Homilía: Cada persona es responsable de sus actos

Todos nos encontramos en un clima que nos empuja a una determinada manera de actuar. Nuestros actos en nada son diferentes del momento y forma social en que los hacemos. Percibimos ciertos datos exteriores en forma imperiosa, a los que nos debemos adaptar. Uno de estos datos, para todos, pero sin defensa alguna, es el triunfo de la tecnología y el consumismo. Estos dos elementos se inscriben en la sensibilidad y confirman la búsqueda. Por eso Cristo insistía a las gentes en que quitaran conveniencias y gustos e hicieran lo que debían hacer. Actualmente estamos igual: hacemos lo que nos conviene y las predicaciones de los templos las tomamos como buenas si se nos dan conveniencias y descuidamos la realidad, lo que debemos hacer o quitar. Como me dijo mi abuelita cuando yo tenía tres años: “Qué bonito nos habló el padre en misa, pero nada le entendí”. Y lo peor, nuestra conducta.

Para aceptar lo que Cristo nos dice ahora, necesitamos saber bien cómo somos y cómo es nuestro entorno social. Compartimos doctrinas y convicciones de moda en la sociedad que formamos y la mentalidad de nuestra familia. Nuestros actos son producto en gran parte de una fuerza desconocida. Muchas veces entendemos lo que se nos dice que Cristo dijo, pero no lo que debemos aceptar, y no hacemos lo que nos dice que hagamos, sembradores cómo debemos ser, cómo debemos actuar: equilibrio en nuestra conducta. Pero, hay algo importante: “Oirán una y otra vez, pero no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve”.

Así están las cosas. Hasta llegamos a sentirnos perfectos. Pero al morir nos daremos cuenta de que no actuamos como Cristo nos dijo. Cada lector examine cómo es su conducta. A lo mejor llevas muchas flores a los templos, cantas mucho o eres de grupos que son para ayudar y tú solamente estás viendo conveniencias. Por eso, Cristo no dice ahora: “A todo hombre que llega la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino. Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa el que oye la palabra y la acepta a tribulación o una persecución, por causa de la palabra, sucumbe”. Urge un análisis de cómo somos, si estamos actuando como Cristo nos dice o hay desviaciones conductuales. Urge examinarnos, aceptar y quitar o poner.

Hoy nos invita Cristo a que analicemos nuestra actuación. Tengamos presente que hemos desequilibrado nuestra iglesia. Nuestra conducta está llena de gustos personales, de conveniencias y, lo peor, creemos que estamos bien. Como los judíos en tiempo de Cristo, estamos desviados y, lo peor, decimos que somos buenos católicos.

Comentarios

Notas Relacionadas