Crecimiento emocional integral: Psicoterapia para dejar el pasado atrás

En la vida hay muchas situaciones, vivencias que nos duelen, nos marcan, nos definen. El sufrimiento es inevitable, es parte de la vida. Sufrimos porque amamos y no podemos controlar que el amado no sea tocado por la vida “ni por el pétalo de una rosa”. Este es un ejemplo, entre otros, de que sufrir es inevitable. Sin embargo es una obligación para con nosotros mismos librarnos del sufrimiento inútil, del repetirnos la novela con objetivos de autoconmiseración, adicción a la melancolía o incluso chantaje emocional para quienes nos rodean.

Una gran fuente de sufrimiento proviene de lo que ya pasó hace tiempo o hace mucho tiempo y que ya no podemos cambiar. Primero porque ya fue, no existe, segundo porque hoy las cosas no son como allá y entonces, y tercero porque lo vivido no se puede borrar aunque nos dé amnesia. Somos lo que fuimos, por eso es que es imborrable. Si yo soy como soy y estoy en las relaciones que estoy, haciendo lo que hago es por lo que me ha pasado y que me ha constituido. No podemos eliminarlo como se elimina un archivo en una computadora.

Entonces dejar el pasado atrás significa que modificamos nuestra actitud hacia lo que nos pasó, que le damos un significado constructivo y que desahogamos el dolor de allá, y entonces y concluimos asuntos pendientes para sanar la herida emocional. Lo que no vamos a poder evitar es que la herida sanada va a dejar cicatriz. Será un recuerdo de una herida, pero ésta ya no sangra ni duele. No podemos evitar que nuestro pasado nos marcara. De hecho hace que seamos lo que somos. El chiste es que no sea un obstáculo para un futuro grandioso y un presente gozoso.

Dejar el pasado atrás implica desapegarnos de nuestra propia historia. Muchas veces nos encanta contar nuestros dramas y revivir nuestras tragedias. Lo hacemos continuamente. Es el tema de muchas de nuestras conversaciones, es el contenido de nuestros chantajes, es la excusa que ponemos acerca de nuestro comportamiento. Representa nuestra imagen ante los demás y no nos cansamos de refrendarla. En la medida que nos importa mucho nuestra historia más difícil será cambiar, renovarnos, aprender, pues determina la imposibilidad de dejar el pasado atrás. Lo solemos invocar con cualquier pretexto, ante cualquier reto o incluso para identificarnos con otros y sentirnos pertenecientes.

A veces el pasado está presente en nuestra vida en forma de excusas: “Así soy, así era mi mamá, así me educaron, es que fui abandonado, así me hicieron, es que yo viví eso y lo sigo buscando, es que como viví violencia, es que como en mi casa todos tomaban, es que…”. También el pasado se instala en nosotros en forma de hábitos. Solemos hacer cosas de un cierto modo para evitar el dolor, porque mamá no quería que lloráramos nos habituamos a bloquearlo para siempre aún cuando ella ya no está y somos adultos. Podemos establecer actitudes automáticas ante el amor, por miedo a ser lastimados, por desconfianza. Cada quien tendrá que ver en su psicoterapia qué hábitos negativos sigue repitiendo para evitar el dolor de una situación pasada.

Algo fundamental para dejar el pasado atrás es perdonar. Aceptar las cosas como son, comprenderlas y decir “te libero de mi odio, mi rencor, mi resentimiento, mi reclamo y el fracaso en mi vida como acusatorio de lo que no hayas hecho bien en mi crianza”. Es difícil perdonar a nuestros padres si fueron ellos los que nos marcaron con el abandono, con la violencia, con carencias afectivas. Perdonar no significa necesariamente que la otra parte se arrepiente. Muchas veces los que nos afectan no lo reconocen. Eso no quiere decir que el perdón no sea liberador. Pero solo si la otra parte lo recibe llevará a la reconciliación.

 

*Terapeuta psicocorporal, analista bioenergética, psicoterapeuta psicoanalítica. Orientadora cristiana.

Correo electrónico: biopsico@yahoo.com.mx

www.facebook.com/crecimientoemocionalintegral

Intégrate en el grupo www.facebook.com/LECTORES DE RUTH HOLTZ

Comentarios

Notas Relacionadas