Bitácora Reporteril: Destape inminente

No pasa de este mes para conocer quién será el candidato del PRI a la Presidencia de la República; por tratarse de una fecha cabalística para Enrique Peña Nieto, se prevé que sea el 27 de noviembre. Quizá sí, quizá no, será el sereno, pero ahora el destape pierde la mística que tenía a principios de los noventas, cuando ser candidato del PRI a la Presidencia de la República equivalía llegar a Los Pinos.

Ahora, en el 2018, se mantiene la liturgia priísta para definir al candidato presidencial, pero ya no representa –y por mucho– ser el sucesor a la Presidencia: será el candidato del PRI, quien, por cierto, independientemente de si sea Meade o Narro, cargará con el saldo negativo del partido y de la misma imagen del presidente –tan gastada y repudiada en este último tramo de su sexenio–.

Aunque va a la cabeza en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador no tendrá una elección sencilla: tanto él –entiéndase Morena– como el PRI buscarán que se genere una elección entre dos, con un resultado cerrado; sin embargo, el voto va estar atomizado por el frente amplio y por la influencia de uno que otro independiente.

Lo he dicho en otras ocasiones y lo sostengo: el candidato del PRI más viable y competitivo electoralmente es José Narro Robles, el actual secretario de Salud y exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México. No solo es el mejor candidato, sino la persona que requiere el país.

Sin embargo, en las mesas de apuesta le dan el gane a José Meade, el secretario de Hacienda y Crédito Público, quien por su perfil debería relevar a Agustín Cartens en el Banco de México. Si Meade es el candidato, veríamos un escenario político muy parecido al del 2006, con un resultado muy cerrado.

La ventaja que tiene el PRI es la estructura y la atomización del voto. Sería divertidísimo ver un debate entre Narro y López Obrador, principalmente por los contrastes en las personalidades políticas de ambos. Si al contrario es Meade, Andrés Manuel explotará aún más el discurso de la “mafia del poder”. Más de lo mismo, pues.

DOS PUNTOS

Aquí lo hemos expresado en varias ocasiones: en términos macroeconómicos podremos ir de maravilla, pero si eso no se refleja en el bolsillo de las familias de nada sirve. Ante una economía familiar cada vez más precaria, el descontento y el enojo social crecen; estos son componentes que aprovecha el populismo para plantear las salidas fáciles, la mayoría sin sustento y con la efectividad de los “producto milagro”… pero así hay quien los compra.

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