Víctor M. de Santiago

EL 68: RAÚL ÁLVAREZ GARÍN

El pasado viernes 26 de septiembre murió, a los 73 años de edad, Raúl Álvarez Garín, luchador social, militante de izquierda, uno de los líderes más emblemáticos del movimiento estudiantil de 1968, y fundador del Comité 68 Pro Libertades Democráticas desde el 2000, para exigir castigo a los responsables de la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco. En octubre de 1968 fue acusado de sedición e incitación a la rebelión, por lo que permaneció casi tres años preso en Lecumberri. Durante un tiempo vivió exiliado en Chile. Destacado militante de la izquierda, actuó como dirigente de la Juventud Comunista de México y de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, al lado de Rafael Aguilar Talamantes, Gilberto Guevara, Arturo Martínez Nateras, entre otros.

Enérgico y eficaz organizador, de honestidad a toda prueba, no tuvo talante carismático, pero sí se ganó el respeto de sus compañeros y también de sus adversarios políticos. Durante sus años de madurez fue miembro de varios partidos derivados de la disolución del Partido Comunista Mexicano, cuya secuela más reciente fue la integración con ex priístas y otras organizaciones de izquierda, del Partido de la Revolución Democrática, del cual a la postre fueron desplazados paulatinamente los representantes de la izquierda histórica de corte marxista, como el propio Raúl Álvarez y Arnoldo Martínez Verdugo, para dar paso a la actual burocracia perredista.

Álvarez Garín dijo de sí mismo: “Me veo poco en el espejo. Lo que sí puedo decir categóricamente es que no me ando construyendo imágenes. Eso lo reflexioné en 1994-95, cuando dejé el Comité Ejecutivo Nacional del PRD. Me pregunté por qué andaba en esas cosas políticas. Por megalomanía no, porque eso no me causa mayor interés. Es más bien como una obligación civil frente a los demás, una cuestión moral, de qué hacer.”

La triste noticia del fallecimiento de Raúl Álvarez, hace inevitable recordar que hoy, 2 de octubre, se cumplen 46 años de los acontecimientos de Tlatelolco, con los que culminó en forma cruenta el movimiento estudiantil de 1968, iniciado el 26 de julio de ese año, como respuesta a una feroz represión policiaca contra manifestantes. Hubo entonces un estallido multitudinario, protagonizado por cientos de miles de jóvenes. Es tiempo de asomarse a dichos sucesos, viéndolos como una experiencia vital de enorme trascendencia para toda una generación de estudiantes y jóvenes en general, principalmente en la Ciudad de México, quienes, además de protestar contra el autoritarismo represivo, fueron los verdaderos detonadores de un cambio hacia mayores libertades públicas y personales. De ahí que sea un hito o punto de inflexión en la Historia del México de los últimos 50 años, cuyas transformaciones democráticas se derivaron de ese acontecimiento.

Los primeros días de movilización estudiantil, predominaron las acciones espontáneas y el surgimiento de líderes fue ocurriendo en el transcurso de los días, aunque había entre los involucrados, cuadros con experiencia política, principalmente de militancia en el Partido y la Juventud Comunista. Sin descartar, por supuesto, a quienes carentes de fogueo, fueron formándose como líderes al calor del movimiento.

En los días subsiguientes, las asambleas del CNH se realizaron en el auditorio de la Facultad de Medicina, en Ciudad Universitaria y ya fue notoria la presencia de una dirección más estructurada, aunque las responsabilidades eran asumidas en forma rotatoria para evitar cualquier asomo de corrupción o decisiones inconsultas.

Gilberto Guevara Niebla, Eduardo Valle Espinosa (El Búho), Marcelino Perelló, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Roberto Escudero, Luis González de Alba, Salvador Martínez Della Roca (El Pino), Lucio Hernández Gamundi, Sócrates Campos Lemus y el recién fallecido Raúl Álvarez Garín, no fueron los únicos, pero sí los más relevantes entre los dirigentes del CNH, apoyados por maestros e intelectuales, como Heberto Castillo, Elí de Gortari, Fausto Trejo y José Revueltas, quienes también terminaron en la cárcel.

Pese a sus divergencias ideológicas, políticas y personales, tuvieron la capacidad de articular un pliego petitorio con puntos muy claros, cuya esencia era la defensa de las libertades ciudadanas, la derogación del delito de disolución social, la libertad de los presos políticos, la destitución de los jefes policiacos responsables de la represión y la desaparición del cuerpo de granaderos.

Más adelante, alguien habrá de ahondar en la semblanza de Raúl Álvarez Garín, con el fin de darle el justo valor a su contribución para transformar a México en un mejor país, con pleno respeto a los derechos de sus ciudadanos.

Víctor M. de Santiago Fuentes

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