Editorial

Lamentable la muerte de cualquier persona, pero cuando se trata de ciudadanos que aportan a la sociedad se tiene una doble tragedia. Tal es el caso de Ricardo Uribe Clarín, empresario colimense y promotor cultural con una gran trayectoria en el servicio público.

Víctima de un robo, este asesinato artero no puede quedar en la impunidad, como ningún crimen de estas características, que lastiman a la sociedad en sus fibras más sensibles.

A pesar de la difícil situación delictiva en la que estamos inmersos, son muchos más los colimenses buenos y honestos que los que buscan lucrar con la sangre y la violencia. Es imperativo que las autoridades, de los tres niveles de gobierno, actúen con todo el rigor de la ley y no dejen en la impunidad este caso ni ningún otro donde asesinan a inocentes.

El asesinato de Ricardo Uribe concientiza sobre las ejecuciones que se están padeciendo en gran parte del estado, y nos hace reflexionar que la violencia delincuencial puede alcanzar al padre, al hermano y al hijo…

Ante la muerte de un inocente, debe esperarse la respuesta contundente de la autoridad: castigar a los cobardes que nos han robado la tranquilidad y paz a los colimenses. No puede seguir habiendo familias lastimadas por la delincuencia.

El gobierno de Ignacio Peralta ha hecho esfuerzos importantes en materia de seguridad para dotar de mejor equipamiento y contratar a más policías, tarea en la que han quedado a deber los municipios. No se puede partidizar el tema de la seguridad y la autoridad debe trabajar de manera conjunta para prevenir y perseguir a los criminales, máxime a los cobardes que asesinan a gente inocente y de provecho a la sociedad.

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