Suman 293 muertos por el sismo de 7.1

  • La esperanza de rescatar a sobrevivientes del sismo rebasa las expectativas

Ciudad de México

Una montaña rusa de esperanza y angustia vivían este viernes familiares de personas reportadas con vida en edificios colapsados de la capital mexicana pese a haber pasado más de 72 horas bajo las ruinas que dejó el violento sismo de 7.1 grados del pasado martes.

Hasta el viernes sumaban 293 muertos: 155 en Ciudad de México, 73 en el estado de Morelos, 45 en Puebla, 13 en Estado de México, seis en Guerrero y uno en Oaxaca, según datos de Protección Civil Federal.

Socorristas locales e internacionales desplegaban su máximo esfuerzo para encontrar supervivientes y evitar a toda costa que se sumen a la lista de casi 300 muertos que deja el terremoto.

Se repetían escenas estremecedoras, como cuando decenas cantaron el himno mexicano tras concluir labores de rescate, los especialistas japoneses quitándose su casco y haciendo una reverencia ante un cadáver que recuperaron o un voluntario que le dice jocoso a una joven que rescataron que los tendrá que invitar a cenar a todos.

El protocolo posterior a sismos marca que las posibilidades de sobrevivencia de una persona atrapada en escombros llegan a su límite a las 72 horas, pero en otros desastres la resistencia humana ha superado expectativas, como en el terremoto de 1985 que dejó más de 10 mil muertos en Ciudad de México.

Pero desde el presidente Enrique Peña Nieto hasta el alcalde de la ciudad, Miguel Mancera, las autoridades han reiterado el compromiso de prolongar el rescate hasta que se agoten las señales de vida.

En el sur de la ciudad, la confirmación de que dos mujeres están vivas bajo las ruinas de un edificio de condominios atiza la esperanza.

“Hay una mujer (…) maestra, que vive en aquel extremo del edificio y hay cuatro topos (rescatistas) ahí”, dijo a periodistas Paula Martínez, una brigadista.

“¿Donde están los (rescatistas) japoneses especializados? Hay otra mujer, todavía no han tenido contacto físico con ella pero ya contacto auditivo”, agregó.

Ahí, los trabajos de rescate se realizan al abrigo de una bandera mexicana que rescatistas colgaron en un árbol cercano.

Mientras tanto, en el céntrico barrio Roma, Teresa Ramírez, una bombera de 45 años, confesó sentirse impotente por la falta de profesionalismo que ha observado durante la emergencia.

“Gracias a Dios llegaron expertos internacionales porque ya querían meter maquinaria pesada”, afirma la mujer, cuya prima, una contadora de 42 años, está atrapada en un edificio.

Bajo la montaña de ruinas en la que se convirtió este edificio de siete pisos también se alberga la esperanza de hallar gente con vida.

Familiares aseguran que al menos una decena de personas permanecerían en lo que fue el cuarto piso, por lo que rescatistas japoneses e israelíes llegaron a reforzar la búsqueda.

Colgado de una cuerda, un letrero rojo escrito con letras negras resume el clamor general: “No a la maquinaria, sí a la esperanza”. Abajo se enumera a ocho personas que seguirían cautivas en el derrumbe.

Bajo custodia de policías y militares -y la mirada de decenas de periodistas- lonas y casas de campaña han sido colocadas frente al derrumbe por voluntarios para los familiares, pero casi ninguno ha dormido.

La alcaldía también sostiene que se agotarán los esfuerzos, mientras la Marina Armada contaba hasta el jueves 115 personas rescatadas vivas y 88 ya fallecidas.

“No hay ninguna instrucción, ninguna intención ni ninguna forma de que se pare en este momento la búsqueda de las personas”, dijo el ministro de Gobernación (Interior), Miguel Osorio, a la radio Grupo Fórmula al rechazar los rumores que corren en redes sociales.

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