Homilía: La cosecha es mucha y los trabajadores pocos

En tono un poco grosero: qué regañada pone Cristo a sus apóstoles y actualmente a todos los predicadores de su doctrina, les dijo: “Vayan y prediquen, anuncien a todas las gentes”. Tengamos en cuenta lo que nos dice. Vamos tirando gustos y conveniencias en esto tan descuidado actualmente y, lo peor, tan desquiciado. Nos hemos llenado de cursos y grupos, de reuniones aparentando deseo de cumplir el deber de predicar el Evangelio y solamente buscamos dinero: “Pagarán tanto”. Cristo nunca cobró. Me dijo un señor: “Tengo que dar mil 500 pesos para el bautismo de mi hijo y gano semanalmente 900 pesos”.

Cristo recibió el Espíritu divino, la elección y el envío, es el alma de la Iglesia. Actuó y actúa como evangelizador, prometió conducir, entregó palabra, pidió ser escuchado. Ni las técnicas más perfectas reemplazan su acción. Cuidado, creemos que una preparación perfecta, una dialéctica convincente, esquemas sociológicos o sicológicos tendrán la predicación de Cristo. Delante de todo debe estar el Espíritu de Dios, para cumplir la misión evangelizadora.

Cuidado, evangelizadores. Actualmente se tiene sed de autenticidad. Se está sufriendo con lo ficticio y la falsedad, sobre todo los jóvenes; se exige la verdad y transparencia, hasta están acudiendo al Vaticano los jefes de Estado. Por eso, actualmente se necesita una actitud vigilante: ¿Creemos lo que anunciamos?, ¿vivimos lo que creemos?, ¿predicamos lo que vivimos?, ¿nuestra vida es testimonio de lo que predicamos?, ¿nos hacemos responsables del Evangelio que predicamos? Muchos estarán diciendo: “Qué tiros tan duros para los padrecitos”. No, es para todos los seguidores de Cristo; también si tienes o estás en tantos grupos de las parroquias donde obtienen capital los que dicen que están sirviendo a Dios: “Te invitamos al grupo de los Cachetitos de la Virgen”; asiste a la reunión que tendremos, solo pagarás mil pesos”.

Los pensantes se escandalizan en la Iglesia de hoy. Está desquiciada la solidaridad; faltan ardor y actividad misionera; se desquició la unidad: “Para que el mundo crea” se necesitan caridad y liberación. Mucho cuidado. La propaganda debe cuidar la verdad, la ambición, la fama. No descuidemos la verdad y la mentira, las conveniencias y ambiciones.

Cristo no dijo: “Esto deben hacer los 12 apóstoles que he elegido”. Todos sus seguidores deben anunciar su Evangelio, su doctrina: “Vayan por todo el mundo”. Cuidado. Estamos actualmente desquiciados y nos parecemos al pueblo judío cuando Cristo vino a predicar y redimirnos. Por eso lo corrían los fariseos, los publicanos, los saduceos, los sacerdotes. Actualmente se ha descuidado lo espiritual y toman fuerza las organizaciones, los grupos que han encontrado métodos para obtener fama y dinero.

Todos los predicadores deben animar espiritualmente a las comunidades locales; han de ser testigo de una Iglesia llamada a la santidad; se necesita vida de testimonio de las bienaventuranzas evangélicas y que del celo evangélico brote una santidad de vida. Actualmente el mundo exige que los evangelizadores hablen de Dios, como si vieran lo visible, que haya sencillez de vida, espíritu de oración, obediencia y humildad, desapego de sí mismos, renuncia a gustos y caprichos.

Cuidado con tantas desviaciones. Recordemos: somos Dios y nosotros, y debemos actuar con responsabilidad. Porque ciertamente Dios está con nosotros, pero nos ha encomendado que dominemos a la materia. Hoy nos dice: “Vayan y prediquen, anuncien a todas las gentes”.

Tengamos en cuenta la necesidad de la unidad. Porque perturbamos, desorientamos y escandalizamos: hay querellas doctrinales, polarizaciones ideológicas, condenas recíprocas, se predican diferentes teorías sobre Cristo y la Iglesia, son diferentes las concepciones de la sociedad y sus instituciones humanas. Se ocupa unidad, como prueba de credibilidad en los evangelizadores. Se creen adultos en la fe y no superan tensiones en la búsqueda común.

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