Sociedad Líquida: La inquisición de Facebook

Interesante se puso la semana con la comparecencia del creador y CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, ante el Senado de los Estados Unidos. Como seguramente ya habrá leído, estimado lector, dicha testificación ante los legislativos estadounidenses se dio como consecuencia del escándalo surgido ante la revelación del uso de datos por parte de la empresa Cambridge Analytica, extraídos mediante un algoritmo de los perfiles de Facebook, información que aparentemente fue estratégica para el triunfo presidencial de Donald Trump.

¿Qué es en sí lo que hizo esta empresa? Acorde a BBC, se crearon perfiles psicológicos a partir de la interacción de los usuarios de Facebook mediante sus “me gusta”, publicaciones, fotografías, etc. Esta información fue comprada por el equipo de campaña del ahora presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para diseñar anuncios publicitarios acordes al perfil de cada usuario, asegurando de esta manera un mayor impacto. Según la mima Cambridge Analytica, esto fue decisivo para el triunfo republicano en las pasadas elecciones en Estados Unidos.

Sin duda, uno de los temas torales que se han puesto sobre la mesa, es la confidencialidad y privacidad en el uso de los datos de todos los que somos usuarios de alguna red social. Sin embargo, y sin ser mi intención parecer abogado del diablo, mi reflexión va más allá, ¿quién debería ser el más interesado en proteger nuestros datos? Sí, la respuesta es nosotros mismos. ¿A qué me refiero?

Veamos, si bien es cierto que el principal responsable de permitir que un algoritmo de una empresa extraiga esos datos es el propio Facebook, esto aceptado por el propio Zuckerberg ante el Senado de los Estados Unidos; también es verdad que quienes gustamos de compartir nuestra cotidianidad en estas redes sociales digitales, somos los principales proveedores de materia prima para análisis cuantitativos y cualitativos. La reflexión que intento poner sobre la mesa es que si tanto deseamos cuidar nuestra privacidad, tenemos que comenzar por prestar atención a lo que compartimos.

Muchos de los que me conocen podrían decirme que debería predicar con el ejemplo, ya que es sabido que soy un usuario asiduo de las redes sociales. Sin embargo, ¿sabe cuál es la diferencia amable lector? Que yo no tengo ningún inconveniente en que se usen los datos que comparto por terceras empresas, ya que lo que comparto en todas mis redes tiene ese fin precisamente. Lo que no quiero que la gente se entere simplemente no lo comparto. ¿Ha escuchado hablar de las “Ciudades Inteligentes”? Bueno, pues para que éstas funcionen necesitan que se compartan los datos de los usuarios.

Las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) están allí para usarse con el fin de mejorar nuestra cotidianidad. Consciente estoy que todavía se tiene un camino por recorrer, principalmente legislativo, que asegure que la privacidad no se vea vulnerada. En este sentido, hago énfasis en aquella información que no deseamos compartir y es tomada por terceros, ahí si existe una violación de la privacidad, a menos que, como es usual, venga en esos términos y condiciones que no leemos. Hablo de los datos que compartimos al usar una aplicación de mapas para localizar una ubicación, captura de imágenes y video por un dron, algoritmos que leen nuestros correos electrónicos, etc.

Para que ello se pueda dar, los marcos legales a construir deben ser planteados por legisladores que en verdad conozcan del tema, que hayan sido asesorados por expertos en TIC. De lo contrario, se caería en ridículos como los senadores que interrogaron a Mark Zuckerberg, quienes no entendían el funcionamiento de Facebook, por lo que el joven CEO pasó gran parte del interrogatorio contestando preguntas absurdas y explicando con peras y manzanas qué hace y qué no su empresa.

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