Sociedad del conocimiento: ¡Qué terrible coincidencia!

Hay coincidencias afortunadas, la del 19 de septiembre solamente la podemos describir como ¡terrible! Estábamos recordando lo sucedido hace 32 años, realizando simulacros, cuando la realidad rebasó cualquier otra actividad.

El movimiento telúrico del pasado martes dejó pérdidas de vidas, tristezas, temor, al tiempo, una enseñanza: los habitantes de la Ciudad de México nuevamente demostraron solidaridad, rebasaron al propio Estado y sus diversos organismos de protección civil. Hay que reconocer que a diferencia de 1985, las fuerzas castrenses actuaron con más prontitud.

Los sismos desnudan ante la sociedad a los organismos encargados de protección, están desarticulados, enredados, con recursos y tecnología obsoleta, personal no capacitados. Por ejemplo, en menos de un mes, el país ha tenido dos contingencias: 7 y 19 de septiembre, con diversa magnitud, en diversos puntos geográficos, diferente contexto social, pero en ambos, primero están los intereses políticos que la ayuda humanitaria.

El primero impactó en el sureste del país, con una escala superior a los ocho grados Richter, azotando todo tipo de vivienda, con un número de réplica de más de cuatro mil. Tiró todo tipo de vivienda, la acción del Estado, tardía y condicionada, peor, los apoyos de las entidades descontextualizado, inclusive la solicitud de apoyo para los damnificados no era la misma, tardaron en captarlo.

En los estados de Chiapas y Puebla, necesitaban de todo, no así, la población de la Ciudad de México cuyas necesidades se centraron en medicamento y utensilios quirúrgicos, equipo de tecnología para construcción, inclusive las televisoras y los organismos de protección civil fueron puntuales.

Estas peticiones no fueron captadas por la mayor parte de sus homólogos en las entidades federativas, quienes solo ponían centros de acopio para recibir lo que la población llevará. Esto es una buena intención, pero quizás podemos crear un problema a los lugares donde se envíe lo recaudado, destinando, espacios, personal y tiempo para recibir las donaciones.

Colima es lugar sísmico por antonomasia, los registros de destrucción por fenómenos naturales siempre han estado presentes a lo largo de la historia. Un aprendizaje heredado por nuestros antepasados es saber convivir con ese entorno.

En las dos últimas décadas hemos enseñado a nuestra infancia a no temer, guardar el orden y la seguridad, en caso de una contingencia. En ese sentido ha sido un éxito la acción del Gobierno del Estado de Colima.

Más también algunos fenómenos de esta última década muestran que la capacitación y actualización al personal de protección civil sólo queda en los mandos, por lo tanto, cuando actúan se ven lentos, esto ha provocado muertes, mas se guarda silencio a la incapacidad por respeto a quienes trabajan de voluntarios.

Se resguarda la información, no se comparte, generando deducciones hipotéticas de la población a través de las redes sociales, creando psicosis que pueden en cualquier momento crear al Estado verdaderos caos para que puedan actuar en apoyo de damnificados.

Estamos a tiempo para crear una cultura de protección, que no la hay, sólo existe en la mente de los encargados, Estoy convencido que las autoridades de Colima serán ejemplo para crearla y fomentarla en la población.

Esta cultura implica que la población no sólo se comporte, sino tenga conocimiento en todo momento a donde debe acudir en caso de necesitar apoyos, identificación de albergues, de centros de acopio, de atención médica y más de un vecino entrenado en primeros auxilios.

Recordemos que en la última década no está registrado ningún sismo a tomar en cuenta en lo que corresponde a Jalisco, Colima y Michoacán, sólo erupciones volcánicas. Se han presentado ya movimientos telúricos en el sureste y en el centro del país, sin mayor impacto hacia el occidente del país, no esperemos a que haya un evento para trabajar, es el momento de actuar.

Comentarios

Notas Relacionadas