José Gilberto García Nava

40 años de la Cenaduría Mercedes, en la Villa. ¡Felicitaciones!

Digresiones Personales

Cada persona se enfrenta, en su vida, a retos que no es posible eludir. Depende de cada una, de sus fortalezas, temple y actitudes, los resultados positivos y negativos que obtenga de ese enfrentamiento. Mercedes Llerenas González, doña Meche, es una de ellas. Ejemplo admirable del espíritu indomable de una mujer que no se amilanó ante la adversidad y que hoy puede decir con plena satisfacción que venció al destino negro que le acechaba. Hace 40 años, el 4 de octubre de 1974, doña Meche se enfrentó a una realidad apremiante: su marido había fallecido recientemente y tenía ocho hijos que alimentar y sostener. Decidió abrir una pequeña cenaduría para subsistir. Su impreparación escolar no le permitía incursionar en otra actividad. Le apostó a su cualidad de preparar comida sabrosa. En su modesta casa de Juárez #18 inició por las noches la venta de antojitos, de esos que al paso de los años han hecho las delicias del paladar de miles de colimenses y mexicanos. Pero cuatro años después, en 1978, con la seguridad que le brindaba la respuesta entusiasta de sus clientes, trasladó sus enseres y energías al pleno centro villalvarense, a una casona ubicada en la esquina de Colón e Hidalgo, hoy desaparecida por la ampliación de la avenida, a un lado de la famosa paletería que, por cierto, no es originaria de La Villa. Don Leobardo aprendió los helados secretos de su suegro, allá en Cuauhtémoc. Un origen que ese buen hombre se cuidó de que no fuera conocido.

En la camioneta de Toto Pimentel, todas las tardes doña Meche trasladaba el pozole, los tamales y demás guisos de su casa al local de don Leobardo Dueñas, pues éste carecía de cocina. Al terminar las labores, de nuevo don Toto hacía el viaje de regreso a casa, trasladando además el cansancio nocturno de la indomable mujer y de algunos miembros de su familia. En este local conocí a mi futura comadre, pues muchas tardes de vacaciones, varios compañeros del Tecnológico acostumbrábamos asaltar la cenaduría, en el marco de una ruidosa plática académica: Gabriel León, mi líder José Luis García, Nono Vogel, Fernando Olmedo y muchos más. Para 1984, el maestro Carlos Torres Téllez construyó un local en su propiedad de Merced Cabrera y Aquiles Serdán, para dar albergue a la ya conocida Cenaduría Mercedes. 30 años esos muros le dieron cobijo. 30 años que permitieron a Mercedes Llerenas posicionarse en el gusto y preferencia del público. Miles de madrugadas para escoger la fresca verdura y la mejor carne. Miles de días en los que Mercedes Llerenas no cejó, a pesar de enfermedades y dolencias, de alegrías y malas noticias. Siempre ahí, cada mañana, para preparar los ingredientes, para abrir por las tardes y entregar a sus clientes el resultado de su dedicación colectiva, pues muchas empleadas y uno que otro varón le han respaldado en esta empresa desde hace muchos calendarios.

El pasado sábado 4 de octubre, el mismo día que cumplió 40 años, Cenaduría Mercedes abrió su nuevo local en la avenida Enrique Corona Morfín, la que conecta con la carretera a Comala, por la acera de regreso del ex pueblo blanco, a una cuadra de las instalaciones de Telmex. El cordonazo de San Francisco hizo presencia “justamente” (como ahora repiten sin ton ni son los locutores de los medios informativos) a la hora de la inauguración y bendición del local, propiedad del gran amigo empresario Miguel Frías León. Kike Rojas, el presidente municipal dinámico, inauguró el local y el padre Carlos Santana (que por cierto no sabe nada de guitarra) lo bendijo. Un local amplio, cómodo, equipado con visión y acierto, con espléndido y enorme estacionamiento gratis para los clientes.

La tarea inaudita del traslado, que requirió de muchos meses de preparación, inversiones monetarias, trabajos arduos y un sinnúmero de desvelos, se debe a un valiente villalvarense, que lleva en la sangre la genética de la cultura del esfuerzo. Es esposo de Margarita, la catedrática hija de Mercedes y origen del compadrazgo con ella, puesto que tuve el honor de apadrinarlos en su boda, en el lejano año de 1992. Carlos Torres Campos, hijo del afamado maestro de literatura, se ha revelado como un notable e incansable organizador. Doña Meche aportó la tradición gastronómica, su sazón, su experiencia. Pero Carlos y Mireya (que así le llamamos a Margarita todos los que la queremos) han puesto la visión de empresarios y la modernidad, que no es poca cosa. Mi comadre debe estar contenta de tener a dos hijos como ellos, puesto que le han proyectado su empresa a otros niveles. Hijos que deben ser su orgullo y satisfacción. Las cenadurías Julia y Juanita deben pensar ahora seriamente en su futuro, ante el éxito del cambio de su competidora. La cenaduría Mercedes ha dado un paso firme por senderos en los que pronostico un horizonte promisorio. Vale la pena, comadre, apoyar e impulsar a esas joyas que son Carlos y Mireya.

Como todas las empresas humanas y familiares, no todo es pan sobre hojuelas. Hay nubes que, a veces, amenazan y que otras asoman un rostro desagradable que a nadie deleitan. Doña Meche tiene que saber cuáles son esos saldos negativos y apresurarse a corregirlos. Algunos los tiene muy cerca. Con verdadera frialdad debe evaluar lo que ha realizado en cuatro décadas. No de en balde 40 años le han proporcionado experiencia. Un consejo, si es que se vale: los tiempos son otros, comadre, y para enfrentarse a ellos lo que antes le funcionó a usted ya no es suficiente. Confíe sinceramente en quienes le quieren y le han demostrado su valía y vigor, pero sobre todo, su confianza y honestidad. Ese es el camino: confianza. Recuerde el caso de otros familiares a los que les salió el tiro por la culata. No se le olvide. Aprenda de esas lecciones.

Por lo demás, le mando el mejor de mis abrazos y las expresiones más sinceras de mi felicitación y de mi familia. Se lo merece esta enorme mujer que ya es parte de la historia gastronómica de Villa de Álvarez. Larga vida a la Cenaduría Mercedes, a su dueña y a quienes le relevarán algún día.

Mi correo es gilberto53colima@hotmail.com. ¿Se anima a enviarme un comentario?

José Gilberto García Nava

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