En vida, el licenciado Humberto Silva Ochoa recibi

INTERÉS PÚBLICO

FUNDADOR DE LA ACTUAL UNIVERSIDAD:

Como se ha venido comentando, la Universidad de Colima decidió iniciar el año de festejos por su 75 aniversario con un homenaje al licenciado Jorge Humberto Silva Ochoa, quien fuera rector de esa casa de estudios entre 1979 y 1989.

Dejemos que los comentaristas del libro de José Luis Ramírez, Humberto Silva Ochoa. La refundación de la Universidad de Colima, que será presentado hoy a las 11 de la mañana en el Archivo Histórico de esa casa de estudios (sitio en avenida 20 de Noviembre, frente al parque Hidalgo), se refieran al esbozo biográfico y, sobre todo, a la magna obra académica, cultural y material que el homenajeado realizó en la institución educativa.

Ante su lamentable deceso, el 21 de mayo pasado, se dijo y se escribió mucho sobre la trayectoria educativa, política, social, periodística y como funcionario público del licenciado Humberto. Y todavía queda mucho por decir. Su legado no se agota en frases, absolutamente merecidas, como la de “creador de la Nueva Universidad” o la de “refundador” de esa casa de estudios. Pero si buscamos una definición que englobe las distintas facetas de su personalidad y las explique en función de un proyecto de vida, tendremos que hablar de Silva Ochoa como uno de los grandes líderes, uno de los grandes luchadores sociales que ha dado Colima.

No es fácil encontrar un liderazgo nato tan reconocido en el estado y fuera de él, como el de Humberto Silva en la historia reciente. Hijo de dos connotados maestros y heredero de un linaje de educadores, el joven Jorge Humberto se dio a conocer en la pequeña Colima de entonces como el estudiante de la Escuela Normal que fundó la Federación de Estudiantes Colimenses, precisamente en una banca del parque Hidalgo porque los funcionarios de la que nació como Universidad Popular de Colima no le permitieron usar uno de los salones del mismo edificio en donde hoy se encuentra el Archivo Histórico.

El movimiento estudiantil tuvo un propósito claro e inalterable, pese a las dificultades que enfrentaron: lograr que la Universidad de Colima fuera una institución autónoma y contara con un órgano de gobierno, el Consejo Universitario, en el que hubiera un número igual de consejeros estudiantes como el de maestros. Autonomía y Paridad eran requisitos para que la UdeC pudiera emprender un proyecto institucional, no atado a los vaivenes sexenales del poder político.

Humberto Silva fue el gran creador y articulador de ese movimiento estudiantil, su guía y conductor cuando, al arribo de Alberto Herrera Carrillo a la rectoría, el grupo de universitarios que lucharon por conquistar la Autonomía y la Paridad, asumieron cargos académicos y administrativos, y desde ahí empezaron a construir la nueva Universidad.

Al convertirse en rector, Silva Ochoa fue también el líder de una comunidad universitaria que se nutrió de profesionistas, investigadores y hacedores de cultura de reconocido prestigio en todo el país, a quienes el licenciado Humberto invitó a sumarse al proyecto institucional, como la única manera de acortar el proceso de formar una nueva generación de universitarios, con una visión moderna y comprometida.

Militante del PRI, Silva Ochoa fue más que un activo político un hombre de Estado que entendió el poder como un medio para lograr fines más nobles, aquellos que llevaran al beneficio colectivo y no a los privilegios de unos cuantos. Respetuoso de la disidencia, alentó la pluralidad y asumió que es la razón y no la fuerza la que debe prevalecer.

Para preservar el pensamiento liberal y revolucionario de Silva Ochoa, en ese centro de reflexión que son naturalmente las universidades, habría que abrir otros espacios aparte de la ocasional mesa redonda o los homenajes, espacios permanentes:

Fundar, por ejemplo, una cátedra en su nombre para volver sobre las ideas que él defendió y aplicó en la práctica; establecer una beca para impulsar la formación de aquellos jóvenes que serán los líderes del futuro; e instituir una presea para premiar a los universitarios en las funciones sustantivas que el licenciado Humberto se empeñó en cumplir como rector: la docencia, la investigación, la extensión de la cultura y la vinculación social de la Universidad.

Todas estas son propuestas que se escuchan en distintos círculos, dentro y fuera de la comunidad universitaria.

 

LOS MAESTROS Y LA POLÍTICA:

En su visita a Colima, el presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Juan Díaz de la Torre, destacó el papel político que han tenido los maestros de México. Dijo que al margen de que los docentes “representamos la conciencia de este país”, nuestro país “no tiene otra estructura, además del Ejército, que el ejército civil que somos los maestros, que han sido fundadores de partidos políticos y han sido extraordinarios gobernantes”.

Y al ser cuestionado sobre las aspiraciones del presidente municipal de Colima, Federico Rangel Lozano, quien además de haberse formado como profesor normalista fue dirigente de la sección 39 que agrupa a los antes llamados ‘maestros estatales’, y es, por lo tanto, uno de los cuadros políticos del SNTE, Juan Díaz dijo que “un maestro sería un buen gobernante”.

Su comentario aparentemente parco, tiene mucho fondo sobre todo cuando se analiza qué quiso decir el dirigente magisterial al hablar de un “ejército civil”. Los priistas intuyen a qué se refirió Díaz de la Torre, pues muchos de esos comisionados sindicales que ahora están siendo llamados a cumplir sus tareas educativas prestaron servicios al Revolucionario Institucional (y en tiempos más recientes al partido Nueva Alianza) como promotores del voto, representantes de casillas y, por qué no decirlo, no pocas veces como alquimistas electorales.

No faltará quien objete las palabras de Juan Díaz en función de la actuación de los maestros de Oaxaca, pero sin negarles su derecho a defender sus conquistas laborales ni descartarlos como parte de la conciencia de este país, se deslindó de los métodos empleados por los sindicalistas oaxaqueños que, fundamentalmente, se oponen a la aplicación de la Reforma Educativa del presidente Peña Nieto en el estado de Juárez.

Sin duda, Juan Díaz desatará la furia en contra del profesor Rangel, cuyos detractores no perderán oportunidad de restregarle en su cara el antecedente de Elba Esther Gordillo, que fue expulsada del PRI por haber creado el Panal, después de haber ocupado simultáneamente la coordinación de la bancada en la Cámara de Diputados y la Secretaría General del Comité Ejecutivo Nacional del Partido.

Ni olvidarán mencionar al antecesor de la Maestra en el cacicazgo magisterial, Carlos Jongitud Barrios, quien llegó a ser gobernador de San Luis Potosí. O los más recientes ejemplos de los hermanos Humberto y Rubén Moreira Valdez, ambos gobernadores de Coahuila. El segundo de ellos, todavía en el cargo, sigue luchando contra el estigma de su hermano, quien tuvo que renunciar a la dirigencia nacional del PRI ante el escándalo por el desmesurado endeudamiento de su administración.

De gira por Colima para echar a andar la campaña SNTE Verde, con la que probablemente trata de fortalecer el posicionamiento político del sindicato de maestros ante las definiciones políticas que habrán de hacerse en los estados, como Colima, donde habrá elecciones locales en 2015, amén de acreditar la fuerza gremial que respalda a los maestros que contenderán por las diputaciones federales en los comicios intermedios del año próximo, Díaz de la Torre tuvo razones para recordar la aportación magisterial a la política colimense.

Con ello, vino también a apoyar la posición de Federico Rangel en la situación coyuntural que vive el PRI, donde 10 cuadros distinguidos compiten por la candidatura a gobernador de Colima.

Los maestros han jugado un papel destacado en el estado. Y no sólo porque Colima ha sido tierra de grandes educadores, como Gregorio Torres Quintero, creador del método onomatopéyico; Balbino Dávalos, hombre de letras y uno de nuestros grandes diplomáticos, o Basilio Vadillo que, aunque jalisciense, hizo su gran obra educativa en Colima.

Otros son más reconocidos a nivel local, como Rafaela Suárez, Susana Ortiz Silva, Juan Silva Palacio, Josefina Arreguín Guerrero, Manuel Velasco o Rubén Vizcarra, a quien el gobernador Torres Ortiz encargó el proyecto de creación de la Universidad Popular de Colima.

Y hay una pléyade de maestros cuya memoria está asociada a esta casa editorial, como Heliodoro Silva Palacio y Esther Ochoa Mendoza (padres de quien fuera nuestro director general, Jorge Humberto Silva Ochoa, que amerita mención aparte por una obra educativa que incluye la refundación de la Universidad de Colima), Aniceto Castellanos o los hermanos Juan y Gregorio Macedo López.

De la Escuela Normal de Colima salieron maestros para dar y prestar a otros estados donde escaseaban los mentores, como Sinaloa, Sonora y las dos Baja California, a donde los maestros de Colima llevaron sus conocimientos y vocación de servicio, por lo que son recordados todavía.

En la política estatal, tiene razón Díaz de la Torre, los maestros han tenido un papel protagónico. Si avanzamos hacia atrás en la historia, encontramos a varios gobernadores que se formaron como maestros: el más reciente Arnoldo Ochoa González, quien cubrió el interinato a la muerte del profesor Gustavo Vázquez Montes en 2005; y Carlos Flores Dueñas, que cubrió el interinato a la anulación de las elecciones ordinarias de 2003.

Por supuesto, la maestra Griselda Álvarez Ponce de León (1979-1985). Y antes que ella, Arturo Noriega Pizano, que resultó electo en un proceso extraordinario al que se convocó tras el suicidio en 1973 del gobernador electo Antonio Barbosa Heldt, quien también fue profesor y oficial mayor de la SEP.

El gobernador Pablo Silva García, cuyo periodo abarca de 1967 a 1973 y que fue director general de Educación a nivel nacional, era maestro. Y más atrás rastreamos nombres como el de José Felipe Valle, que gobernó entre 1917 y 1919.

Finalmente, no podemos olvidar al ingeniero Jesús Robles Martínez, colimense de nacimiento y fundador del SNTE y la FSTSE, más tarde director de Banobras, que fue figura referencial en la política nacional y colimense durante los años 50 y 60.

LOS 75 AÑOS DEL PAN:

El Partido Acción Nacional está cumpliendo 75 años de fundado y la celebración de este simbólico aniversario se da en medio de la polémica respecto a la supuesta tibieza en la conducción de Gustavo Madero, que por si fuera poco carga con el peso del apellido del apóstol de la democracia, Francisco I. Madero, y la homonimia de uno de los primeros mártires de la Revolución.

Al Madero de hoy se le acusa de no tener proyecto institucional y de ligereza política; de encabezar una dirigencia envuelta en chismes de malos manejos y escándalos de tipo moral.

Para bien y para mal, el PAN se ha apartado de sus postulados originales. Inspirado en el movimiento falangista español, el fascismo italiano y el nacional socialismo alemán, la Acción (Católica) Nacional surgió como respuesta al proyecto revolucionario, en particular para luchar contra los ideales agraristas y de educación socialista del cardenismo.

Ese aliento ideológico original estuvo presente en la añoranza cristera de Vicente Fox, en su toma de posesión como primer presidente de la República emanado del PAN, o en la corriente de ‘El Yunque’, la línea dura del blanquiazul que mira con nostalgia los años del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, el temible MURO del 68.

Sobre esa base anti-izquierda, los intelectuales que firmaron el acta constitutiva plantearon la necesidad de un modelo político democrático frente al esquema corporativista del partido de la Revolución.

Con el advenimiento de la monarquía sexenal, el PAN se propuso ser la conciencia moral del régimen, la leal oposición. Y aunque lograron triunfos en distritos y ayuntamientos a finales de los 50 y durante los 60 y 70, el partido se condenó a sí mismo a ser una presencia testimonial. En las elecciones presidenciales de 1976 ni siquiera presentaron candidato.

Hasta que el surgimiento de una corriente pragmática rompió esa inercia (y provocó la salida de los doctrinarios, entre ellos Luis Calderón Vega, fundador del PAN, y padre de quien sería el segundo presidente de la República de extracción panista, Felipe Calderón Hinojosa). Con el nuevo enfoque, tras reconocer el impugnado triunfo de Carlos Salinas, el PAN obtuvo su primera gubernatura en Baja California y, en el 2000, sacaron al PRI de Los Pinos, para devolverle Palacio Nacional al tricolor 12 años después.

El PAN de 1939, el de antes de 2000, el de la irónicamente llamada ‘docena trágica’ (los sexenios de Fox y Calderón) y el de ahora, son distintos y, al mismo tiempo, el mismo partido.

No es que transitaran de la derecha al centro, por la vía de la democracia cristiana, es que el populismo priista abandonó las luchas revolucionarias, renunció a su discurso social demócrata y se corrió hacia la derecha por la vía del neoliberalismo y la globalización.

La gran tragedia del PAN es haber alcanzado el Poder Ejecutivo sin representar ya una alternativa al priismo neoliberal que sustituyó (y el cual había abandonado el nacionalismo revolucionario a partir de 1982).

El PAN tampoco se distingue ahora del nuevo PRI, más que por su falta de operatividad política para sacar adelante las reformas estructurales que los organismos internacionales le impusieron a nuestro país.

Si la corriente del ex presidente Calderón acusa a Madero de haber desdibujado al PAN, es quizá porque el ala del PRI-AN que representa el dirigente nacional del blanquiazul, es comparsa del poder pero no gobierna.

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