Un mujerujo en Educación.

¿Sabrá el Gobernador que un mujerujo medra en la Secretaría de Educación?

2015 fue un año de amargas experiencias para José Ignacio Peralta Sánchez, transcurrían los tiempos electorales y participaba como candidato a gobernador.

Como se recordará, el proceso estuvo rodeado de claroscuros, de intensidades prolongadas, por donde desfilaron acuerdos y negociaciones en los niveles más altos, y, también, en los niveles más profundos.

Fue un episodio electoral desgastante, colmado de traiciones entre actores políticos y grupos de poder, que agotaron sus recursos buscando resueltamente renovar su permanencia en los compenetrados calabozos del poder político colimense.

El Mujerujo, desde luego, no es un soplanucas cualquiera, ya que al jugar peligrosamente contra Nacho Peralta en la elección de 2015, despliega un perfil psicológico en el que centra sus decisiones en los principios de traición.

Por lo general, un traidor solo necesita una ocasión para serlo. Después, se le vuelve costumbre. La obsesión por el poder de un timorato puede arruinar las aspiraciones legítimas de cualquier contendiente, a pesar de todo el trabajo que haya tenido que realizar para lograrlo.

El Mujerujo de la Secretaría de Educación es titubeante, indeciso y acalambrado y un sujeto amorfo en ideología, que confundido en su físico, un cuerpo masculino con artos dotes y de andar femenino, solo despliega con su conducta: confusión, inseguridad y adocenamiento.

Que más allá de las limitaciones que pudiera tener en su apariencia física, lo que desgarra, rompe y confunde, es la corta capacidad de actuar, pues alguien que manifiesta su conducta, traicionando a la mano que le da de comer, es un pérfido espécimen con pies y manos que busca, bajo cualquier circunstancia, permanecer en el sitio, en donde anquilosadamente quiere estar.

Eso es Julio César Covarrubias Mora, mujerujo y traidor, que a pregunta expresa, me permitiría cuestionarle: ¿Cómo es que pretende borrar sus obscuros antecedentes de traidor? y ¿cómo es posible que los actos de traición de Julio César, a quien, por cierto, su nombre le queda muy grande, se mantengan resguardados como secretos de alcoba en el despacho de la Secretaría de Educación?

Sería trascendente investigar la posible participación del Mujerujo Covarrubias, en la preparación de los audios que marcaron pauta para que el Tribunal Federal Electoral anulara la elección a gobernador del estado en 2015.

Pues fue bien sabido que durante ese periodo, quien le compraba las ‘cocas’ y los ‘gansitos’ al Mujerujo Covarrubias era Rigoberto Salazar Velasco, quien, como Secretario de Desarrollo Social, se refería a él, como su “hombre” de confianza y un subyugado dúctil y acomodaticio. No hace falta escarbar mucho para dar cuenta de las facciosas y desleales mañas del soplanucas, mujerujo y traidor de Julio César. Quienes lo ubican, afirman que sus comportamientos psicopáticos obedecen a las ansiedades desatendidas como producto de su obsesión por el poder político, que no conforme con el membrete de asesor del anodino Jaime Flores Merlo, busca cuidadosamente adueñarse, ahora, de la oficina de Comunicación Social de la Secretaría de Educación.

 

POR ÚLTIMO

Ojalá que los aires de renovación en la Secretaría de Educación, con Nicolás Contreras al frente, coadyuven a mejorar el ambiente enrarecido de la dependencia.

Nico es un hombre querido por el pueblo colimense, una figura a quien el magisterio aprecia y respeta. El Gobernador daría un buen acierto al nombrarlo como Secretario de Educación, pues Nico, como hombre de estado que es, sabrá anteponerse airosamente a los embates que enfrente la comunidad educativa del estado.

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