La rebelión en la granja; la Revolución de los ceños fruncidos.

La política, como el oficio del alfarero, es el arte de convertir el lodo y arcilla en un artilugio que impresione y cause admiración, un objeto –a veces de estudio- que sea funcional para la sociedad, es el pasar del intangible de la nada al palpable todo, pero hasta en esto hay métodos, formas y fondos, existen equilibrios, pues sin la suficiente agua, no se construye más que una chingada.

Desde la columna anterior, donde hablaba de la reversa como un cambio y de los arrepentidos en el acto, a la fecha se ha rescrito el –aun no escrito- equivalente de manual de Carreño de la política, todas las reglas de etiqueta, urbanidad y buenas costumbres se pisotearon. El statu quo se quebrantó, se pasaron los límites y hemos recibido, a la mala, una lección para la neo-política mexicana. Un adelanto de lo que viene y a mi gusto seguirá.

Por un lado, el rebaño del pastor de Macuspana está trabucado por los bruscos y bravucones giros de timón en la futura república amorosa. Por otro, los que somos hijos de Plutarco ardemos en la efervescencia casual del relevo del caudill@. A su vez, los vástagos de Morín ahora tienen una trama más enredada que la segunda extensión de una novela del canal de las estrellas.

Sin temor a equivocarme, puedo asegurar que esta semana (en especial) la vida política del país está “patas pa’ arriba”.

Para rematar; los mexicanos -en su generalidad y con excepción en algunos maestros- tenemos “la amenaza volando” de 120 mil millones de dudas fundadas en la entera incertidumbre y cerca de 400 millones de razones “heredadas” para tener el ceño fruncido ante la incipiente e incansable farsa de la cuarta etapa.

Razones que tienen a México en una profunda etapa de reflexión al hervor, con todas sus fuerzas políticas clamando justicia y democracia, por líderes reales alejados del dedazo, por prácticas nuevas en un juego desgastado, por política que sirva, lejana a los políticos que se sirven.

Eso, mi lector, es la exigencia desatendida, es la promesa incumplida, es el sueño frustrado, es el pecado original de los caudillos y su descendencia.

Trucos de humo y espejos, de cámara y cartas, que engañan al ojo con el actuar del político ambidiestro, ese que consigue engañar a los bobos con la mano derecha, cuando la izquierda es la que mueve los hilos, o viceversa, al final, parece que todo es lo mismo.

Los más golpeados –en primera instancia- son los simpatizantes políticos, quienes, en la cruzada por una ideología o el esmero por una causa; exponen el cuello con los brazos bajos, personas que se arrojan de frente, invirtiendo sus años maravillosos en un proyecto político que se ve mermado por el interés particular que se impone al general.

Esto que plasmo va más allá de la coincidencia, pues, en la más reciente promesa política, Yedickol, carente de toda democracia y contra el clamor de sus militancias, a mano alzada y a contra chiflidos y protestas, se queda encargada hasta el 2019.

Gatopardismo, autoritarismo, amenazas, abuso, cinismo, consultas, comisiones de la verdad, rebelión, revolución, son términos que están cada vez más latentes en el argot político actual, como enemigos pujantes de un status quo que se planta pisoteando las voluntades de quienes los erigieron.

A usted, mi querido lector, le pregunto: ¿Qué pasa cuando esa política rebaza la línea de la ficción? ¿Qué ocurre cuando los cánones y paradigmas son rebasados por la enfermedad cinismo como consecuencia del poder? ¿Qué ocurre cuando la coherencia –como único elemento de continuidad- está rebasada por el oportunismo? ¿Que acontece cuando la ambición sobrepasa los principios?

Pasa lo lógico, cuando se olvida al hervor una olla exprés, solo hace falta que por el actuar de la ebullición se sofoquen las salidas para que la presión acumulada estalle con fuerza. La última válvula que se liberó fue la del primero de julio. Me atrevo a avizorar que las cosas no funcionan como deberían, pues -en todas las fuerzas políticas- se prometió más de lo que se tenía pensado cumplir.

Ficción sobre la coherencia, realidad explosiva. Este es el realismo mágico de la nueva política.

Se crearon falsas expectativas, se explotaron y luego vino el abandono; el caldo de cultivo perfecto para una reevolución para los que ahora tienen el ceño fruncido. Como dijo Andrés Manuel en un muy afamado spot: “Se pasan… son los mismos, fulanos y manganos… pero pronto, muy pronto, habrá una rebelión en la granja”.

Pd. También se vale aplaudir lo aplaudible, el apostar por la mejor intercomunicación y tránsito, así como por la conclusión de espacios de recreación y cultura urbana para las familias siempre será un inmenso acierto. Felicidades, Gobernador.

 

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