Sociedad del conocimiento: La realidad rebasa lo prometido

Nos guste o no, en el país tenemos el tipo de democracia que, de una u otra manera, quienes ejercen el voto ciudadano quieren, inclusive quienes no fueron a la casilla lo aceptan, tal como dijera el filósofo Fernando Savater: cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

Estamos convencidos, en México, la democracia puede ser oscurecida por un grupo político que se apoderó del sistema desde hace dos décadas, que en nada contribuye al desarrollo armónico e integral de la ciudadanía. Los ciudadanos en diversas entidades, al Estado le han propinado más de un golpe.

Ha sido a través de marchas, plantones, tomas de edificios, calles y casetas de cobro como el pueblo se ha manifestado en contra de quienes fungen como autoridad, frenando en más de una ocasión iniciativas, decretos que van en contra de las promesas vertidas que hicieron durante sus campañas políticas.

Peña Nieto, pese a tener mayoría en el Congreso de la Unión, tuvo que negociar con otras fuerzas la aprobación de algunas enmiendas, pero eso tuvo un alto costo para el PAN y el PRD, por lo que una serie de reformas en el sector salud han sido derogadas.

La crisis de credibilidad, falta de confianza de la ciudadanía al poder, no se perdió de la noche a la mañana, su deterioro se ha llevado a cabo en las últimas cuatro décadas, irónicamente el 70 % ha sucedido durante esta administración federal. A la ciudadanía le queda claro: en política una cosa son los dichos, y otra, los hechos, es decir, a los gobernantes, presidentes municipales, por citar, hay que juzgarlos por lo que hacen, no por lo que dicen.

En los últimos meses Peña Nieto ha dejado el abandono para entrar duro al escenario político, magnificando acciones, para tener contenta una base del electorado; la verdad, en Los Pinos se hace campaña con poesía, pero se gobierna en prosa. Lo cierto, el presidente desde que fue candidato, como hasta ahora, ha sido un gran maestro de versos, irónicamente no ha escrito la narrativa de lo que más cuenta para una autoridad: los hechos.

De la visita que hiciera Peña Nieto al Grupo G20 en Alemania en días pasados, el presidente demostró que no es el negociador que nos han vendido desde que fuera gobernador del Estado de México, se entrevista de nueva cuenta con el mandatario estadounidense, quien le propina un nueva herida, cuando se retira y afirma que el muro se construye y lo paga México.

Otro hecho, de la mala política ejercida desde Los Pinos es la falta de control de los dinosaurios priistas, previo a su congreso, de donde posiblemente salgan los puntos para declarar a más tardar a finales de septiembre de este año al candidato del PRI, el presidente se ha visto débil para sostener a su posible reemplazo (Moreno Valle o Meade) al interior de este partido, es evidente que sus militantes señalan que de no ser el candidato priista, no será apoyado.

Las declaraciones de Manlio, Gamboa, Madrazo reflejan una realidad: el presidente de México no es un negociador. La mala noticia: no ha hecho reformas para apoyar a las clases pobres o medias de este país. Peña Nieto y su partido durante este último tramo solo han demostrado arrebatos para gobernar, lo que ha desfigurado su política social, misma que se irá deformando a medida que se acerca el proceso electoral del 2018.

La herida provocada por la corrupción, la impunidad y el narcotráfico es profunda, lo recomendable en estos casos para el gobierno, el tiempo que le queda, es ir con pies de plomo, podrían salir abantes si revientan el sistema como lo hicieron en el 88, apelando a las bases priistas y electoral con populismo, con estrategias populistas, a la vez, buscar un chivo expiatorio: Andrés Manuel, el villano favorito. ¿Será posible que la sociedad les crea lo que van armar en contra del candidato de Morena?

Comentarios

Notas Relacionadas