Psicoecos

En días pasados tuvimos la oportunidad de compartir una imagen desde una de las redes sociales de nuestro Colegio COPSI A.C., el cual tengo el honor de dirigir en su primer comité directivo. La imagen lanzaba un comentario retador, en ella se podía leer: “Estudiar psicología no te hace psicólogo clínico, mucho menos un psicoterapeuta”.

Por supuesto que las reacciones no se dejaron esperar, y fue precisamente dentro de los comentarios que algunos usuarios se cuestionaban sobre cuál sería entonces el proceso que les permitiera desarrollar las competencias necesarias para ejercer la psicología clínica, sobre todo cuando las exigencias terapéuticas de los psicólogos clínicos han cambiado en las últimas épocas pues hoy en día puede ser mucho más común una tendencia de la población para llegar a consulta por cuestiones más bien asociadas a cuadros clínicos “menores”, que se desprenden de una exigencia por una mayor calidad de vida que por cuestiones “tradicionales” (como la depresión, trastornos de ansiedad, esquizofrenia, adicciones, entre otros más). Sin embargo, sea el requerimiento un tema de los “tradicionales” o los “menores”, es innegable que los programas de formación profesional para el área de psicología son insuficientes para el desarrollo de las competencias en el acompañamiento terapéutico.

Dentro de los comentarios que los colegas vertían en la página, surgía por supuesto quien atribuía el éxito de las cualidades por medio del ingreso a programas educativos sistematizados en sus procesos para el logro de un perfil de egreso, sin embargo, también fue posible darnos cuenta que la sola inscripción a programas de educación superior no garantizaba el alcance de un perfil profesional de psicoterapeuta. Otro de los comentarios apuntaba al desarrollo de una conciencia crítica sobre el propio proceder dentro del ejercicio con ánimos de cuidar un desempeño ético y respetuoso de la integridad de sus clientes para la resolución de problemas asociados a la calidad de la existencia.

Finalmente, alguien reconoció que gran parte de las habilidades del psicólogo se desarrollan sí en la práctica y ya entrados en verdades, alguien más se atrevió a declarar en la conversación: “La clínica te hace clínico”. No podemos menos que estar de acuerdo. Sin embargo, es también una visión muy limitada, pues si bien es cierto que ciertas horas de vuelo tendrían que hacer al piloto experto, también habría que reconocer que por sí solos, cada uno de los practicantes no estarían en condiciones de encontrar el despertar de la conciencia crítica, la resolución de problemas, el desarrollo de habilidades interpersonales, la capacidad de guiar comportamiento por valores socialmente relevantes, capacidad de abstracción, análisis y síntesis y/o la capacidad para tomar decisiones, todas ellas, competencias del Proyecto Tuning para Latinoamérica (2013) en la disciplina de la psicología. La conclusión a la que podemos que llegar es que es solo por medio de la conjugación de diversas condiciones que los profesionales de la psicología habrían de alcanzar las habilidades que los caractericen como competentes en este siglo XXI y éstas serían: la formación dentro de un programa educativo sistematizado, la práctica supervisada por expertos en el área, el desarrollo de una conciencia ética y finalmente pero quizá lo más importante, el ingreso del profesionista a un proceso psicoterapéutico personal para asegurarse de estar siempre en contacto consigo mismo.

El reto para nosotros los psicólogos es entonces, mantenernos atentos y conectados con la sociedad, con la comunidad estudiantil y con quienes conformamos este honroso grupo de profesionales de la salud mental, siempre con un espíritu alto para hacer eco de los temas que no pudieran encontrar espacio para la reflexión, sino es precisamente desde los escenarios públicos. Sea entonces este espacio un lugar de ecos, de ecos psicológicos.

*Presidenta COPSI A.C

rubi.graciano@itesm.mx

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