movimiento estudiantil en México de 1968, fue representante de la Facultad de Ciencias de la UNAM ante el Consejo Nacional de Huelga (CNH) y miembro del Partido Comunista Mexicano desde 1965. Perelló era colaborador en Excélsior como columnista y articulista, y tuvo un programa radiofónico semanal en Radio UNAM, llamado “En sentido contrario”, hasta abril de 2017, pues se vio envuelto en un escándalo mediático por la polémica desatada cuando en su programa de radio hizo una serie de comentarios misóginos y sexualmente degradantes en contra de víctimas de violación.

El 5 de mayo la Dirección General de Asuntos Jurídicos de la UNAM lo separó de su cargo considerando que había elementos suficientes para dar por terminado el contrato de trabajo del conductor tras dichos contra la “equidad de género”.

Duele que esa generación comience a morir, esos entonces jóvenes que sin saberlo eran lo último del llamado milagro mexicano, un México que progresaba y que crecía aún a pesar de todo. Vendrán tiempos peores, lo sabemos y lo sufrimos, pero este Perelló, así como muchas personas del CNH de ese movimiento, se convirtieron en los constructores de lo que se entiende como democracia a pesar de que aún no llega, pero del 68 al 2017 ya es otro México. Yo me quedo con el activista de toda una vida, no con un hombre que comete un error contra las reglas de género.

Al día siguiente la transición de Víctor Cárdenas fue algo inesperado, y de inmediato la reflexión; fue aleccionador encontrarlo y descubrirlo en Colima. Coincidimos en muchos acontecimientos colimenses. La 12ava. Semana de Artes Visuales en homenaje al pintor Javier Fernández del 15 al 19 de abril de 2013, en donde creó poesía inspirada en obras del pintor, reconocimiento que se realizó en la ex Hacienda El Cóbano. En el Seminario de Cultura Mexicana, Corresponsalía Colima, y los cierres espectaculares en la cenaduría La playita.

Le seguimos hasta la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes el 6 de marzo de 2016, cuando presentó su libro Bertha mira el infinito (2015) bajo el sello de PUERTABIERTA Editores. Sala llena compartida con amigos de Chiapas, la Ciudad de México y muchos amigos y familiares de Colima. Elegante, con un saco rosa, compartió con su hija actriz de teatro, la lectura de poemas dedicados a Bertha.

Hace casi un año, el 18 de agosto de 2016, también lo entrevisté en Villa Marisol y me comentó de sus experiencias y avatares al frente del Poliforum Cultural Mexiac, lugar que también recorrimos detalladamente para planear acciones futuras. Autor de varios libros publicados entre los años 1983 y 2015, Víctor Manuel Cárdenas recibió a lo largo de su trayectoria diversos premios nacionales e internacionales por su obra.

Entre éstos destacan Premio Nacional de Poesía Tuchtlán (1980), el Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino” (1981), Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde” (2007), el Interamericano de Literatura “Carlos Montemayor” (2014) y recibió el Premio Colima al Mérito en Artes 2016, de manos del Secretario de Cultura.

No puedo negar que recuerdo el gozo del pasado con Víctor Cárdenas, pero duele saber que todas esas experiencias ya no pueden volver. Que sus risas y “vale madres” le daban una gran seguridad ante las circunstancias de la vida diaria colimense. “Por eso es el dolor de la memoria. Lo perdido parece inolvidable, único e irrepetible –explica Manuel Fernández Blanco, psicoanalista y psicólogo clínico–. Se tiene nostalgia por algo que crees que te hizo feliz, que crees que te hacía estar completo, que parece perfecto”.

Jaime Avilés, considerado uno de los más importantes cronistas en el periodismo mexicano, falleció este martes 8 de agosto a los 63 años de edad, en la Ciudad de México. Nacido en la capital del país, Avilés fue reportero y columnista de los diarios Unomásuno, La Jornada, el semanario Proceso y se desempeñaba como director general de la revista Polemón. Su obra ha sido traducida al francés y al italiano.

En 1979 fue corresponsal de guerra en Nicaragua, mientras que en 1983 cubrió la invasión militar estadounidense en la isla caribeña de Granada. En 1990 publicó La rebelión de los maniquíes, compilación de crónicas de guerra y de cobertura política en México y América Latina.

En 1994 cubrió el alzamiento zapatista en el estado de Chiapas. Junto a Gianni Miná, escribió Marcos y la insurgencia zapatista; además, dos versiones de una novela sobre el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), Nosotros estamos muertos (2001) y Adiós cara de trapo (2006). En 2008 lanzó el libro Los manicomios del poder y en 2012, AMLO: vida privada de un hombre público, una biografía autorizada del político tabasqueño.

Avilés fue activista político, precursor de la lucha por la despenalización de las drogas y por los derechos políticos y sociales de minorías.

Hay muchos motivos para la nostalgia: la que se siente; la del vigor y el optimismo de la juventud, cuando todo estaba por hacer; todo eso provocó saber que el mismo 8 de agosto dejaba esta tierra el gran Rius. Él fue formador de varias generaciones con su dibujo claro que nos descubrió el novio, con quien se descubrió el amor y el sexo; la de una forma de vivir que ya no volverá; la nostalgia por los viejos amigos en la lucha política. Aunque la nostalgia también puede ser colectiva.

Cuando miro por el retrovisor, algunos episodios de antaño parecen perfectos, pero en realidad hay una especie de paraíso perdido al recordar a los Supermachos o a Los Agachados, revistas ilustradas por Rius, tan claros y precisos que ese pasado fue didáctico, bonito, emocionante y especial. No hay un personaje que hoy cubra ese perfil. Nadie como Rius, nadie.

Nuestra colección de estas obras ilustradas por Rius llegó a las manos de nuestra hija, siguiente generación que nos consta cabalmente que fue también educada por Rius total. Él era parte de mi vida, sin falsedad. Libros didácticos, el monero de juicios políticos e históricos que aportaba conciencia, reflexión y didáctica, además de humor, mucho humor. Lo leía profusa, ávidamente, entendiendo el sarcasmo, la ironía, la acidez, el aporte incluso periodístico de este titán de moneros.

El cartonista Álvaro Rivera tenía entre sus amigos a este gran dibujante. Su narración publicada en El Comentario es elocuente en cuanto a su relación personal y el final de su vida. Hay muchos moneros, pero no llenan juntitos los zapatotes de Rius. Su Rosita Dobleú, Chon Prieto, Caltzontzin, doña Eme, ufffff. Nunca olvidaré aquel mapa del territorio estadounidense que latiniza y pone “Gringorum Terra”.

Luego de Cuba, vas… Compa Nicaragua esa historia lamentable de los Somoza y el movimiento sandinista, el Sandinismo, la guerra. Después de tanta subversión, pues lo clásico de Rius como El Yerberito ilustrado, su amor por lo vegetariano, un pionero.

Su odio al imperialismo, a la producción en masa, a la desigualdad, a la política mexicana. Periodista de verdad, en 1968 narra en su libro autobiográfico, Mis Supermachos, cómo lo secuestraron, lo llevaron a un cerro y le enseñaron su tumba recién cavada y lista para albergarlo, la amenaza de que se calmara y que dejara de apoyar a esos “pinches comunistas de mierda”, que eran los estudiantes. Su regreso a pie hasta la Ciudad de México. También me quedo con el Rius total.

Nadie está libre de sentir nostalgia en alguna ocasión, pero es muy diferente recordar con añoranza la juventud porque se recuerda la juventud como el paraíso que no volverá, aunque no todo era perfecto en los viejos tiempos.

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blancagardunomx@gmail.com

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