El silencio del 13 de septiembre de 1968, hace 50 años.

¡Hace 50 años! Como un eco, este 13 de septiembre se repitió una marcha del silencio. Más de 25 mil estudiantes salieron a marchar en demanda de una comunidad universitaria libre de violencia, libre de grupos porriles, libre de feminicidios, por un entorno más seguro y una mejor calidad en la infraestructura educativa.

La ruta fue la misma: del Museo de Antropología al Zócalo capitalino. Ni la amenaza de una tormenta apagó el ánimo. Alrededor de las 18:30 horas de este jueves, la marcha entró a la Avenida Juárez para avanzar por la calle 5 de Mayo en dirección al Zócalo capitalino, procedente del Paseo de la Reforma.

En el Zócalo ya se encontraba instalado un templete para llevar a cabo el mitin. Pero para no fallar a la memoria, al igual que hace 50 años, surgieron infiltrados. Un grupo de personas encapuchadas realizó algunas pintas en algunos edificios de la capital.

Existen en nuestra memoria algunos destellos que a pesar de que fueron breves los instantes, los días, semanas y meses, se condensan ahora en años, en momentos que nunca te abandonan y, al igual que existen instantes únicos en la vida personal, los hechos sucedidos en 1968, son aquellos en los que uno abreva siempre para nunca dejar de aprender.

Así fue la apuesta de aquellos jóvenes, que, junto con su rector, Javier Barros Sierra (25 de febrero de 1915, Ciudad de México, 15 de agosto de 1971), logró rescatar con una marcha con dignidad y luchar por la autonomía universitaria, imagen viva que perdura hasta hoy, después de medio siglo se recuerda.

La Gaceta Universitaria UNAM, como parte de la conmemoración por los 50 años del movimiento del 68, publica una serie de suplementos que pretende recuperar trozos de la memoria de lo acontecido durante esos días aciagos. Se trata de un ejercicio periodístico que, en la medida de lo posible, correrá en paralelo a los sucesos de hace medio siglo y reseña los hechos puntualmente. Este proyecto lanzó el Suplemento No. 01 el 23 de julio de 2018 y al 13 de septiembre llevan 16 suplementos.

El 30 de julio de 1968 el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz marcó una escalada en la represión a estudiantes: el Ejército y policía tomaron planteles de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Politécnico Nacional.

Un día antes, el 29 de julio, la policía impidió la llegada de manifestantes al Zócalo de la capital para concluir un mitin, por lo cual algunos jóvenes se refugiaron en la preparatoria 1 de San Ildefonso. “Era de madrugada y los estudiantes pensaron que dentro del edificio de la Preparatoria Nacional podrían refugiarse”, escribió Ricardo Raphael en El Universal.

En la Gaceta Universitaria, se atribuye la responsabilidad del operativo al entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría, y al presidente Díaz Ordaz.

“Echeverría solicita la intervención del Ejército, argumentando que la policía preventiva del Departamento del DF es impotente para someter a los estudiantes, quienes supuestamente alteran el orden de la ciudad y amenazan con asaltar las armerías del Centro”.

El Presidente autorizó la movilización del Ejército: los soldados salieron de sus cuarteles a bordo de jeeps militares y tanques ligeros para tomar escuelas, y en la madrugada irrumpieron en las preparatorias 1, 2 y 3, indica la Gaceta.

El Ejército mexicano destruyó, de un bazucazo, la puerta colonial barroca de la Preparatoria 1 de San Ildefonso, labrada en el siglo XVIII y que había sobrevivido a las guerras de lndependencia, Reforma y Revolución, y donde, cien años antes, el presidente Benito Juárez había inaugurado la Escuela Nacional Preparatoria, apunta la Gaceta.

Al amanecer, tras el bazucazo, la respuesta del entonces rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, no se hizo esperar y procedió al izamiento a media asta del lábaro patrio. La universidad había sido violada en su autonomía. La prensa nacional de la época reportó los hechos como enfrentamientos entre “revoltosos” o “agentes extranjeros”. Una marcha aún rodeada por la niebla del silencio, aunque muchas plumas aportan para esclarecer, 50 años no han sido suficientes.

En su informe de gobierno, Díaz Ordaz declara: “Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite y no podemos permitir ya que se siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico como a los ojos de todo mundo ha venido sucediendo”. Aplausos a reventar. ¡Apoyo total!

Otra marcha se suscita, la Marcha del Silencio. El viernes 13 de septiembre de ese año, hace 50 años. Se realizó en protesta por el desalojo violento de la Plaza de la Constitución (Zócalo), en el que ocurrieron detenciones arbitrarias, brutalidad policial y diversos enfrentamientos entre simpatizantes del movimiento y fuerzas como el Heroico Cuerpo de Granaderos y el Ejército Mexicano.

Fue convocada por el Consejo Nacional de Huelga (CNH) como una manifestación silenciosa pacifista, ya que era más elocuente que las palabras que acallaron las bayonetas, y por el silencio que hizo el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz en su Cuarto Informe de. Por tanto, se marchó no con las banderas rojinegras del CNH, sino con banderas de México y retratos de héroes de la Independencia y la Revolución. El trayecto fue desde el Museo de Antropología hacia el Zócalo, unos 6.1 kilómetros, aproximadamente.

Ese día, por la mañana, Díaz Ordaz encabeza una ceremonia cívica dedicada a los Niños Héroes en el monumento a éstos en Chapultepec, en donde dirige distintos mensajes a la juventud y a orientar su inconformidad hacia la creatividad, lo mismo hace el cadete Saúl Hernández Dorantes, quien afirma que la única bandera “es la de México”. Más tarde, el Presidente inaugura el Palacio de los Deportes como parte de las acciones de los Juegos Olímpicos de México 68.

Este viernes 13 de septiembre de 2018, estudiantes, integrantes del Comité del 68 y padres de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, encabezaron la Marcha del Silencio, la cual partió del Museo de Antropología al Zócalo capitalino, con la misma ruta.

En el Antimonumento a los 43, los contingentes se detuvieron, realizaron un minuto de silencio, un conteo del 1 al 43 para terminar lanzando un “Goya”. Esta movilización transcurrió de manera pacífica y ordenada. Por la mañana, elementos del Estado Mayor Presidencial (EMP) quitaron las vallas que rodeaban el Zócalo para que los contingentes ocuparan toda la plaza.

Retomando el movimiento estudiantil, se generaron momentos ácidos para el gobierno mexicano con los juegos olímpicos en la puerta. Buscó promocionar al país por medio de este evento de impacto mundial. Todo estaba dispuesto, quioscos turísticos, edecanes, vestuario, publicidad en las calles, campos y edificios deportivos, la Villa Olímpica y un amplio panorama cultural.

En contraste, el movimiento estudiantil lo utilizó para atraer la atención a los abusos gubernamentales. El conflicto entre ambas partes llegó a su punto culminante diez días antes de la ceremonia de apertura, cuando el Ejército Mexicano atacó una manifestación en la Plaza de las Tres Culturas y ocasionó la muerte de decenas de personas.

 

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