Juárez: El peso de la historia

Recientemente tuve la oportunidad de visitar el museo de historia de México en Monterrey, uno de los que poseen mayor infraestructura en el país. Además de quedar impresionado con sus instalaciones, fui afortunado en alcanzar una sección especial sobre Maximiliano y Carlota, emperadores de México allá por 1862. Dentro de dicha época histórica en nuestra nación hay un personaje que si bien recibe el honor que merece, no es reconocido públicamente por las acciones que realizó: Benito Juárez, Benemérito de las Américas.

Está en nuestros billetes, en nombres de avenidas, en estatuas, en fechas conmemorativas… ¿Por haber sido presidente? ¿Por derrotar a los franceses? ¿Por morir en el cargo? ¿Por nacer el día que inicia la primavera? Es tan solo rascar la superficie del hombre que forjó la nación mexicana desde su cimiento.

Su historia es bastante conocida: indígena de nacimiento, huérfano, entró al seminario buscando estudiar, amante del conocimiento sobresalió en todas las tareas mentales que enfrentó; gobernador de Oaxaca, ministro, presidente de la Suprema Corte y cuando el presidente en cargo claudicó, presidente de la nación mexicana.

¿Qué lo diferencia de otras figuras sociales que admiramos? ¿De un Villa, o un Carranza? ¿De un Hidalgo o un Morelos? Además de una historia personal tan romántica que resulta increíble, la diferencia reside en su actuar. Llega al poder como presidente interino a finales de 1857 y sin perder tiempo en celebraciones o abusos puso en marcha la que sería la segunda Constitución de México, tras el fracaso de la primera (1824). Desde entonces y hasta 1860 Juárez libraría la guerra de Reforma, derrotaría de forma casi definitiva a los conservadores (que tenían la mayor parte de los recursos en el país), separaría la iglesia del Estado, haría la educación gratuita, daría libertad de culto, expulsaría del poder a los dinosaurios de la época (principalmente gente de Santa Anna), formaría un ejército nuevo y leal, y pondría en marcha, por vez primera desde la independencia (acontecida casi 40 años antes) un sistema de gobierno legítimo en México. Acabó con debates interminables y puso a andar el país; medio siglo de disputas que resolvió en tres años.

No conforme con ello, Juárez puso un alto a la explotación de los extranjeros con las deudas. Esto enfureció a España, Inglaterra y Francia, pero de los tres solo Francia atacaría y conquistaría México, imponiendo a Maximiliano de Habsburgo como emperador. Juárez, por su parte y sabiendo que México no es un lugar sino una idea, mueve su gobierno de pueblo en pueblo (entre ellos Cuyutlán y Colima) luchando por tres años. Visualizarlo es difícil. Tres años sin hogar, sin un lugar seguro, sin descanso, siendo tirado de carretas entre terracerías, en constante asedio. Y no se rindió, jamás. Tras tres años expulsó a los franceses y brindó a México una segunda independencia.

Hablar sobre sus logros podría consumir (y lo ha hecho) libros enteros de historia. Lo importante es rememorar el perfil de aquel hombre que medía 1.37, de piel morena, que jamás se avergonzó de su origen (Porfirio Díaz, por ejemplo, se maquillaba todos los días para lucir más blanco). Hoy, con candidatos definidos nuevamente para gobernar el país debemos rememorar al que ha sido nuestro mejor presidente, pues enfrentó las dificultades de una nación destruida y logró solventarla, cargar sobre sus hombros los pecados de gobiernos pasados y jamás culparlos, o dejarse rendir ante la adversidad. Un hombre que no se alejó del pueblo (en cada ciudad que visitaba no perdía la oportunidad de hablar públicamente), que supo lo que su nación necesitaba y que con sacrificios logró hacer ideales realidad.

¿Tenemos políticos como él hoy en día? Tal vez no, pero ahí reside su importancia. No debemos olvidar lo que fue para nuestro país, porque siempre tendremos que exigir a nuestros gobernantes seguir su figura y tratar de alcanzar los ideales que plantó el Benemérito de las Américas.

@skymoviemaker

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