Cada lunes desde algún lugar de Jalisco: El libro La imitación de Cristo

La dolorosa derrota en futbol de México contra Alemania decepcionó a los que esperaban que nuestro país ganara la Copa Confederaciones y confirmó a quienes, sobre todo desde la goleada contra Chile, critican al entrenador nacional Juan Carlos Osorio, por no tener un equipo base y hacer demasiados cambios, que por ejemplo dejaron fuera en ese juego al que para muchos es el mejor delantero mexicano: Carlos A. Vela Garrido.

Entre los libros católicos más importantes se encuentra uno escrito originalmente para monjes jóvenes en formación, que leía cotidianamente Ignacio de Loyola, que Juan Pablo I tenía en sus manos cuando falleció y que Teresa de Lisieux, a los 14 años, y Tomás Moro prácticamente se sabían de memoria: La Imitación de Cristo, de Thomas Á Kempis (1380-1471), probablemente el libro católico más leído después de la Biblia, que profundiza en la naturaleza humana de una forma tal que puedan entenderlo personas de cualquier edad, de diferentes épocas y de todas las naciones.

Kempis, monje del siglo XV, fue parte de un amplio movimiento surgido en los países bajos llamado “Devotio Moderna”, que trataba de incrementar la santidad que se había relajado, considera la oración más importante que el estudio, se inspira en la Biblia y la patrística, afirma que es mejor sentir arrepentimiento que saber cómo definirlo y que no sirve saber argumentar sobre asuntos recónditos, si no se nos preguntará sobre los mismos el Día del Juicio. Insiste en que lo más importante es nuestra disposición interior, muestra la relación con Dios a través de las palabras de Jesús y habla de la falta de sentido de la vida cuando no se tiene fe.

Para lograr el objetivo, Thomas valora positivamente la sicología humana, advierte constantemente contra decepcionarse a sí mismo, considerarse santo, criticar a otros mientras se ignoran los defectos propios y afirma que se requiere una vigilancia constante: “Solo tendrás una vida interior devota, teniendo cuidado de ti mismo y guardando silencio en lo que respecta a otros”. El libro es una celebración apasionada, de Dios, su amor, su misericordia y su santidad. Ha inspirado conversiones y estimulado a devotos por más de cinco siglos.

La Imitación de Cristo se divide en cuatro partes o libros, y cada uno de ellos en capítulos. El primer libro contiene exhortaciones útiles para una vida espiritual. El segundo, directrices para la vida interior advirtiendo a los lectores que deben preocuparse más por las cosas espirituales que por las materiales. El Tercero, consuelos para la vida interior, muchas veces a través de diálogos con Jesús; y el cuarto se dedica a algunos de los consejos que incluyen la imitación de Cristo, consideraciones sobre la Eucaristía, cómo debemos acercarnos a ella y cómo debemos recibirla.

Aunque La Imitación de Cristo fue pensada para monjes y algunos de sus consejos son para aplicarse en monasterios, no se ha perdido el interés de sus lectores durante los cinco siglos que han trascurrido desde que fue escrita, ni se ha evitado que la valoren positivamente protestantes y miembros de otras religiones. Aunque es fácil de leer, no se trata de una novela que deba continuarse hasta terminar, debe leerse poco a poco, como la Biblia, deteniéndose, reflexionando e incluso rezando, para conocer lo que algunas personas han encontrado durante más de 500 años, en este clásico de los libros de espiritualidad.

John Jardon SJ afirma: “El tema principal de esta obra de Thomas Á Kempis, es que desde que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, imitándolo como hombre, nos parecemos más y más a Él que es Dios”.

Hasta la próxima semana.

 

ferfvlev@prodigy.net.mx

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