En Volandas: Como pájaros sin luz

Conforme transcurren los días del aparente conflicto magisterial, sus líderes deberían empezar a preocuparse si verdaderamente ellos son interlocutores válidos de quienes dicen representar, porque uno esperaría de su movimiento presencia multitudinaria y un discurso coherente, aspectos que permitirían vislumbrar la validez de su protesta. Incumplen ambos ingredientes para una posible credibilidad.

La actitud de las dirigencias me recordó un viejo y hermoso tango, Naranjo en flor, no por lo poético, sino que los observo como pájaros sin luz.

El punto de partida debió ser el reclamo profundo para mejorar la educación de Colima y no solo la burocracia, cuyo crecimiento desmesurado permitieron en años recientes, a grado tal de que debieron ser asignados casi mil 400 contratos. ¿Ese personal era necesario para las tareas formativas y de apoyo a la enseñanza? Quedó claro, en principio auditor, que no. Pero esas plazas significaron una sangría al presupuesto directo de la educación. Nuevamente: ¿dónde estaban los querellantes? Buscaban, sin duda, una interlocución válida, de corte financiero. Fueron conniventes (cómplices, pues) de un saqueo sistemático que hoy parecen olvidar según la conveniencia política.

Nunca observé que asumieran una defensa de los derechos laborales de tales agremiados fantasmas por la razón elemental de que esos movimientos les significaban ingresos adicionales a sus bolsillos, para financiar aspiraciones políticas y partidistas.

Ante la proximidad electoral, no tienen ningún guardadito porque muchas presiones en lo oscurito no han funcionado. Tengo la impresión de que su forcejeo sindicalista es huero (cascarón) y buscan más una suerte de fuero, nunca el propósito superior de que la educación de calidad convierta las aspiraciones en resultados de bienestar social para Colima.

Están como pájaros sin luz porque ante el fracaso palmario del Partido Nueva Alianza (no solo en Colima sino en el resto del país) quedaron en el desierto. Presa su exlideresa, Elba Esther Gordillo dejó huérfanos y viudos por doquier. Esa organización política es zombi, pero aún quiere vender caro su amor: queda el naufragio aventurero, que nunca aspiró a la transformación educativa.

El plantón que mantienen en la Secretaría de Educación tuvo una respuesta tan magra en número de prosélitos que hasta en las redes sociales de las dirigencias sufren el repudio magisterial generalizado.

Durante el sexenio pasado tuvieron en sus manos el destino formativo de miles de colimenses. Fueron los responsables directos. Los datos de logros educativos son tan graves como lesivos. Pronto publicaré cifras auténticas, provenientes de la SEP, para calibrar cómo en los seis años de Mario Anguiano y sus secretarios de Educación dieron al traste con la calidad formativa.

La poca credibilidad discursiva de los líderes proviene de sus posiciones chimoltrufias. Así como dicen una cosa dicen otra, sin sentido. Su paupérrima estructura lingüística manifiesta en su última conferencia de prensa deshilvanó todo: los planteamientos iniciales se diluyeron y todavía fueron incapaces de expresar un pliego petitorio claro, pero sin ocurrencias sistemáticas. Cunde el mal de pinto…

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