Capítulo 4: Divina claridad, la de tus ojos

Parra, debemos detener el asunto de los muertitos, vienen las próximas elecciones y aún no resolvemos nada. Ya nos llegó el agua a los aparejos, con éste sumamos una docena nomás en los dos últimos años. El procurador volteó el cadáver empujándolo con los pies, ahí estaba con la boca abierta el creador del concepto Colima chic, Vida Nice y Estilo, sí, así murió, con todo el estilo del que anda buscando emociones fuertes.

Otra vez un cuerpo envuelto en las sábanas de un hotel de paso, las manos atadas por la espalda, el abdomen perforado ve-in-ti-cin-co, ve-in-ti-cin-co ve-ces, a-sí có-mo lo o-yes. Ni una más ni una menos. Solo que ahora encontramos un poco de tejido en las uñas de la mano de derecha y en la boca tenía algo como un pellejito, veremos qué nos dice el laboratorio, eso sí, ninguna evidencia de sexo, tal vez algo en la boca, un poco de saliva en la frente y luego la puntada esa de aventar el envoltorio afuera de la sex shop. Demasiada obviedad, porque Godspell siempre fue cuidadoso con sus cosas, ni los más cercanos sabíamos con quién andaba, además en las últimas fechas estaba tan entusiasmado con la promoción del Cachemira que no tenía tiempo de buscar carne. Hasta creímos que estaba enamorado, dejó las prisas, comenzó a ser amable. Ayer mismo, visitó a su mamá en su antiguo barrio. La risa de su íntima amiga se conjugó con el rictus del llanto desbordándose, se lo dije muchas veces que no jugara con el misterio, que no se escondiera, no es un delito llamarse Crisanto Vadillo, no le gustó eso nunca, le gustaba la buena vida, su mamá debe estar sufriendo lo indecible, aquí en Colima todos sabíamos de dónde venía, desde que lo conocimos en el Colegio, desde que llevaba esa ropa tan cara que su mamá compraba en abonos.

Aunque él me lo dijo muy claro: esta no es mi vida. Me voy para encontrar nuevos horizontes, si fueras más, cómo te lo digo para no sonar cruel, que no trajeras esa ropa, que te cortaras el pelo diferente, que tu tiendita de abarrotes fuera un súper, ay no sé, mom, algo distinto. Diario anduvo con eso, créame sargento, ahora me siento tranquila. Mientras él aparecía en los desfiles de moda o en alguna inauguración, esos eventos como les decía, me figuraba que iba a llegar su padre para ponerlo en su lugar y gritarle delante de todos: no le crean ni se apellida Godspell, ni es colombiano, nada de eso, se apellida Vadillo como yo, si se fijan bien todavía huele a aserrín porque creció junto a mí en la carpintería.

En los ojos del muertito se adivinó un brillo de tranquilidad, algo en ese rictus de dolor y sonrisa le daba un aire beatificante, del sigilo, de la angustia porque no llegaba el galán a la cita. Perdón por el retraso, mi chaparrito, pero tuve que arreglar algunas cosas, no es fácil desafanarse de la gente cuando creen que eres importante. No, no digas que lo soy, a poco sí. Godspell asintió. Me traje esta botellita, es Parras, en serio en Coahuila hay buen vino, este por ejemplo se vende muy bien en Alemania y Noruega. Salud. La ocurrencia de llevar dos copas de cristal cortado lo ruborizaron, ahí estaban viendo la llegada del amanecer en lo alto del Cerro de la Cumbre. El cutlass convertible del petite socialité, así se firmaba en su columna de sociales, era un nido de amor casi perfecto. La botella vacía rodó por la ladera del cerro, estallando en mil espejos que pronto reflejarían la cascada de sol desparramándose hasta el río.

El hombre aquel de pelo entrecano lo acercaba a su pecho frondoso, lo abrigaba del viento de la madrugada, le besaba los ojos, le acariciaba la frente con su nariz: es un beso esquimal chaparrito. Un día veremos juntos cómo se escurre la nieve en las llanuras de Alaska, sí, por supuesto que llevarás un hermoso abrigo de piel de foca, aunque se tuerzan los ambientalistas, la elegancia es primero, me encanta que seas así tan modosito, tan delicado, y un beso que pareciera eterno lo condujo primero hasta las puertas del motel Paraíso, después en brazo de su adán cuarentón lo llevó a cubrirse de aceites y lavanda en el jacuzzi. Besos ardientes, besos que nunca volverás a recibir de otro hombre, seré el último hombre en tu vida. En brazos lo cargó hasta el lecho circular.

Los murales a los lados de la cama dejaban ver los retozos de fantásticos animales marinos. Amor, musitó despacito mientras los besos le cubrían los ojos, amor, mientras le lamía las orejas, amor mientras sacaba por debajo de la bata de baño con presteza, como lleno de magia, una larga, larga, fina fina daga, amor, cuando le asestó la primera punzada, amor, amor, amor, amor, amor, así hasta que se cansó y el chaparrito quedó con los ojos fijos en la danza de los peces voladores de la bóveda en el techo. Ahí donde decían que estaba escondida una cámara donde graban las películas que luego venden en el mercado negro. Todo lo demás fue tan fácil, envolverlo en la sábana, ponerlo en la cajuela, ligero, así fue toda su vida, ligero. Amor dijo cuando encendió el auto y se enfiló de nuevo para la ciudad y lo tiró afuera de la sex shop. Parra sentía un calor extraño en esos lugares llenos de talleres, yonkes y moteles. Parece que se nos pasó un detalle sargento, fíjese que el muertito huele alcohol. Pos qué babosada, venía de una inauguración, seguró se echó sus drinks.

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