Un Colima para heredar.

En esta periódica sucesión de letras en la que se acostumbra el análisis de la grilla de la farandulera política, cambiaremos un poco el espectro, pasando de la chismorrera vanal a uno de los temas que no podemos dejar pasar, puesto que realmente nos debe de importar.
Si México es tierra bendita, Colima es tierra santa; no solo por su gente buena de espíritu incansable y su tierra fértil, sino porque nuestro estado sin duda es –en ocasiones por coincidencia- puntero en los esfuerzos de preservar y conservar lo que nos da orgullo.
Lo anteriormente expuesto es una necesidad, más que una moda, puesto que nuestros ecosistemas han sufrido más daños en el siglo pasado inmediato que en los que le anteceden, esto como consecuencia de una conducta humana depredadora, trayendo cambios evidentes en nuestra forma y calidad de vida.
Derivado de ello, el mundo entero generó un acuerdo por la sustentabilidad global, un pacto general para seguir desarrollándonos de manera horizontal, un mecanismo donde es vital la apropiación institucional e individual, para desarrollarnos sin dejar a nadie atrás.
Anteriormente hacía mención a la coincidencia estatal en la participación, puesto que muchos colimenses, sin saberlo, ponen un granito para cumplir los indicadores que nos llevarán a un mundo mejor, desde lo personal hasta sus maneras de emprender, logran abonar el pequeño cambio que, en la suma de muchos, nos dará un Colima que heredar.
La política pública estatal no está alejada del pacto mundial, puesto que, desde el compromiso y participación del Ejecutivo estatal, hasta el mandato mismo a la estructura gubernamental, se van aplicando las acciones y fórmulas que garantizarán futuro bienestar.
Un caso y el motivo real de esta columna está enfocado en la política urbana, un ejemplo claro está en cómo combatimos nuestra “geometeorológica, urbana y poblacional” vulnerabilidad, de manera sistemática se han diseñado las ciudades con un fuerte enfoque de sustentabilidad, protección, resiliencia y adaptación.
Colima, por lo menos en la zona metropolitana, tiene hacia dónde crecer sin expandirse, la mayoría de su territorio –generalmente- cuenta con servicios estables, con calidad y accesibilidad. Conservamos, dentro del espectro general de visión urbana, una gama de colores olvidados por las metrópolis, y claro ejemplo es que contamos con la oportunidad de voltear al cielo y sentir la libertad.
Nuestro estado, en lo inmediato y en lo general, ha sido bien atendido en su desarrollo urbano, cambiando el enfoque estatal por el de una ciudad para ciudadanos, con obra que sirve más que para la fotografía, con espacios recuperados, con vías de comunicación, una política que, en lo general, lleva buen rumbo hacia donde queremos llegar.

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