No juzgar es fundamento periodístico: Vicente Leñero

Infoecos/Colima

El pasado 3 de diciembre de 2014 falleció don Vicente Leñero, el escritor, periodista y humanista quien dio testimonio vivo de su catolicismo y logró unir a un grupo de personajes destacados en literatura, filosofía, psicología, teatro y sacerdotes para dialogar y compartir sus vivencias.

Para el 2016, la compañera de vida del personaje, la señora Estela Franco coordinó la producción del libro Los católicos. Vicente Leñero en torno a la fe, publicado por Ediciones Proceso, durante la pasada Feria Internacional del Libro (FIL).

Mientras seleccionaba algunos textos, un empleado del puesto de libros de la Universidad Iberoamericana y del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) me preguntaba sobre el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, y en la charla salió el tema del escritor y sus religiones. Aproximadamente una hora después, en el despacho de libros de la editorial que vendió los libros del Premio Nobel 2017, Kazuo Ishiguro, y de Emmanuel Carrère, ganador del premio Lenguas Romances, un amable señor entabló conversación y me solicitó sugerencias sobre libros y catolicismo. Revise mi disco duro cubierto de greñas hasta recordar que la empresa Nueva Imagen, había publicado Dios y los escritores mexicanos, de la señora Adela Salinas.

Sobre el tema, comparto algunas respuestas de Vicente Leñero de la entrevistadora que se encuentran en el libro editado por Proceso. “Pienso que el escritor creyente tiene una gran ventaja sobre los demás, si es congruente con su creencia. El buen escritor creyente no juzga. Y al aplicar el principio fundamental del cristianismo, que es el amor al prójimo, el no juzgarlo, el no condenarlo, el novelista creyente cumple con el principio básico de toda teoría novelística. Un buen novelista no juzga”.

Y la señora planteó otra pregunta -¿Y también los postulados del periodismo? La respuesta fue contundente. “También. No juzgar es fundamento periodístico. Y eso es lo que permite enfrentar más descarnadamente a la realidad. Como descarnados para su época esos escritores novelistas. Bernanos, digamos”.

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