Lo que la tormenta exhibió.

Un día de esta muy fatídica semana, caminaba por la chulísima Calzada Galván, esa que se odia al volante y se disfruta al andar. Mientras marcaba el paso desde el criticado monumento a la niñez hacia la glorieta monumental, me encontré con algo que pecó de curioso y me hizo reflexionar; ahí en una de las bancas del Palacio Legislativo y Judicial, estaba echado sobre espalda y posaderas un sujeto de pelo cano y vestir singular, el hombre, quitado de la pena, le echaba unas carcajadas -de esas sabrosas- a su teléfono. Sin duda, un momento singular.

Justo ahí reduje la velocidad y me puse a reflexionar sobre si ¿aquel hombre no se habría enterado de que este lunes nuestro precioso estado vivió un indescriptible agandalle en el Congreso?, ¿no se habrá dado cuenta que una hora de lluvia bastó para sacar a relucir el cobre de la incompetencia municipal?, ¿se habrá enterado que Nacho Peralta pospuso del informe porque fue el único que atendió a la población en la tormenta?, ¿habrá olvidado que el 2 de octubre no se olvida? ¿Por qué se carcajea cuando nada tiene ni pies ni cabeza?

No podía concebir cómo reía después de que a media semana, por un lado, teníamos una locura pseudo-parlamentaria, que en “unos” era coherencia con la decisión ciudadana y en otros, atropellos a la democracia. Por otro lado, el torrente de agua nos dejó tan golpeados en la capital que el munícipe solo mostró la cabeza para deshacerse de una responsabilidad constitucional.

No entendía, simplemente no entendía, cómo aquel hombre no podía sentirse orgulloso de que un gobernador priorizara la vida que el foco de la cámara, cómo no mostraba la dignidad de una marcha, como parecía abyecto a todo.

Al continuar del andar, me di cuenta que como yo no entendía, probablemente él tampoco o simplemente no le interesaba, puesto que, ante tanta politiquería, es difícil desenmarañar la verdad de vez en vez.

Como ejemplo de ello me permito explicarle, mi querido lector, que en el caso del Congreso, para que un legislador pueda decidir sobre su persona, debe atender los intereses de quien representa, en este caso habrá que aplaudirle a unos y reprocharles a otros.

Por un lado, en el caso de los que eran petistas y pesistas y se trasladaron al movimiento, cumplieron el mandato de la boleta de moda, pues, aun siendo registrados por otro origen, la marca de la soberanía ciudadana estaba en Morena.

En el caso de la diputada Rosalba Farías, la antigua aliancista, no hay excusa, pues ella ni siquiera representa al ciudadano como tal, pues, siendo electa por vía lista de partido para atender las exigencias de los más de 16 mil simpatizantes del Panal, ella debería representar los intereses legislativos turquesas, mismos que ha abandonado.

Por otro lado, en el caso de los daños que dejó el vendaval vespertino, se dañaron tuberías, alcantarillados y drenajes, empedrados y pavimentos, nuestros árboles y patrimonio. Con solo cerca de una hora de intensidad pluvial, se expuso la inutilidad municipal.

Hablo de incompetencia no por ser alarmista o tesonero en el capricho por el resultado, sino porque los alcaldes en funciones, aún a días de terminar su reinado, están obligados a cumplir su mandato, la ciudadanía aquel 2015 les dio trabajo hasta el 14 de octubre del presente y deben cumplirle.

Gracias a una fuerza mayor, los daños no pasaron al siguiente plano, pero eso no exime de la responsabilidad, ya que las funciones más básicas de un municipio (fuera del debate del presupuesto) son simples al entendimiento: acatar el 115 de nuestra Carta Magna.

Si en su administración se hubiese velado por vialidades óptimas, sistemas de drenaje y alcantarillado bien proyectados, áreas verdes más cuidadas y el pleno funcionamiento del sistema de limpia, lo más seguro es que la historia hubiese sido otra, pero como el hubiera no existe, pónganse a trabajar.

Ya para cerrar, me permito dos o tres consejos: el primero de ellos es para la diputada que se cambió la pañoleta turquesa a la marrón: usted no se manda sola, atienda a quien la envistió, Aprenda de la filosofía que envuelve la democracia y representación, usted que es maestra entienda quién la puso en la curul. Entienda, usted llegó como voz de una minoría, y por arreglos bajo la mesa pisoteó a la democracia.

El segundo de mis consejos es para los ediles: no se olviden del ciudadano porque él no los recordó como esperaban en la boleta electoral, ustedes y su gente siguen cobrando la quincena y tienen que trabajar.

Y el tercero y ya para culminar, es para el hombre carialegre que despreocupado se carcajeaba: usted, mi amigo, siga en lo suyo. Sonría mientras siga pagando sus impuestos, continúe sin sufrir por lo que ocurre. Usted siga siendo feliz, no se inmute ni empiece a preocuparse, pues quien decidimos para gobernarnos, está cobrando muy bien y nos tiene que solucionar.

Comentarios

Notas Relacionadas