Colimenses encienden velas por la seguridad

Si cada vela encendida con la esperanza de la paz para Colima, representara una de las muertes violentas que se han registrado en la entidad, apenas ajustarían para cubrir la estadística del año pasado que reportó 817 asesinatos en el estado, ¡y eso que eran muchas velas!

Cientos de colimenses se reunieron la noche del martes 20 de febrero en el Jardín Libertad, a las afueras de Palacio de Gobierno, para participar en la protesta pacífica y en silencio “Una luz por Colima”, convocada por el Consejo de la Cámara Nacional de Comercio (CANACO) en el estado.

Apenas dos horas antes de que las personas comenzaran a congregarse en el acto que buscó sembrar conciencia en la ciudadanía para exigirle a los tres órdenes de gobierno cero tolerancia contra los actos delictivos, cinco impactos de bala terminaban con la vida del regidor panista por Tecomán, Martín Cázares.

Una figura de xoloitzcuintle gigante de color blanco –en paradójica combinación con el pacifismo– se erigió entre las velas que formaron caminos. Niños y adultos compartieron plumones y escribieron frases, unas de ánimo, unas de motivación y unas más de nostalgia: “queremos el Colima de antes, caminar con tranquilidad”, se leía entre los garabatos.

Si cada vela encendida tuviera nombre y apellido nos daríamos cuenta que los números de las muertes –las estadísticas frías que hablan del aumento de los índices delictivos como si se tratara de manzanas o de peras– tienen en realidad rostro y son personas como uno, como la que teníamos al lado en ese momento en aquel espacio.

Una niña, de no más de diez años y moño azul, encendió una vela, luego otra, y después una más, y no se separó de ellas, cuidó que el fuego no se terminara, parece como si no le hubiera bastado con un poco de esperanza y necesitara de una llama grande, que no se extinguiera, para iluminar el futuro.

Al mismo tiempo que la pequeña miraba cautivada la luz que encendió Colima, un charco de sangre apenas secaba, en una calle del Valle de las Garzas, en el municipio de Manzanillo, donde unos horas antes otro hombre fue asesinado a balazos.

La gota que derramó el vaso, y motivó la movilización de organismos empresariales, así como de la ciudadanía en general, fue el homicidio del empresario y promotor cultural, Ricardo Uribe Clarín, el martes pasado, en un presunto intento de asalto afuera de una céntrica plaza comercial en la ciudad de Colima.

Si cada vela fuera una de las 607 personas asesinadas en 2016, o de las 817 del año pasado, nos daríamos cuenta de todas las víctimas que como sociedad tenemos, y quizá así podríamos imaginar el número de llantos, el número de huérfanos, el número de viudas, el número de madres y padres sin hijos, y la explanada no sería suficiente para encender una luz por cada uno.

Aunque en la protesta no hubo ninguna intervención oficial, todo fue polifonía de voces. “La paz es posible”, dijo una mujer religiosa, con un crucifijo en el cuello. “Colima era el estado más seguro, yo recuerdo”, comentó una empresaria con sus amigos. “Cuando llegué aquí, todo era diferente”, señaló con añoranza un hombre que intentaba explicar a su hijo cómo había cambiado todo. No faltó la frase aquella de “aquí dormíamos con las puertas abiertas”. Mientras todos hablaban, en una esquina, tres jóvenes se subieron a una banca y levantaron cartulinas moradas con consignas, recordando que en 13 meses se han perpetrado 80 feminicidios y cuatro crímenes de odio contra transexuales.

Si cada vela encendida fuera una palabra, qué diríamos los colimenses, me pregunté mientras dejan ir un rosario hecho con globos, qué discurso formaríamos que reconfortara y confrontara. Qué frases harían arder los corazones, cómo movilizaríamos el “ya basta”. En esta ocasión encendimos luces… que no nos apaguen la esperanza.

 

 

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