Antonia Nava de Catalán, la Generala

Antonia Nava de Catalán (1779-1843), hija predilecta de Tixtla, frente a un grupo de mujeres se apersona ante el General Nicolás Bravo; las tropas desfallecían de hambre y ella sin vacilar se ofrece: Hemos hallado la manera de ser útiles a nuestra Patria. ¡No podemos pelear, pero podemos servir de alimento! Nuestros cuerpos pueden repartirse como ración a los soldados. Bravo y su gente con admiración rechazan el sacrificio, pero son motivados para seguir luchando; Antonia es ya la Generala, conmina a las mujeres, que se unen a la batalla armadas con lo que fuese, machetes y garrotes.

Antonia Nava Celestina nace en la aldea Tepecoacuilco, cerca de Iguala, hija de Nicolás Nava y María Celestina, se casa con Nicolás Catalán Catalán (1772-1838), primogénito de Nicolasa Catalán, nacido en Chilpancingo. El matrimonio vive en Tixtla, luego en Jaleaca y tiene ocho hijos; cinco varones: Nicolás, Manuel, Antonio, Pedro, de uno se ignora el nombre, y tres mujeres: Teresa, María y Margarita.

Al tener noticia del movimiento independentista, Nicolás se une a Morelos a fines de 1810, asciende a cabo primero en febrero de 1811 y para 1813 es capitán; luego estará bajo el mando de Nicolás Bravo y en septiembre de 1816 es teniente coronel; el último periodo milita bajo las órdenes de Vicente Guerrero y el 19 de abril de 1820, es ascendido a coronel; Antonia Nava siempre a su lado.

La familia Catalán Nava se mantuvo en pie de guerra desde los primeros años del movimiento, hasta la consumación de la Independencia; tiempo durante el cual pierden tres de sus hijos en campaña: uno en Tixtla, Manuel en el Paso de Mezcala (21/01/1814); Nicolás, sargento primero, en la toma de Coyuca (nov., 1818), hoy Coyuca de Catalán. Estos jóvenes, todavía imberbes, son para Guerrero lo que los Niños Héroes de Chapultepec para México.

En la toma del puerto de Acapulco, Nicolás Catalán se distingue por su arrojo y en El Fortín muere uno de sus hijos. Antonia seca sus lágrimas y le dice a Morelos, que trataba de consolarla: “ha muerto cumpliendo con su deber de mexicano; aquí le presento a los cuatro hijos que me quedan; tres podrán apagar el fuego del enemigo y el otro, por ser todavía un niño, que se le dé un tambor, con el cual redoble el triunfo de nuestra causa”.

Entre los datos biográficos de Antonia Nava, destaca el sitio de Jaleaca, hoy de Catalán, por Decreto 15 (03/06/1889). En febrero de 1817, Bravo se fortifica en el Cerro del Campo, lugar de difícil acceso y seguro para la defensa, resistiendo por 50 días el asedio de Gabriel Armijo, el hambre los hacía desfallecer y los hombres debilitados no podrían resistir más, por lo que Nicolás Bravo ordena sacrificar un soldado de cada diez, para servir de alimento a los demás. En ese momento crucial, la Generala Antonia Nava y todas las “soldaderas”, entre ellas María Catalán, hermana de Nicolás y Catalina González, esposa del sargento Nicolás Bautista, decidieron que ellas debían ser el alimento, para que ellos, los hombres, pudiesen continuar luchando.

Su propuesta no es aceptada y es entonces, que Antonia se transforma en la Generala; conmina a los hombres para intentar romper el cerco, los arenga: Mejor morir peleando que sacrificar soldados para alimentarse; sus palabras y arrojo hinchan de valor a la gente. Antonia le dice al general Bravo: denos armas a las mujeres, esperemos a las 11:00 de la noche y cuando el enemigo duerma, rompamos el sitio. Los insurgentes pelearon con coraje y rompieron el sitio (14/03/1817), Antonia había dejado de ser la mujer que alimenta y cura a los soldados, ya no es más una soldadera, es una militar mexicana, la Generala.

Antonia Nava y Nicolás Catalán, así como dos de sus hijos, estuvieron presentes en la firma del Plan de Iguala y forman parte del Ejército Trigarante que entra triunfante a la Ciudad de México (27/09/1821); Antonia cabalga junto a Nicolás, sus hijos y las hermanas Dolores y María Catalán. Suponemos que irá jubilosa, se había logrado la Independencia de México.

Ya general de brigada (1823), Nicolás Catalán es designado comandante del estado de Guerrero (24/01/1828) y la familia se instala en Chilpancingo; es posible que Antonia Nava haya retornado a la vida doméstica, sin embargo, en honor a su valor, su nombre está escrito en letras doradas en el Congreso de la Unión y lo lleva un premio en el estado de Guerrero. La Generala Antonia Nava nos hereda su heroica constancia en la lucha por la soberanía de México, vale recordar su nombre, uno de entre todas aquellas mujeres que participaron en la lucha por construir la patria, que combatieron a la par de los hombres durante la Independencia.

mirtea@ucol.mx

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