Golfo Pérsico: Horizonte brumoso en crisis con Qatar

La disputa de cuatro países árabes con Qatar mantiene los mismos síntomas de estancamiento, pero podría escalar tras la negativa del emirato a digerir presiones de sus adversarios que hacen guiños a la diplomacia internacional, sin recular en sus presiones.

Casi mes y medio después de que Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto anunciaron la ruptura de relaciones diplomáticas con Qatar, la solución a la peor crisis de la región del golfo Pérsico sigue en un horizonte todavía muy distante y brumoso.

El ya conocido como ‘Cuarteto Árabe’ se muestra monolítico en las imputaciones a Doha de que promueve y apoya el terrorismo, e interfiere en los asuntos internos de esos y otros países de Medio Oriente, e incluso manifiesta su insatisfacción a ‘paliativos’ estadounidenses para rebajar tensiones entre las naciones enfrentadas, todas aliadas de Washington.

Qatar, que insiste en negar todo nexo con grupos terroristas -una acusación nueva en boca de sus hasta hace poco socios, pero de vieja data por parte del gobierno de Siria-, parece remontar el mazazo inicial e incluso se granjea simpatías por la defensa tan vehemente que hizo de su soberanía al rechazar 13 exigencias presentadas por sus adversarios.

En ese sentido, sigue renuente a reducir sus relaciones con Irán, descarta cortar la cooperación militar con Turquía y cerrar una base militar de ese país en su territorio, y mucho menos se plantea clausurar Al-Jazeera, el canal televisivo que ayudó a catapultarle al mundo.

Si bien no trascendieron detalles de la respuesta negativa qatarí, la ausencia inmediata de represalias adicionales tras la reunión de cancilleres del Cuarteto en El Cairo hizo suponer que el emir kuwaití, jeque Sabah Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah, solicitó margen para coronar sus gestiones mediadoras o que tras bambalinas se ejercieron presiones extrarregionales.

La retórica agresiva de autoridades sauditas y emiratíes, acompañada de revelaciones del canal Al-Arabiya de documentos escogidos para desacreditar a la familia real Al-Thani, causaron inquietud en Occidente, particularmente en Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania.

Mientras Abu Dhabi, Riad, Manama y El Cairo estudian más acciones punitivas en el futuro cercano, una reunión de sus cancilleres con el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, en Jeddah, se supone que permitirá avanzar en la distensión, aunque a éste se le recibió en medio de dudas sobre su presunto favoritismo hacia Qatar.

Para disgusto del Cuarteto, un día antes Tillerson firmó con el canciller qatarí, Mohammed bin Abdulrahman Al-Thani, un memorando contra la financiación del terrorismo que fue, más bien, una declaración de intenciones y un mensaje al grupo de aliados, que valoró ese pacto de ‘insuficiente’ y advirtió que las sanciones contra Doha ‘permanecerán vigentes’.

Sin embargo, ese acuerdo acabó de disipar temores de una confrontación militar o cambio de liderazgo qatarí, un extremo barajado por medios y analistas, pero muy poco probable habida cuenta de que ese emirato alberga a 10 mil soldados estadounidenses en la base aérea de Al-Udeid, la mayor del Pentágono en Medio Oriente y una de las más grandes en el mundo.

Otro elemento en ese sentido que juega en contra de Riad y sus aliados es la presencia militar turca en suelo qatarí, lo que haría más complicada una hipotética intervención o invasión.

Dentro y fuera de la región hay conciencia del delicado balance, sobre todo cuando Qatar está emergiendo más desafiante y envalentonado tras superar el impacto inicial de cierre de fronteras, bloqueo y expulsiones de ciudadanos, sin que el propósito del Cuarteto rinda frutos hasta ahora. (Tomado de Semanario Orbe)

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