Se multiplican como panes y peces

Con la declaración legal en 2018 de asignación de recursos económicos “especiales”, aparecen en México la multiplicación de nuevas organizaciones civiles que pueden verse como evocación para disminuir el hambre popular de derechos a través de esta acción, presente en la teología de muchas religiones, ortodoxa, copta, católica, anglicana, entre otras. El objetivo general es incorporarse a la sociedad desde diferentes canales para influir en la política con acciones que contribuyan a la necesaria formación social.

Transitamos complejas etapas en estos procesos electorales en los cuales todo se extiende, y también se hace más visible la necesidad de la ciudadanía de ser tenida en cuenta. Quizás esta sea la causa de estimular mayor incidencia política por la sociedad civil organizada.

El objetivo sería definitivamente “influir en la formulación e implementación de políticas y programas públicos y privados que afectan, de uno u otro modo, al disfrute y garantía de los derechos humanos.” (https://www.idhc.org/es/).

Esta propuesta implica también trabajar desde distintos frentes, a través de movimientos sociales y organizaciones de base, para reclamar la realización de uno o de varios aspectos desatendidos por los gobiernos locales o por ausencia de definiciones jurídicas.

Ya existen múltiples organizaciones sin fines de lucro, de ayuda a niños, niñas y adolescentes en situación vulnerable; refugios para mujeres maltratadas, ayuda a personas con discapacidad; para proteger a los animales o al medio ambiente; de Observatorio Ciudadano del Feminicidio en Colima; entre otros, todas en aras de fortalecer la profesionalización de las organizaciones de la sociedad civil, verdaderos colectivos de personas inteligentes y preparadas que desean participar en procesos de incidencia política, atendiendo a necesidades sociales insatisfechas.

La defensa de las mujeres en todas las áreas deviene tarea insoslayable en cada proceso que estará directamente vinculado a situaciones específicas. Si se habla de derechos políticos, ellas están desfavorecidas, más discriminadas con independencia del color del partido; si corresponde al sector laboral, ellas todavía cobran menos por igual trabajo; las muchachas no reciben las mismas atenciones que los varones, y en la salud se tienen en cuenta en los procesos de reproducción, como si el embarazo fuera su único problema.

Asimismo, en la tercera edad, ellas padecen otra consecuencia de la discriminación de género, porque como recibieron salarios más bajos, sus pensiones son mínimas y no les permiten solventar sus necesidades, para eliminar la pobreza y promover educación con salud.

En ONU Mujeres se insiste en hacer avanzar la historia de los derechos humanos para prevenir y erradicar la violencia de género, como se declaró en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, desde 1947, que reconoce una estrecha relación con las organizaciones no gubernamentales que fueron invitadas a participar en las sesiones en calidad de observadoras.

Esos esfuerzos ayudaron a establecer normas y convocar a convenciones internacionales que cambiaron leyes discriminatorias y aumentaran la sensibilización mundial sobre las cuestiones de la mujer, y hasta se defendió con éxito en 1987, la necesidad de suprimir las referencias a “los hombres” como sinónimo de la humanidad, y se logró incorporar un lenguaje nuevo y más inclusivo. La Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer de 1953, fue el primer instrumento de derecho internacional en reconocer y proteger los derechos políticos de las mujeres. (http://www.unwomen.org/).

En momentos donde se promueve con asignación de recursos económicos la creación de nuevas organizaciones civiles, vale alertar que éstas deberán tener en cuenta la urgente necesidad de reconocer entre sus filas con iguales derechos a las mujeres.

 

@Letra Clara

*Maestra en Ciencias de la Comunicación

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