Al Desnudo: Entre el cielo y la tierra

Para no ir tan lejos se debe mencionar que en el siglo pasado, para trasladarse de una entidad a otra o simplemente acudir a la capital del país, los gobernantes de las entidades e incluso el mismo presidente de la República, no viajaban en avión y no porque no quisieran, sino simplemente porque el medio de transporte eran las carretas, más tarde los vehículos automotores y posteriormente los aeroplanos que a la fecha sigue siendo el principal medio de transporte. La razón tiene lógica, se acortan tiempos y distancias, pero lo más importante se ahorra dinero.

Los ejecutivos federales, a razón de sus constantes viajes al interior del país y el extranjero, incluso adquirieron aeronaves para desplazarse al igual que algunos gobernadores. En el caso de Colima, fue en 2004 cuando se adquirió por primera vez una aeronave, misma que se desplomó cuando viajaba en ella el entonces gobernador Gustavo Vázquez Montes.

En el periodo del exgobernador Silverio Cavazos Ceballos, se decidió reemplazar el avión siniestrado, otro por el que se pagó alrededor de 50 millones de pesos. En ese entonces, Cavazos Ceballos reconoció que se trató de “una inversión importante, pero también es importante la seguridad con la que nos podamos desplazar. Por eso se está pretendiendo comprar un avión totalmente nuevo. Explicó que se contempla la posibilidad de que fuera un turbohélice, no un jet, “para poder realmente ahorrar en el costo, en el mantenimiento y darle un uso eficiente, para que ante todo, sirva como lo que debe ser: un vehículo más que tiene el Gobierno del Estado”.

Durante su mandato Silverio se desplazó, algunas veces solo y otras acompañado de integrantes de su gabinete, mayoritariamente a la capital del país, a realizar gestiones para Colima. Después, le siguió el exmandatario Mario Anguiano Moreno, quien prefirió más el caballo, y cuando fuera necesario y no le quedara de otra, el avión.

En el actual gobierno que encabeza Ignacio Peralta Sánchez, y derivado del gasto mensual que representaba el avión del Gobierno del Estado -alrededor de 60 mil dólares-, incluyendo costos de combustible, insumos, mantenimiento preventivo, correctivo, costo de seguros y derechos de uso del aeropuerto, se tomó la decisión de venderlo y viajar en vuelos comerciales.

Por la venta del avión se obtuvo un ingreso aproximado de 2.5 millones de dólares, que se destinaron a inversión productiva para garantizar un beneficio directo para la población.

Desde entonces, derivado de las necesidades que implica una nueva época para gestionar recursos, JIPS viaja en vuelos comerciales cuantas veces sea necesario para gestionar recursos que ya se han visto reflejados en varios rubros sociales. Sin embargo, no ha faltado quién desate una rústica estrategia para señalar que gasta mucho en viajes. Antes, cuando se tenía el avión, se decía lo mismo, lo que lleva a entender que los “críticos” malpensados, lo único que pretenden es denostar las actividades y movimientos del Ejecutivo estatal, a quien pareciera quieren obligar a gobernar a la antigua, y forzarlo trasladarse a caballo para gestionar recursos.

Si es mucho o poco el tiempo que destina para viajar laboralmente, o si es mucho o poco el recurso que destina, únicamente será la población que gobierna la que valore al final del día, si los recursos erogados están justificados.

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