La dimensión de los retos del próximo canciller: Estados Unidos y Canadá.

PRIMERA PARTE

La nominación de Marcelo Ebrard a la Cancillería mexicana es el estallido de un primer petardo político. El mailing del gobierno entrante sobre del que se va, que a su vez simboliza la primera estocada que recibe el autor intelectual de la persecución que obligó a Ebrard refugiarse en París y luego Washington D.C.

El viraje de Andrés Manuel sobre quien sería el jefe de la política exterior, se debe a factores políticos pero también técnicos. No obstante se supo en el argot diplomático que al enterarse de que la decisión no favorecía a Héctor Vasconcelos, desfilaron gestos de solidaridad para quien fue en distintos periodos, embajador de México en la Europa nórdica.

Por otra parte, México, Estados Unidos y Canadá, que conforman uno de los subcontinentes de mayor trascendencia global, de dinamismo económico, comercial, migratorio y desde luego político, enfrenta dificultades severas, sobre todo en lo concerniente a la renegociación del tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN) y dependerá en buena medida, del oficio diplomático del canciller destrabar o no la continuidad del tratado.

Cabe destacar su importancia dado que dicho tratado se traduce en 46 convenios comerciales, que le genera a la economía mexicana ingresos por encima de los 374 mil millones de dólares anuales por concepto de exportación, que aporta 28% del producto interno bruto y que realiza el 16% del comercio global.

Por ello la insistencia de ajustar los convenios que hoy están vigentes y modernizar el mecanismo de libre comercio que garantizaría la continuidad del tratado y no derogarse como lo ha propuesto el presidente Trump en repetidas ocasiones.

La vulnerabilidad de México en caso de una posible revocación, desencadenaría en potentes crisis: comercial, económica y política principalmente. La relación bilateral con el vecino del norte podría anquilosarse y generar desequilibrios que se traducirían en costos políticos muy altos para el gobierno mexicano.

En este sentido, el próximo canciller asumirá evidentemente retos de primer orden, con encomiendas claras y responsabilidades que solo podrán resolver perfiles de alto rendimiento y experiencia probada en la materia. Cualquier error trascendente podría costarle a Ebrard su posición y desde luego su prominente futuro político dentro de la primera administración morenista.

Para los trabajos del TLCAN será imprescindible la coordinación de los equipos de las Secretarías de Economía y Relaciones Exteriores, así como el buen acoplamiento de los próximos embajadores tanto el de México en Estados Unidos como el de ese país en nuestro territorio.

Por lo tanto, una de las primeras tareas del subsecretario para América del Norte será coordinar los esfuerzos de comunicación, intercambio y cooperación entre ambas partes y desactivar explosivos dirigidos al presidente.

Seguramente los presidentes y el primer ministro canadiense se reunirán en varias ocasiones previo al epílogo del tratado. Mientras tanto, los equipos técnicos permanecerán atentos a cualquier eventualidad que originen algún tipo de vicisitud.

En otras palabras, el segundo semestre de este año es crucial para el nuevo canciller, pues de concretarse la renegociación del TLCAN -sin agravios sustanciales para nuestro país- el mérito será para él.

De cumplirse este escenario, Marcelo fortalecería su posición privilegiada frente al presidente electo y seguramente, se interpretaría como un total respaldo para dirigir la política exterior mexicana a su juicio.

Hasta ese momento se podrá visualizar entonces la transformación de la que tanto habló Andrés Manuel en campaña, cuando menos en política exterior, en donde hay asuntos pendientes que no podrán esperar mucho tiempo más.

Por ejemplo se podría abordar uno de los principales temas de campaña respecto a la urgente reingenieria de procesos de los 50 consulados que tenemos en Estados Unidos, así como impulsar iniciativas de ley sobre una política migratoria que dignifique a los mexicanos y centroamericanos que se repliegan en la frontera norte con la ilusión de encontrar mejores niveles de calidad de vida del otro lado del muro.

Se haría frente al tema de seguridad fronteriza que tanto demanda Estados Unidos y en donde México requiere sumar esfuerzos, sobre todo en los estados fronterizos del norte aunque también en los estados del sur.

En fin, el trabajo para el próximo canciller será arduo y tendrá muchas miradas sobre sus decisiones. Sus enemigos políticos no tardarán en intentar entorpecer el camino y el jaloneo entre los representantes del gobierno trumpiano no demorará en llegar.

La expectativa general sobre el canciller recae sobre todo en las agallas que muestre para que el gobierno estadounidense no continúe propinándole a México golletazos cada vez que tiene oportunidad de hacerlo.

Quien finalmente llegue a la cancillería, recibirá en sus manos una bomba de tiempo que marcará el futuro político del titular y definirá el triunfo del nuevo modelo en política exterior, en la que hay puesta la esperanza de todos los mexicanos, principalmente de quienes nos hemos sentido agraviados por el tono con el que ningunea a nuestro país, la desastrosa administración trumpista.

 

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