Interés Público

DEBATE PRESIDENCIAL

El domingo se realizó el primer debate entre los candidatos presidenciales, en el cual se discutieron, de manera intensa, temas relacionados con la corrupción, el uso de prerrogativas de los partidos, la implementación de un fiscal anticorrupción, la amnistía a los criminales y la revocación de mandato.

A diferencia de lo ocurrido en elecciones previas, el formato de este debate presidencial permitió un mayor intercambio de señalamientos entre los cinco candidatos. Fue un debate fluido, el realizado en el Palacio de Minería, donde Sergio Sarmiento, Denise Maerker y Azucena Uresti tuvieron buen tino en moderar y hacer preguntas importantes a los candidatos, lo que permitió que éstos definieran, explicaran y fijaran un posicionamiento.

Fue un debate álgido, dinámico, fluido, con propuestas y críticas bien sustentadas, que dio elementos informativos al electorado para que los ciudadanos podamos emitir un voto razonado, bien contrastado y que parte de un ejercicio reflexivo, indispensable cuando se toman decisiones de gran trascendencia.

El debate favoreció, en una mayor parte, a José Antonio Meade, quien fue el que mejor explicó sus propuestas en materia de seguridad y anticorrupción, además de que demostró, con mucha soltura, un amplio y profundo dominio de los temas discutidos en el debate.

En un segundo término, Ricardo Anaya también tuvo una participación destacada, pues con mucha inteligencia exhibió las incongruencias de Andrés Manuel López Obrador, quien se vio cansado, enojado y esquivo: de 50 señalamientos, el tabasqueño solo respondió a 11 preguntas directas de sus adversarios, mostrándose así evasivo y soberbio.

Sin embargo, a pesar de que el panista tiene una gran destreza argumentativa y tiene carisma para debatir, no pudo esclarecer ni objetar de manera contundente los señalamientos de corrupción en su contra, los cuales revirtieron sus tendencias electorales y lo colocaron en tercer lugar en las encuestas.

Por su parte, Jaime Rodríguez, El Bronco, fue el más espontáneo de los candidatos y el que le dio color al debate. Destacó, entre sus ocurrencias, la propuesta de mandar una iniciativa para, literalmente, cortarle la mano a los corruptos, lo que generó una lluvia de memes en las redes sociales y comentarios sarcásticos de los usuarios.

López Obrador, por mucho, fue el gran perdedor de este debate. No pudo responder a los cuestionamientos de sus adversarios, sobre todo de las preguntas de Ricardo Anaya, quien exhibió datos y fuentes bibliográficas que contradicen el discurso que enarbola López Obrador.

A su vez, Margarita Zavala no pudo evadir las críticas por la gestión de su esposo, el expresidente Felipe Calderón, particularmente en el tema de seguridad pública y corrupción. Y es que fue la única candidata que aseguró que la estrategia de seguridad es la adecuada, cuando los demás candidatos coincidieron en la necesidad de un cambio.

Los temas más importantes del debate fueron la revocación de mandato y la implementación de un fiscal anticorrupción. José Antonio Meade, junto con Margarita, rechazaron la necesidad de que cada año se realice una consulta para determinar su continúa el presidente.

Destacó la necesidad de fortalecer el Estado de Derecho, dejar las ocurrencias de lado y evitarle a la población el disgusto de tener que volver a elegir presidente cada dos años. Tanto Anaya y El Bronco respaldaron la revocación del mandato, pero bien legislada, y que no fuera como la propuesta de López Obrador de a mano alzada o una consulta estilo encuestas de Morena, porque sería el mecanismo idóneo para perpetrarse en el poder. Ese mismo método utilizó Hugo Chávez para seguir en la presidencia y legitimar su dictadura, precisó Anaya en su intervención.

Fue un buen debate y demostró la importancia de implementar, con mayor frecuencia, esta clase de ejercicios dialécticos, indispensables para la salud de una democracia. El Instituto Nacional Electoral (INE) demostró tener una gran capacidad logística y criterio en la organización de este debate, cuyo formato debe servir de ejemplo para los que siguen, siempre con el objetivo de perfeccionarlos y dar más elementos informativos al electorado a través de la discusión racional de las propuestas y el contraste de los perfiles.

 

AMLO, EXHIBIDO

El gran perdedor del debate se llama Andrés Manuel López Obrador. Y en esto coinciden la mayoría de analistas políticos. El periódico Reforma, en una evaluación presencial de 903 líderes en la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, expuso que esta muestra consideró, en un 50 por ciento, que López Obrador perdió el debate.

Quienes vieron el debate el domingo pasado no pueden llegar a otra conclusión: López Obrador fue el único candidato que evadió cuestionamientos directos y que evidencian, fundamentan sólidamente, su incongruencia política y la falta de seriedad de sus propuestas. Se le vio, físicamente, cansado, hastiado, incómodo y, por momentos, nervioso.

Era previsible que por ser el puntero en las encuestas, la mayoría de los señalamientos y preguntas se dirigirían a su persona. No fueron ataques, sino preguntas legítimas, planteamientos bien sustentados que obligaban a López Obrador a fijar una postura, así como explicar sus propuestas.

De 88 señalamientos en el debate, 50 se dirigieron a López Obrador, quien solo contestó 11 de estas preguntas. Los más incisivos fueron José Antonio Meade y Ricardo Anaya, quienes con datos, pruebas y documentos exhibieron las mentiras y falsedades que el tabasqueño ha difundido desde mucho antes de iniciar esta contienda electoral.

José Antonio Meade conminó a López Obrador que explique a los mexicanos por qué mintió en su 3de3, cuando dijo que no tenía bienes, si el registro público de la propiedad tiene documentado tres departamentos a su nombre. De la misma forma, criticó que utilice recursos públicos, cientos de millones de pesos, para darle empleo a sus hijos, hermanos, familiares y amigos, a través de Morena, el partido que utiliza como negocio y donde sus vástagos tiene cargos directivos.

Por su parte, Ricardo Anaya acorraló al tabasqueño en el tema de seguridad, donde le preguntó de manera directa a López Obrador si va pactar y perdonar a delincuentes con la amnistía que propone. No pudo, Andrés Manuel salir avante de esta situación y dejó la impresión de buscar el pacto con los criminales, perpetrando así la impunidad y el debilitamiento del Estado de Derecho.

López Obrador no negó y demostró con su silencio la alianza política que mantiene con corruptos y figuras impresentables, como Napoleón Gómez Urrutia, Elba Esther Gordillo, Manuel Bartlett, Bejarano, Alfonso Romo, entre otros más, quienes simbolizan el robo, el fraude electoral, el Fobaproa y la mafia de los grupos fácticos, en especial de la Coordinadora, que ha violentado la educación de cientos de miles de niños en los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán.

López Obrador no se puede quejar del formato del debate, pues con anterioridad fue aprobado por sus representantes de Morena ante el INE. Se vio mal, tanto física como intelectualmente: careció de la inteligencia para responder, más allá del viejo y gastado discurso de la mafia del poder. Evidenció la incongruencia de su discurso demagógico y maniqueísta, porque en su ambición por el poder se unió con lo peor de la política mexicana– y no refutó el uso los recursos públicos, a través de Morena, para pagarles salarios a sus hijos, familiares y amigos.

Andrés Manuel careció de la soltura necesaria para formular propuestas. Se vio acorralado ante las preguntas de los demás candidatos y solo atinó a decir, molesto, que le estaban echado montón. Es lamentable la postura del tabasqueño al decir que fueron ataques, ya que solo evidencia el talante autoritario del que descalifica la crítica. Así, si llegara a ganar, el periodismo crítico se acabaría, no se podrían realizar preguntas de alto impacto porque se considerarían como ataques.

Así quedó plasmada, en este primer debate, la imagen del puntero de las encuestas, quien seguro perdió una gran cantidad de simpatizantes: el electorado pudo ver, exhibido cómo es la personalidad política de Andrés Manuel, quien busca perdonar a criminales y aliarse con los peores políticos y grupos fácticos para llegar a la Presidencia. La soberbia y la ambición fueron los dos rostros que enseñó López Obrador en el debate.

 

MEADE, EL DE LAS PROPUESTAS

José Antonio Meade se centró a generar propuestas para resolver las problemáticas más apremiantes de México, sin dejar de hacer señalamientos incisivos a López Obrador. Propuso que a los cien días de su gobierno, se contará con un código penal único, para que los delitos que más lastiman a la población, como el robo, el secuestro, feminicidio y homicidio, se castiguen igual en todo el país.

De llegar a la Presidencia, adelantó que creará una agencia de investigación especializada en esos delitos, particularmente el secuestro y la trata. Aseguró que cuadruplicará la capacidad de investigación del estado. Puntualizó que la estrategia de seguridad debe tener tres componentes: prevención, disuasión y combate a la corrupción.

En este caso, dijo, la prevención tiene que ser transversal y en todos los niveles de gobierno. La parte más importante tiene que centrarse en el combate de la prevención. Asimismo, respaldó la Ley de Seguridad Interior, en cuanto a que dota de un marco jurídico y regula la actuación de las fuerzas armadas, en tiempo, forma y modo.

Consideró, a su vez, que la legalización de las drogas es un aspecto parcial de la lucha contra el narcotráfico, pues también genera ingresos a través de la trata de personas, la venta de gasolina, el robo, el secuestro y la extorsión. En consecuencia, acotar la legalización de las drogas, deja en corto el tema de la seguridad, por lo que se requiere de una estrategia más integral.

Respaldó la creación de una fiscalía de anticorrupción autónoma, lo que embona bien con la erogación del fuero al presidente de la República. Hubo, pues, propuestas y posicionamientos claros del José Antonio Meade, además de que ninguno de sus adversario pudo cuestionarlo sobre su probidad y honestidad, situación de la que adoleció Ricardo Anaya, por lo señalamientos de lavado de dinero, que lo pusieron en serios aprietos y lo deslegitima para encabezar la lucha contra este cáncer social.

Prueba de ello, es que ni Anaya ni López Obrador le quieren entrar al tema del 7de7, proceso con el cual se verifica si el patrimonio coincide con los ingresos percibidos. Anaya no lo acepta por los señalamientos de su enriquecimiento ilícito y López Obrador tampoco, porque nunca ha podido explicar con claridad de qué ha vivido en los últimos 15 años.

La 7de7 implica que el patrimonio declarado coincida con la realidad. Los bienes y el estilo de vida que llevan López Obrador como Ricardo Anaya no tienen congruencia con lo declarado en la 3de3. Meade salió avante en el debate porque fue el que demostró más congruencia política, soltura en las propuestas y probó su honestidad.

Tan solo López Obrador, en los últimos tres años, ha recibido más de 3 mil millones de pesos a través del financiamiento público a Morena. Con ese dinero cobran los hijos del tabasqueño, quienes tienen cargos directivos al interior del partido, parte de sus hermanos y le carga todos los gastos de giras al extranjero y en territorio nacional.

¿A qué le temen Anaya y Obrador al sujetarse al 7de7? Al no aceptar transparentar sus bienes y confirmarlos con un análisis contable y fiscal que determine que lo declarado coincide con la realidad, le dan la razón a José Antonio Meade.

 

UNA TRAGEDIA MÁS

Este fin de semana se registró una tragedia en la carretera de Colima-Manzanillo: un total de 10 personas muertas, entre ellas cuatro menores de edad, dejó un accidente vehicular en la autopista a la altura de la comunidad de Turla, municipio de Ixtlahuacán.

La tragedia sucedió cerca de las 22:00 horas, tiempo local, cuando un camión de carga de doble remolque impactó contra un vehículo que estaba estacionado a lado de la carretera. El tráiler transportaba rollos de plástico y debido al impacto, volcó chocando otro vehículo marca Chevrolet, en donde viajaban más personas.

En el accidente fallecieron seis adultos y cuatro menores de edad. La circulación vehicular se vio obstaculizada por varias horas para rescatar a otra persona, quien fue trasladada en estado grave a un nosocomio.

A través de sus redes sociales, Ignacio Peralta Sánchez lamentó lo sucedido y externó sus condolencias a los familiares de las víctimas. Adelantó que exigirá una investigación para deslindar responsabilidades y castigar a los culpables.

En el tramo Tecomán-Colima de esta autopista, donde se registró el percance, son frecuentes los descarrilamientos de camiones de carga que transitan a exceso de velocidad, que han provocado víctimas mortales. Hace unos meses, en la entrada al puerto de Manzanillo, también falleció toda una familia cuando un camión con contenedores se impactó atrás de ellos y los prensó con una camioneta.

Así han pasado incontables accidentes, la mayoría de ellos con víctimas mortales. El tema debe ser analizado en el Legislativo, pues se requiere generar una ley o marco legal que prevenga esta clase de tragedias. Es tema de análisis para el Congreso local y los diputados, quienes deben diseñar el mecanismo e instrumento legal adecuado para evitar más muertes en esta carretera.

Si bien existe el componente humano en los accidentes, éste se puede prevenir. Se deben investigar las causas del accidente, condenar a los culpables y marcar una agenda legislativa orientada a prevenir esta clase de accidentes. Ya se han registrado muchas tragedias en la carretera Colima-Manzanillo, una de las más peligrosas de la entidad.

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