¡Participar! es la palabra del día

Con frecuencia se considera que lograr el voto desde 1953, fue el ejemplo de los derechos civiles alcanzados para las mexicanas en la sociedad. Este logro jurídico también se acompañó con otros derechos contra la discriminación por ser mujer, entre ellos, ejercer la libertad de expresión y el derecho de asociación, en cualquiera de sus formas, clubes, asociaciones, redes o tertulias.

Como resultados de largas luchas feministas, se aprecian avances de igualdad formal y sustantiva en el pensamiento jurídico que legitiman la presencia femenina en la sociedad, como por ejemplo, la aprobación de la paridad y de las cuotas de género en las candidaturas, aunque deben abrirse paso en otros espacios laborales, administrativos y sindicales, que propicien mayor incorporación femenina en los puestos de toma de decisiones, opina la Dra. Patricia Olamendi Torres, promotora de los derechos humanos y de la equidad entre hombres y mujeres en Ciudad de México.

Sobre la evolución de las expresiones públicas y políticas de las mujeres, vale hacer referencia a las investigaciones históricas publicadas en el libro Mujeres que escriben. Textos femeninos de la literatura regional 1880-1910, de la Dra. Nora Patricia Ríos de la Mora, editado por la Secretaría de Cultura de Colima, donde explica: “… ‘Cada paso que da la mujer en la senda de la cultura y de la instrucción, es un triunfo para el progreso y el porvenir de los pueblos.’ Refugio Quiroz, 1890”.

En sus argumentos analiza que a finales del siglo XIX, todavía era indiscutible que la instrucción de la mujer estaba destinada al ámbito de la familia, a no contradecir los roles tradicionales de género. No obstante recuerda una petición de denuncia hacia el esposo, realizada por Rita Hurtado al periódico católico “El tiempo” en marzo de 1885.

La autora señaló como “las mujeres-madres podían aparecen en el espacio público y demandar derechos ligados a ese rol social. 1886. Así la mujer ha hecho oír su voz en son de súplica o protesta cuando ha creído lastimadas sus ideas religiosas o amenazados ciertos interese morales que se ligan estrechamente a la estabilidad de la familia. 1893.

En otro argumento precisa: “Estos impulsos generaron actividades e ideales que hicieron que las mujeres accedieran a la vida pública en la sociedad con la posibilidad de ser vistas y escuchadas.”

A partir de 1979, con la aprobación de la Convención contra toda discriminación hacia las mujeres, conocida como CEDAW, por sus siglas en inglés, se aportaron otros elementos internacionales que provocaron los cambios en la Constitución de la República de México, vinculados directamente a la necesidad de disminuir la brecha de género a favor de las mujeres tradicionalmente excluidas.

¿Qué viene ahora? En estos momentos cuando se avecinan los cambios de personas, hombres o mujeres, en los cargos de toma de decisiones para las instancias municipales, estatales y en el país, urge mantener la formación e información acerca de los derechos y obligaciones de la ciudadanía.

Con la ley de paridad electoral se avanza hacia una sociedad más igualitaria e incluyente. Pero la discriminación y otras manifestaciones de violencia política y de género son estructurales, están ancladas en la cultura, no solo por acciones masculinas, sino en las tradicionales formas de convivencia personal, laboral o política.

La historia señala que alguna vez las mujeres solo podían hablar de familia, y hoy con los derechos de libertad de expresión y de reunión, también se les convoca a interesarse por otros temas sociales y de política que las afectan en su condición de ciudadanas. Sin miedo, tienen que opinar y participar para decidir y ejercer sus derechos humanos y civiles.

 

@Letra Clara

*Maestra en Ciencias de la Comunicación

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