Fantasía, humo y espejos: La caja china de la consulta

Cada que me dispongo a escribir sobre la vida política, reviso a detalle los titulares que construyeron la historia de la semana. Esto siempre me remite al icónico diálogo entre la Sra. Gump y Forrest donde comparan la vida con una caja de chocolates; al final nunca sabes cuál te tocará.

En esta ocasión –para variarle- fue un chocolate amargo, de esos que te recuerdan que el resto deberían ser dulces, pues, en esta vida contemporánea donde se habla de la verdad hasta en solemnes comisiones, la objetividad suele ser más multifacética de lo que nos podemos imaginar.

Dice el dicho popular que “la burra no era arisca… la hicieron”, y en estos tiempos de la pos-verdad, acostumbro observar todo a detalle, pues, aún desde la cómoda inconformidad, ya se puede hablar de una cuarta desfiguración de la realidad.

El tema ‘caliente’ donde enfoqué mi atención fue la consulta popular; democracia abierta que parece ser para el futuro gobierno la respuesta genérica ante cualquier tema de decisión trascendental. ¡Pareciera que se quieren eximir de gobernar!

Como dice la canción: “Aquí no hay novedad” por el furor por preguntar, pues a la fecha AMLO ya ha consultado sobre el horario de verano, el aumento al metro, el segundo piso del Viaducto y del Periférico, la permanencia en el cargo, y hasta por la reforma energética. Todas se limitaron al resultado al mediático, pero igual, vamos a seguir pagando todo lo preguntado.

En México entraremos en la era de las consultas, donde se pretende decidir sobre si continuar construyendo o tomar la otra opción, que si es viable un tren turístico o no, que si aceptamos el aborto y el matrimonio igualitario o no, y si le damos el sí a la marihuana o de plano no.

Por otro lado, según Olga Sánchez Cordero (OSC) (quien, en una ironía, fue la ministra que desechó las consultas de AMLO), nuestra senadora y futura secretaria de Gobernación, dice en esta moda se consultará hasta el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF).

A mi gusto, el querer consultarnos (con ambigüedades) todo al pueblo, definitivamente no es darnos poder, es jugarnos el dedo en la boca, ya que preguntar sin formalidad, es simular estar interesado en lo que ya tiene respuesta, es la maroma para evadir con legitimidad a la responsabilidad de gobernar.

Para ejemplificar cómo esta tendencia por preguntar no es más que jugar con el entendimiento de un pueblo golpeado y decepcionado, tomaré el caso hipotético de la consulta sobre el PEF.

Para explicarme mejor explico la obligación como la guía presupuestaria por donde ha de transitar el rumbo de nuestra nación, en ella se incluirán las necesidades presupuestarias para el correcto funcionamiento de nuestro país.

Cuestionarnos a los ciudadanos sobre lo anterior me hace plantearme tres preguntas: ¿Que no le pagamos a un montón de gente para que haga un buen trabajo presupuestario? Y si ¿la pregunta será sobre la viabilidad total presupuestaria o sobre alguna parte específica de la propuesta que sólo en el 2017 se integró por 17 tomos de números que, por su parte, contemplarán este año el gasto de los tres Poderes de la Unión, los organismos autónomos y la parte correspondiente a los estados y municipios?

Digo, me preocupa la ambigüedad de la barrabasada, ya que sólo la propuesta del Poder Ejecutivo se integra por lo requerido en 18 secretarías, 146 embajadas y consulados, 299 entidades administrativas donde se incluyen desconcentrados y paraestatales.

¿¡Cómo tomar una decisión consiente y preparada sobre a cuál obligación del Estado o a cuál de los 32 estados o a cuál de los más dos mil 470 municipios y alcaldías vamos a tener que recortar!? ¡Patrañas!

No mal entiendan, no quiero rebajar la trascendencia del tema en cuestión. Por el contrario, habrá que engrandecerlo, puesto que, aunque aquí parecen un acto circense, en el resto de las consultas mundiales, se ha logrado definir la historia entre el “sí o no”.

Los disparates como el que dijo la senadora, así como los propuestos durante la campaña; son juegos de manos de un gobierno engañabobos que busca la manera de escapar a la posibilidad de la desaprobación, bajo la premisa de que aún en el error, ¡el pueblo bueno siempre tendrá la razón!

Mi querido lector, para culminar esta entrega semanal, me despido de usted con una reflexión: en este juego demagógico de comunicación gobeliana, nos quieren hacer creer que formamos parte del acto principal, cuando realmente solo es la finta de interés por nuestra opinión.

Las decisiones están tomadas; ésta y otras cajas chinas les lavarán las manos como a Poncio Pilatos. Si todo sale bien, la 4ta. transformación se lleva la palomita, pero en caso contrario, la culpa la tendremos usted y yo por equivocarnos. ¡Al cabo sólo será un sexenio!

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