San Petersburgo y sus noches blancas Blanca Garduño.

El Mundial de Futbol Rusia 2018 sigue dando sorpresas. En la sede de San Petersburgo se produce un fenómeno digno de destacar: el Sol nunca se oculta. Ubicada a orillas del Mar Báltico, ¡Mar y caviar!, es la más occidental de las ciudades elegidas sedes de la Copa del Mundo.

Fue fundada por el zar Pedro el Grande en 1703, por dos siglos fue capital del Imperio Ruso y hoy es la segunda ciudad más poblada de Rusia. Al estar ubicada tan hacia el norte del planeta, allí se produce el fenómeno natural insólito. En los meses de verano, los días se hacen eternos y las noches prácticamente no existen. Lo único que se nota hacia la medianoche es un ligero oscurecimiento del cielo, lo que se conoce como ‘noches blancas’.

Al ser una ciudad con vasta historia, además de los días donde no se acuesta el sol, es también una ciudad de palacios. Entre sus principales atractivos turísticos se encuentra fastuosas edificaciones como el Palacio Peterhof, el Palacio de Invierno, la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada, así como sus más de 200 museos, como el Museo del Hermitage y el Museo Estatal Ruso.

El Estadio Krestovski, al estar erigido en la isla del mismo nombre, fue construido en 2007 y remodelado para albergar el partido inaugural y la final de la pasada Copa Confederaciones 2017. Este último proceso no estuvo exento de críticas, pues los trabajos costaron más de mil millones de dólares, seis veces más de lo presupuestado al inicio.

De esta forma, ‘el estadio más caro de la historia’, eso dicen los expertos, con una forma que asemeja a la de un ovni, ha sido escenario de partidos en los que se han visto ya triunfos, Rusia, Irán y Brasil y, la gran incógnita el próximo martes será Nigeria contra Argentina.

Lo más interesante por supuesto de este Mundial tiene lugar durante las “Noches Blancas”, cuando el sol apenas se pone y nunca oscurece del todo. Imposible ignorarlo en San Petersburgo, donde las noches blancas son asociadas a la belleza, al hedonismo e incluso a la locura.

Este jueves 21 de junio, cuando inició el verano en el hemisferio norte, fue el día más largo del año. Comienza a ponerse un poco más oscuro alrededor de las 11 de la noche, alcanzando una especie de crepúsculo azul oscuro después de la 1 de la mañana. Dos horas más tarde vuelve la luz.

Instalada en el famoso Hotel Astoria de esta gran ciudad, las habitaciones tienen unas cortinas excelentes que bloquean la luz para poder dormir. Poco se logra pues la curiosidad obliga a constatar si de verdad sigue visible la luz y sí, la penumbra dura escasas dos horas.

Acostumbrados a que, en Colima, México, el sol cae exactamente en el cenit y que este se pone en el ocaso entre las ocho de la noche, todos psicológicamente estamos puestos a iniciar el tiempo de descanso. Con el sol puesto a las tres de la mañana, resulta imposible (quedarse dormido) si vas a la cama después de que vuelve la claridad. Solo te queda caminar toda la noche”.

Estas andanzas de medianoche se han convertido en una inspiración para la literatura rusa, como el breve cuento de Fyodor Dostoyevsky, Noches Blancas. Un escritor y una hermosa mujer se encuentran noche tras noche en un cuento sobre un amor no correspondido y la soledad.

Y en la misma sintonía, los palacios a la vera de los ríos, los puentes y las cúpulas de bulbo han sido el escenario recurrente de joyas y clásicos de la literatura. Pocas ciudades tienen una relación tan estrecha con la literatura como San Petersburgo.

Las noches blancas son un fenómeno natural, pero se siente como anómalo. El cuento de Alexander Pushkin, El jinete de bronce, un clásico ruso, incluye un poema que describe cómo se puede leer sin una lámpara en una noche sin luna al describir a San Petersburgo como un torbellino de sensaciones, casi delirante. La ciudad luego sufre una inundación apocalíptica que ahoga al héroe del poema.

Las noches blancas son una bendición para los operadores turísticos como Alexei Filippov, quien organiza cruceros nocturnos a través de los canales de la ciudad, pasando por los palacios imperiales durante el crepúsculo. “Es un gran show. Nunca es tarde para salir”, dijo. Hay un solo problema para el negocio de Filippov durante la Copa del Mundo: sus barcos no tienen televisión para ver los partidos. El gran atractivo, dicen los locales, es que “el día es eterno y la noche una ilusión”.

He visitado el Museo El Hermitage, condición inevitable para una historiadora del arte en San Petersburgo. El Hermitage es el tercer museo más grande del mundo (tras el Louvre y el British Museum). Además de la colección de cuadros el edificio-palacio es una maravilla.

Ocupa varios cientos de habitaciones del Palacio de Invierno -la residencia de los zares hasta la Revolución de 1917- y sus pabellones anexos, el pequeño, el viejo y el nuevo Hermitage, los edificios que Catalina la Grande y sus sucesores mandaron construir para ir dando cabida a su cada vez mayor colección de obras de arte, casi todos.

El complejo palaciego es soberbio a las orillas del famoso Río Neva. El contenido lo, es más. Aquí están muchos de los mejores cuadros de la historia de la humanidad. Otra cosa es cómo están conservados esos cuadros. Sorprende que la tercera pinacoteca del mundo tenga todavía tubos fluorescentes en los techos, que no haya aire acondicionado (casualmente solo había refrigeración en la sala de pintura española; por cierto, tienen un par de Velázquez de su primera época realmente fantásticos).

El Hermitage, como todos estos grandes museos, es difícil de digerir en un solo bocado. Nadie en su sano juicio puede asimilar la visión de casi 3 millones de objetos y obras de arte (no todas están expuestas) y no morir en el intento. Las obras van desde la Edad de Piedra hasta el siglo XXI.

Hay que planificar la visita y dedicarle varios días si quieres verlo en profundidad. Un error: no se puede venir un domingo de temporada alta. Ni a éste ni a ningún museo. Hordas enteras de grupos. Menos mal que hay esas cantidades de gente. Mejor un martes de pleno invierno.

La visita de ese complejo museístico que es el Hermitage, dicen que con solo dedicándole un minuto a cada cuadro, se necesitarían cuatro años de visita diaria continua. A menos que lo planifiques, acuerdas tu visita con el director del museo el director Mihail Piotrovsky y te atiende el especialista de las colecciones de arte moderno del siglo XX Mihail Kamenskyen. En mi caso solicité revisar la obra de México, en concreto, Diego Rivera y Frida Kahlo con la obra la Mesa herida perdida en esos territorios.

Muy bien atendida revisé la obra de Diego Rivera, “Naturaleza muerta”, un óleo sobre tela de la época cubista en 1913. Y como cereza del pastel después de haber encontrado obra inédita en el Museo Pushkin de Moscú, encontrar en el Hermitage dos pequeños grabados de Rivera que se utilizaron para ilustrar el libro de Ilyá Ehrenburg, de los años en que el pintor se encontraba en París viviendo con su esposa rusa Angelina Beloff.

Mejor no me puede cobijar este país ruso. Localizar parientes de Angelina Beloff, es todo un milagro. Y siguen los hallazgos. Un grabado de José Clemente Orozco y 135 grabados de artistas del Taller de Gráfica Popular entre los que se encuentra obra del michoacano Adolfo Mexiac, galardonado con el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Colima este pasado viernes 22 de junio de 2018.

Un dato muy curioso es que el cargo de director del Hermitage ha sido ocupado siempre por hombres. Sin embargo, la primera responsable del museo fue una mujer —la emperatriz Catalina la Grande—, que fue la impulsora del Pequeño Hermitage y el Gran Hermitage, el Teatro del Hermitage y que además desarrolló todo un increíble conjunto de edificios que ahora alberga el museo. La emperatriz también adquirió las obras de arte que más tarde se convirtieron en la asombrosa colección que podemos ver ahora.

Un caso verdaderamente insólito es que la selección de Inglaterra tuvo un día de descanso, y lo aprovechó para viajar a San Petersburgo. Los jugadores británicos recorrieron el museo del Hermitage y después, muchos de ellos compartieron sus impresiones sobre esta visita en las redes sociales, y también en la cuenta oficial de escuadra inglesa en Twitter.

Hecho digno de aplausos, pues en Inglaterra poseen museos de primer nivel como el internacionalmente famoso Museo Británico que expone las obras de la humanidad desde la prehistoria hasta la época moderna en todo el planeta. Destacan la piedra Rosetta, las esculturas del Partenón y las momias de la colección del Antiguo Egipto.

El Museo Victoria y Alberto celebra 3 mil años de arte y diseño con impresionantes artefactos de todo el mundo. Un verdadero tesoro oculto; nunca sabes qué puedes encontrar: muebles, pinturas, esculturas, orfebrería y artículos textiles. La Galería Moderna Tate, la Galería Nacional y, la lista sigue y sigue…

Otro museo que es parte de la identidad de San Petersburgo es el museo Fabergé que exhibe la colección más grande de orfebrería de Carl Fabergé, en la que se destacan las costosas joyas y huevos de Pascua imperiales. Los artículos más valiosos de la colección del museo Fabergé son los nueve huevos Imperiales de Pascua creados por Fabergé para los dos últimos emperadores rusos. Cada uno de ellos es una obra maestra de la joyería y el arte.

Hoy sábado juega México contra Corea, nos soy muy aficionada, salvo honrosas excepciones como esta ocasión, deseo con el corazón que gane ¡México!

blancagardunomx@gmail.com

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