Sociedad del Conocimiento: José María Morelos y Pavón

No queremos permitir pasar desapercibido el hecho de su muerte por el gran legado político e ideológico dejado por este gran héroe de la Patria, que hoy su discurso y teoría deben estar más presentes que nunca en la vida de esta Nación, por ese motivo compartiremos datos sobre Morelos que debemos conocer como mexicanos y que fueron publicados en el 2011 por un rotativo nacional.

La tarde de un 22 de diciembre de 1815 en Ecatepec, Estado de México, tras haber sido confesado y al tiempo de hincarse con la espalda al pelotón y recitar: “Señor, si he obrado bien, tú lo sabes, pero si he obrado mal, yo me acojo a tu infinita misericordia” (Salmo 51) –tomado el pasaje de una biografía–, El Siervo de la Nación con dos descargas fue privado de su vida.

José María, desde niño tuvo que trabajar como arriero o llevar cuentas en más de un negocio, esto con la finalidad de apoyar a su madre, ya que sufría de serias carencias familiares para sobrevivir, así como por la situación del mestizaje, debido a la dominación española.

El generalísimo era un hombre apasionado a la ganadería y a la arriería, pasatiempo que le costó en varias ocasiones fracturarse de la nariz. Morelos y Pavón cuando logra ser sacerdote se convierte en un hombre acaudalado, producto de haber heredado una herencia de su bisabuelo Pedro Pérez Pavón, quien había dejado una herencia para el padre de Morelos, siempre y cuando éste se ordenara como sacerdote, mas al no hacerlo su papá, la herencia pasó al Siervo de la Nación.

Fue profesor de gramática y retórica, así como aficionado a la poesía romana, conocimiento que aseguran le sirvieron para redactar las proclamas insurgentes, además de una devota novena de milagros de la imagen del Señor de Carácuaro, donde fue párroco.

En este lugar tuvo dos hijos: Juan Nepomuceno y Guadalupe Almonte, asumiendo la responsabilidad de la paternidad de ambos, pero siempre con la reserva debida al celibato sacerdotal por lo que no les dio su apellido, sino solo conservaron el apellido de su madre Brígida Almonte.

Durante su instancia en Morelos, fue retratado vistiendo por única vez el uniforme de capitán general –prenda obsequiada por Matamoros– adornada con una cruz pectoral –obsequiada por el obispo de Puebla–. Esta pintura es la imagen más conocida que hay del siervo de la nación hasta nuestros días, de ahí podemos deducir que El Siervo de la Nación era un hombre corpulento, moreno, con cara ancha, las cejas pobladas, la nariz recta, los labios carnosos y la barba partida. Hombre de mirada penetrante, con una personalidad que atraía.

Es de conocimiento popular que rechazó ser tratado como “alteza” y él pidió que se le llamará Siervo de la Nación, inspirándose en el capítulo 10 del Evangelio de San Marco: “Mas no es así entre vosotros; antes el que quisiere ser el mayor, será vuestro criado; el que de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos”.

Morelos fue acusado de traición, condenado a degradación eclesiástica y declarado hereje; maltratado, violentado, se retrata de los principios por los que peleó para recibir los sacramentos antes de morir y un hecho que nos demuestra la grandiosidad de Morelos son las palabras citadas por Napoleón Bonaparte que impresionado por las campañas manifestó: “Con cinco hombres como él conquistaría el mundo”.

La lucha por la independencia tuvo cuatro momentos, inicio –breve–, organización de 1811 a 1815, resistencia de 1816 a 1820 e independencia 1821. Pero la etapa de organización llevada a cabo por Morelos fue fundamental para la consolidación de la resistencia y posteriormente independencia, supo con gran capacidad de organización llevar al ejército insurgente a obtener sus más grandes victorias.

José María Morelos y Pavón, Benito Juárez, Venustiano Carranza, Lázaro Cárdenas del Río y Ernesto Zedillo Ponce de León, para un servidor son los hombres que de una u otra forma han tenido una visión de lo que es o debiera ser el Estado mexicano.

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