Arturo Noriega Campero, presidente del Colegio de Notarios del Estado de Colima.

Entorno urbano no facilita caminar: Noriega

Mucho menos el desplazamiento de adultos mayores o personas con discapacidad

Infoecos/Colima

“El entorno urbano no es favorable para la movilidad de las personas mayores, nuestras ciudades no se pensaron para personas con dificultades para caminar, y Colima no es para nada la excepción”, dice a Ecos de la Costa, en su calidad de vecino del centro histórico, Arturo Noriega Campero.

Tras reiterar la invitación para que los colimenses aprovechen el ‘Mes del Testamento’, y su promoción de realizar este trámite a una tarifa preferencial de mil pesos antes del 30 de septiembre, el presidente del Colegio de Notarios del estado de Colima sostiene que en los centros históricos de todo el país existen muchas barreras para una persona que usa andadera, silla de ruedas o bastón.

Postes, escalones, reducción de banquetas o ausencia de las mismas no favorecen al desplazamiento de los adultos mayores o personas con alguna discapacidad. Y aunque las sillas y otros aparatos han avanzado tecnológicamente, es “el equipamiento urbano lo que necesita remodelarse”.

Y la prueba está, dice el fedatario público, en que “antes veías en los parques y jardines a mucha gente anciana, pero ahora ya no porque es un problema llegar hasta ahí porque los tienen que llevar, de otro modo corren el riesgo de no llegar vivos, pues se exponen a muchos accidentes. Debemos pensar que es una satisfacción para cualquier persona no ser tan dependiente de los demás”.

Y en las áreas remodeladas de la ciudad, donde ciertamente se mejoró la movilidad, el problema es que no hay árboles: falta la sombra. “El clima de Colima es húmedo pero el aire no es caliente, la sombra proporciona la frescura necesaria para hacer soportable las altas temperaturas”.

Sin embargo, dejaron en las calles intervenidas los cajetes pero hace falta plantar árboles, con variedades que no resulten destructivas para el propio equipamiento y para las fincas cercanas. “En la Degollado pusieron una arbolitos que no acaban crecer”, cuando en otras vialidades han trasplantado palmeras ya desarrolladas. “Necesitamos árboles con unos dos metros de altura”, para que ya tengan fronda.

Noriega Campero lamenta que se esté perdiendo el patrimonio arbóreo de la ciudad. En una reciente borrasca cayeron como 60 árboles, muchos de ellos porque les han cortado las raíces para que los coches circulen sobre un pavimento nivelado, pero el árbol quedó frágil y con cualquier viento puede caer.

“Debieron ver la forma de desramar el árbol o quitarlo”, porque una copa de esas dimensiones, si no tiene anclajes firmes, al caer puede causar severos daños a vehículos, construcciones y personas.

 

¿ES REALMENTE EL INAH UN OBSTÁCULO?

Al considerar que el centro histórico debe adaptarse a las necesidades de la población, y no sólo de los que tienen automóvil, Arturo Noriega insistió en que la calle Madero “debe volverse peatonal, por lo menos los fines de semana, y sólo dejar abiertas a la circulación las transversales. En la Ciudad de México lo hicieron y se incrementó el comercio, porque entre más gente pase y pueda detenerse, más clientes potencial tienen los establecimientos”.

El titular de la Notaría Pública No. 11, reconoció que las fincas intestadas y abandonadas en el centro histórico son un problema de salud y no sólo de fisonomía urbana.

“Hay muchas casas que eran espaciosas y hoy son un baldío enorme, verdadero foco de infección. En Ciudad Guzmán estudiaron ese punto y lo supieron resolver facilitando trámites para regularizar las propiedades en litigio y facilitando acceso a créditos para rescatar esas casas.

“Remodelarlas de tal manera que, sin perder su estilo original, en la planta alta son departamentos y tienen un uso habitacional, y en la planta baja son locales comerciales. No sé si aquí el INAH, que dicen pone muchas restricciones, lo permita, pero es un organismo nacional y en el municipio de Zapotlán, Jalisco, se aplicó otro criterio”.

Por lo demás, “Colima no es una ciudad histórica, no tenemos construcciones coloniales, y se han hecho disfraces para mantener fachadas cuando adentro todo cambió. Dadas las condiciones de una zona sísmica, asentada sobre lodo, porque Colima se fundó entre ríos y los niveles freáticos son altos, cabe preguntarse qué sentido tiene mantener fachadas detrás de las cuales no hay nada, de no tocar muros que pueden caer sobre la calle en cualquier momento”.

Eso sin mencionar, agrega Arturo Noriega, que todas esas fincas tradicionales no responden a los requerimientos de accesibilidad (no tienen rampas ni espacio para hacerlas) ni de protección civil (“son construcciones, como el Teatro Hidalgo, que no tienen salida de emergencia”).

 

Adalberto Carvajal

 

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