Políticamente Incorrecto: Perspectivas Episodio II (parte 1)

Entonces, mientras estaba elaborando una credencial para un cazador por allá del 2013 en mi antiguo trabajo en Semarnat, saltó a mi vista una convocatoria de la Secretaría de la Juventud, era la invitación al Concurso Estatal de Debate Político Juvenil. Recuerdo que marqué para preguntar y me topé con la sorpresa de que ese mismo día era el concurso a las 4:00 pm, mientras que colgué mi llamada a las 3:00 pm, justo saliendo de la chamba. Entonces me trepé en mi vieja Tracker y me fui a mi casa, me puse un pantalón de vestir, una camisa blanca, mi corbata roja y un chaleco negro. Salí corriendo y, como caído del cielo, mis papás habían llevado pizza, así que tomé dos rebanadas, me subí a mi camionetita y me fui para donde el concurso.

Más que participante, iba como un simple espectador. Un año antes una exnovia me había citado en el mismo concurso para entregarme unas cosas mías, pues recién habíamos terminado, lo curioso es que el campeón de ese año fue su novio semanas después; supongo que eso, sumado a la parafernalia y la teatralidad fueron lo que llamaron mi atención para asistir a ese concurso una vez más… eso y quizá la absurda idea de que en ese lugar la volvería a ver. No fue así, ella no estaba ahí, los que sí, muchos jóvenes muy brillantes a quienes hoy puedo llamar amigos.

Faltaban participantes para quedar en números pares, pues los debates de ese estilo suelen ser de dos. Así fue que se me convidó a participar, y yo, el neófito e ignorante del arte de la palabra dije “por qué no”. Sin saber absolutamente nada del debate, sin haber estudiado ninguno de los temas, sin siquiera conocer las preguntas, me animé a participar, al fin, lo peor que podía pasar era perder. Dicen que a los bobos siempre los acompaña la fortuna, así me pasó a mí. Me tocó sentarme a un lado de la novia de un primo –aún son novios- a quien le pedí me explicara lo que era un debate y en qué consistía. Me explicó muy bien, cosa que le estoy muy agradecido.

Me tocó pasar contra quien ya había sido campeón en otras ocasiones pero la fortuna me sonrió, pues nos tocó debatir el tema del género, el cual me apasionaba en la universidad y había leído toneladas de papeles al respecto. Para no hacer el cuento largo y después de otro intenso debate, me llevé una de las sorpresas más grandes de mi vida, me estaban enterando que era el campeón estatal de Debate Político Juvenil en mi categoría y que me tocaría representar a Colima en el Certamen Nacional. No sabía yo que ese día cambiaría mi vida.

Los días pasaron y yo seguía refugiándome en la bodega de la Delegación de Semarnat donde me ponía a leer las MIA que tanto me hacían enojar, cuando un día, mientras salía a comprar mis taquitos tuxpeños de costumbre, recibí una llamada. Habían buscado a mi papá para que me informara que el CEN del PRI me estaba invitando, a mí como a los otros campeones estatales, a hacer unos exámenes para ingresar a la Escuela Nacional de Cuadros del entonces ICADEP, que buscaba revivir las viejas glorias del exitoso ICAP, del cual mi padre había sido egresado. Nunca antes un partido me había buscado ni había tenido interés en mí, y al ser hijo de un priista, fue una propuesta que no puedes rechazar.

Así, tras tres rigurosos exámenes de estatutos, informática e inglés, fui uno de los poco más de 300 jóvenes privilegiados que, de entre 12 mil aspirantes, logró su ingreso a la Escuela Nacional de Cuadros. Me sentía orgulloso por la proeza y agradecido por la oportunidad, pues se me abría una pequeña oportunidad para iniciar mi camino para llegar a aquello que me había planteado como meta para coadyuvar a la transformación positiva de mi país. Sólo que yo no esperaba que algunos de esos otros 11 colimenses que lograron su ingreso, me trataran con cierta hostilidad, pues les resultaba inaudito y hasta ofensivo que alguien con mi pasado en el activismo social se atreviera a abrirse paso en el PRI.

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